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Ángelus del domingo, 17 de septiembre de 2017

 

(ZENIT- Ciudad del Vaticano 17 de septiembre de 2017). – “Quien ha tenido la experiencia de la alegría, de la paz y de la libertad interior que viene del hecho de ser perdonado puede abrirse a la posibilidad de perdonar también”: el Papa Francisco ha consagrado su alocución antes del ángelus de este domingo 17 de septiembre de 2017, en la plaza San Pedro al evangelio del perdón de este domingo.

“Siempre debes perdonar”, explica el Papa señalando que Dios perdona siempre. Concluye :” Que la Virgen María nos ayude a ser siempre más conscientes de la gratuidad y de la grandeza del perdón recibido de Dios, para ser misericordiosos como él, Padre bueno, lento a la cólera y grande en amor”.

Esta es nuestra traducción de las palabras del Papa antes y después del ángelus, que ha presidido en presencia de unos 30.000 visitantes.

 

Palabras del Papa Francisco antes del ángelus

Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

El pasaje del evangelio de este domingo (Cf. Mt 18,21-25) nos ofrece una enseñanza sobre el perdón, que no niega el mal hecho, pero reconoce que el ser humano, creado a imagen de Dios, es siempre más grande que el mal que comete.

San Pedro le pregunta a Jesús: “Si mi hermano comete faltas contra mí, cuantas veces debería perdonar?. Hasta siete veces?” (v. 21). A Pedro le parece mucho perdonar siete veces a una misma persona; y a nosotros nos puede parecer mucho hacerlo dos veces. Pero Jesús responde: “No te digo siete veces, sino hasta 70 veces siete” (v. 22), lo que quiere decir siempre: tu debes perdonar siempre.

Y lo confirma contando la parábola del rey misericordioso y del servidor sin piedad, en la cual muestra la incoherencia de aquel que había sido perdonado primero y rechaza el perdonar.

El rey de la parábola es un hombre generoso que, tiene compasión perdona una deuda enorme-“diez mil talentos” enorme- a un servidor que le suplica. Pero ese mismo servidor, cuando encuentra a otro servidor como él que le debe cien denarios-es decir, mucho menos, se comporta sin piedad, haciéndole meter en prisión. El comportamiento incoherente de este siervo es también el nuestro cuando rechazamos el perdón a nuestros hermanos. Mientras que el rey de la parábola es la imagen de Dios que nos ama con un amor rico en misericordia que nos acoge, nos: ama y nos perdona continuamente.

Desde nuestro bautismo, Dios nos ha perdonado, y nos perdona una deuda insolvente: el pecado original. Entonces con misericordia ilimitada, Él nos perdona todas las faltas tan pronto como mostramos solo un pequeño signo de arrepentimiento. Dios es así: misericordioso.

Cuando estamos tentados a cerrar nuestros corazones a los que nos han ofendido y ofrecemos excusas, recordemos las palabras del Padre Celestial al siervo despiadado: “Te he perdonado esta deuda porque me lo has pedido. No deberías tener tú también piedad de tu compañero, como yo la he tenido de ti?”(vs. 32-33). Quien ha tenido la experiencia de la alegría, de la paz y de la libertad interior que viene del hecho de haber sido perdonado puede abrirse a la posibilidad de perdonar él también.

En la oración del Padre Nuestro, Jesús ha querido la misma enseñanza que la de esta parábola. Ha puesto en relación directa el perdón que pedimos a Dios con el perdón que debemos conceder a nuestros hermanos: “perdonemos nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mt 6,12). El perdón de Dios es el signo de su amor desbordante para cada uno de nosotros; es el amor el que nos deja libres de alejarnos, como el hijo pródigo, pero que espera cada día nuestro retorno; es el amor cuidadoso del pastor por la oveja perdida; es la ternura que acoge a todo pecador que llama a su puerta. El Padre celestial-nuestro Padre – está lleno, lleno, de amor y nos lo quiere ofrecer, pero no puede hacerlo si cerramos nuestro corazón al amor de los otros.

Que la Virgen María nos ayude a ser más conscientes cada día de la gratuidad y de la grandeza del perdón recibido de Dios, para ser misericordiosos como él, Padre bueno, lento a la cólera y grande en amor.

 

Después del ángelus

Queridos hermanos y hermanas, Os saludo a cada uno de vosotros con afecto, Romanos y peregrinos venidos de diferentes países: familias, grupos parroquiales, asociaciones.

Saludo a los fieles de La Plata (Argentina), a los oficiales de la Escuela militar de Colombia y a los catequistas de Rho.

Saludo a los participantes de la carrera a pie Vía Pacis, que ha pasado por los lugares de culto de diferentes confesiones religiosas presentes en Roma. Deseo que esta iniciativa cultural y deportiva pueda favorecer el diálogo, la convivencia y la paz.

Saludo a los numerosos jóvenes venidos de Loreto acompañados por hermanos capuchinos, que han comenzado hoy una jornada de reflexión y de meditación: nos aportáis el “perfume” del santuario de la Santa Casa, gracias!.

Saludo también a los voluntarios Pro Loco y a los caminantes que comienzan hoy el relevo de Asís. Buena ruta!

Os deseo a todos un buen domingo. Y por favor, no os olvidéis de orar por mi. Buena suerte y adiós!.

© Traducción de ZENIT

 
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Catequesis del Papa

Ciudad del Vaticano, 13 de septiembre de 2017

 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Como ustedes saben en los días pasados he realizado el viaje apostólico a Colombia. (Aplausos) ¡Hay aquí algunos colombianos! Con todo el corazón agradezco al Señor por este gran don; y deseo renovar la expresión de mi reconocimiento al señor presidente de la República, que me ha recibido con mucha cortesía, a los obispos colombianos que han trabajado mucho para preparar esta visita, como también a todas las autoridades del país, y a todos aquellos que han colaborado en la realización de esta Visita. ¡Y un agradecimiento especial al pueblo colombiano que me ha recibido con mucho afecto y mucha alegría!

Un pueblo gozoso en medio de tantos sufrimientos, pero gozoso; un pueblo con esperanza. Una de las cosas que más me ha impresionado en todas las ciudades, la multitud y entre la muchedumbre, los papás y las mamás con los niños, que levantaban a los niños para que el Papa los bendijera, pero también con orgullo hacían ver a sus niños como diciendo: “Esto es nuestro orgullo, esta es nuestra esperanza”. Yo he pensado: un pueblo capaz de hacer niños y capaz de hacerlos ver con orgullo, con esperanza: este pueblo tiene futuro. Y me ha gustado mucho.

De modo particular en este viaje he sentido la continuidad con los dos Papas que antes de mí han visitado Colombia: el Beato Pablo VI, en 1968, y San Pablo II, en 1986. Una continuidad fuertemente animada por el Espíritu, que guía los pasos del pueblo de Dios en los caminos de la historia.

El lema del Viaje era ‘Demos el primer paso’, es decir, realicemos el primer paso, referido al proceso de reconciliación que Colombia está viviendo para salir de medio siglo, de medio siglo de conflicto interno, que ha sembrado sufrimiento y enemistad, causando tantas heridas, difíciles de cicatrizar. Pero con la ayuda de Dios el camino ya está ya iniciado. Con mi visita he querido bendecir el esfuerzo de este pueblo, confirmarlo en la fe y en la esperanza, y recibir su testimonio, que es una riqueza para mi ministerio y para toda la Iglesia. El testimonio de este pueblo es una riqueza para toda la Iglesia.

Colombia, como la mayor parte de los países latinoamericanos, es un país en el cual son fortísimas las raíces cristianas. Y si este hecho hace todavía más agudo el dolor por la tragedia de la guerra que lo ha lacerado, al mismo tiempo constituye la garantía de la paz, el sólido fundamento de su reconstrucción, la linfa de su invencible esperanza.

Es evidente que el Maligno ha querido dividir al pueblo para destruir la obra de Dios, pero es también evidente que el amor de Cristo, su infinita Misericordia es más fuerte que el pecado y que la muerte.

Este Viaje ha permitido llevar la bendición de Cristo, la bendición de la Iglesia sobre el deseo de vida y de paz que rebosa del corazón de esta Nación: lo he podido ver en los ojos de los miles y miles de niños, jóvenes y muchachos que han llenado la Plaza de Bogotá y que he encontrado por todas partes; esa fuerza de vida que también la naturaleza misma proclama con su exuberancia y su biodiversidad. ¡Colombia es el segundo país en el mundo por biodiversidad!

En Bogotá he podido encontrar a todos los obispos del país y también al Comité Directivo de¡ Consejo Episcopal Latinoamericano. Agradezco a Dios por haberlos podido abrazar y por haberles dado mi aliento pastoral, por su misión al servicio de la Iglesia sacramento de Cristo nuestra paz y nuestra esperanza.

La jornada dedicada de modo particular al tema de la reconciliación, y el momento culminante de todo el viaje ha sido en Villavicencio. En la mañana se realizó la gran celebración eucarística, con la beatificación de los mártires Jesús Jaramillo Monsalve, obispo, y Pedro María Ramírez Ramos, sacerdote; por la tarde, la especial Liturgia de Reconciliación, simbólicamente orientada hacia el Cristo de Bojayá, sin brazos y sin piernas, mutilado como su pueblo.

La beatificación de los dos mártires ha recordado plásticamente que la paz se funda también, y sobre todo, en la sangre de tantos testigos del amor, de la verdad, de la justicia, y también de verdaderos y propios mártires, asesinados por la fe, como los dos apenas citados. Escuchar sus biografías ha sido conmovedor hasta las lágrimas: lágrimas de dolor y de alegría juntas. Ante sus reliquias y sus rostros, el santo pueblo fiel de Dios ha sentido fuerte su propia identidad, con dolor, pensando a las muchas, demasiadas víctimas y con alegría, por la misericordia de Dios que se extiende sobre quienes lo temen.

«Misericordia y verdad se encontraran, justicia y paz se besaran» (Sal 85,11), que hemos escuchado al inicio. Este versículo del salmo contiene la profecía de lo que ha sucedido el viernes pasado en Colombia; la profecía y la gracia de Dios para este pueblo herido, para que pueda resurgir y caminar en una vida nueva.

Estas palabras proféticas llenas de gracia las hemos visto encarnadas en la historia de los testimonios, que han hablado en nombre de tantos y tantos que, a partir de sus heridas, con la gracia de Cristo han salido de sí mismos y se han abierto al encuentro, al perdón, a la reconciliación.

En Medellín la perspectiva ha sido la de la vida cristiana como discipulado: la vocación y la misión. Cuando los cristianos se empeñan completamente en el camino del seguimiento de Jesucristo, se vuelven verdaderamente sal, luz y levadura en el mundo, y los frutos son abundantes.

Uno de estos frutos son los ‘Hogares’, es decir, las Casas donde los niños y los jóvenes heridos por la vida pueden encontrar una nueva familia donde son amados, acogidos, protegidos y acompañados. Y otros frutos, abundantes como racimos, son las vocaciones para la vida sacerdotal y consagrada, que he podido bendecir y animar con alegría en un inolvidable encuentro con los consagrados y sus familiares.

Y finalmente, en Cartagena, la ciudad de San Pedro Claver, apóstol de los esclavos, el ‘focus’ ha ido a la promoción de la persona humana y de sus derechos fundamentales. San Pedro Claver, como también recientemente Santa María Bernarda Bütler, han dado la vida por los más pobres y marginados, y así han mostrado la vía de la verdadera revolución, aquella evangélica, no ideológica, que libera verdaderamente a las personas y las sociedades de las esclavitudes de ayer y, lamentablemente también de hoy. En este sentido, “dar el primer paso”,el lema del Viaje, dar el p rimer paso significa acercarse, inclinarse, tocar la carne del hermano herido y abandonado. Y hacerlo con Cristo, el Señor hecho esclavo por nosotros. Gracias a Él hay esperanza, porque Él es la misericordia y la paz.

Confío nuevamente a Colombia y a su amado pueblo a la Madre, Nuestra Señora de Chiquinquirá, que he podido venerar en la catedral de Bogotá. Con la ayuda de María, todo colombiano pueda dar cada día el primer paso hacia el hermano y la hermana, y así construir juntos, día a día, la paz en el amor, en la justicia y en la verdad. Gracias.

 

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Papa Francisco:

“La moral es una consecuencia

del encuentro con Jesucristo”

La moralidad no es “puedes, no puedes” o “debes, no debes”, dice el papa Francisco. En un libro de entrevista con el investigador francés Dominique Wolton, confía que la “rigidez” le hace “temer” y espera que los pastores no reduzcan su predicación a la moral “bajo el cinturón”.

La revista francesa “Le Fígaro” del 1 de septiembre de 2017 publica extractos del libro “Papa Francisco: encuentros con Dominique Wolton: política y sociedad” (Editions de L’Observatoire), cuya publicación está programada para el 6 de septiembre.

Durante una docena de reuniones privadas en el Vaticano, el Papa abordó la cuestión de la “moralidad” con el sociólogo: no se puede enseñar la moral, subrayó, “con preceptos como `tú no puede hacer eso, tienes que hacer eso, tienes que, no debes, puedes, no puedes´”.

“La moral es una consecuencia del encuentro con Jesucristo”, explicó. “Es una consecuencia de la fe, para nosotros los católicos. Y para otros, la moral es consecuencia del encuentro con un ideal, o con Dios, o con uno mismo, pero con la mejor parte de uno mismo. La moral es siempre una consecuencia”.

 

La reducción a la moral “bajo el cinturón”

El Papa advierte a los predicadores contra el “gran peligro” de “no sólo condenar la moralidad –pido perdón– `bajo del cinturón´”. “Pero los otros pecados, que son los más graves, el odio, la envidia, el orgullo, la vanidad, matan al otro, quitan la vida… no se habla tanto de eso”, observó.

Sobre la cuestión de la comunión con los divorciados, el Papa impugna las normas “fijas” y “fijas”. Le da a los pastores este consejo: “Hablad con los divorciados, hablad con los divorciados, recibid, acompañad, integrad, discernid!”.

Apunta con el dedo la “tentación de la Iglesia” de pronunciarse en términos de “no pueden hacer esto, eso”: “¡No, no, no! Este tipo de prohibición es lo que encontramos en el drama de Jesús con los fariseos. ¡El mismo! Los grandes de la Iglesia son aquellos que tienen una visión que va más allá, aquellos que comprenden”.

Guiado por esta preocupación por el discernimiento y el perdón, el Papa decidió extender el poder de absolver el pecado del aborto a todos los sacerdotes durante el Jubileo de la Misericordia. Una medida que ahora es permanente. “Una mujer que tiene una memoria física del niño, porque a menudo es el caso, y que llora, que ha estado llorando durante años sin tener el valor de ir a ver al sacerdote … ¿te das cuenta de cuantas personas están respirando por fin?” Insiste.

“Detrás de toda rigidez, –advierte el Papa– hay una incapacidad para comunicarse… es una forma de fundamentalismo. Cuando me encuentro con una persona rígida, especialmente con un joven, inmediatamente me digo que está enfermo… Tengo miedo de la rigidez. Prefiero un joven desordenado, con problemas normales, que se enoja… porque todas estas contradicciones le ayudarán a crecer”.

 
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Audiencia General del miércoles
30 de agosto, 2017

‘Recordemos el primer encuentro con Jesús’

 

(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 30 Ago. 2017).- En la audiencia de este miércoles, ya en la plaza de San Pedro, a continuación de las realizadas en agosto en el Aula Pablo VI, el papa Francisco entró en el papamóvil, encontrando a unas 20 mil personas que le esperaban con cantos, coreando o agitando banderas y pañuelos.

El Santo Padre dedicó casi 20 minutos a saludar a los fieles y peregrinos, haciendo detener el vehículo para saludar y bendecir a niños y ancianos. Incluso hizo subir a un niño en el jeep blanco para que le acompañara durante el recorrido.

El sucesor de Pedro en sus palabras en español recordó que “en la catequesis de hoy reflexionamos sobre la relación entre la esperanza y la memoria de la vocación”.

Y precisó que “los primeros discípulos de Jesús recordaban de forma nítida el momento de su llamada. Juan y Andrés escucharon cómo su maestro Juan el Bautista decía de Jesús: «Ese es el Cordero de Dios»”.

Indicó así que “esta fue la chispa que dio comienzo a su historia de seguimiento. Ellos iniciaron a estar con él y muy pronto se transformaron en misioneros, haciendo que sus hermanos Simón y Santiago también siguieran a Jesús”.

El Pontífice entonces se interrogó: “Nosotros, ¿cómo podemos descubrir nuestra vocación? Se puede hallar de muchas formas, pero toda vocación, ya sea al matrimonio, al sacerdocio o a la vida consagrada, comienza con un encuentro personal con Jesús, que nos llena de inmensa alegría”.

Precisó entretanto que “el Señor no quiere que lo sigamos sin ganas, sino con el corazón lleno de gozo, y esa felicidad de estar con él es la que evangeliza el mundo”. Porque “el cristiano, como la Virgen María, conserva en su corazón la llama del primer encuentro con el Señor, y ante las pruebas de la vida vuelve a ese sagrado fuego, que lo conforta y que fue encendido una vez para siempre”.

El resumen de la catequesis en español terminó con las siguientes palabras: “Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular los grupos provenientes de España y Latinoamérica”.

“Los animo -concluyó el Papa- a que se acuerden de ese primer encuentro con Jesús en sus vidas, para que puedan reavivar ese fuego de amor, que los invita a seguirle con alegría y que es llama de esperanza. Muchas gracias

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 “La esperanza cristiana nos asegura que Dios es padre”

(ZENIT – Ciudad del Vaticano, 23 Ago. 2017).- El santo padre Francisco realizó este miércoles, 23 de agosto de 2017, en el Vaticano una nueva audiencia, en la que prosiguió con las catequesis sobre la esperanza cristiana, recordando que esta debe llevar al cristiano a ser “más de primavera que de otoño”, a pesar de las noticias malas que llegan, como desde Barcelona con los atentados o desde el Congo con la guerra civil.

El Papa entró en el Aula Pablo VI donde las aproximadamente seis mil personas que le esperaban le recibieron con gran entusiasmo. El Pontífice dedicó más de quince minutos para saludar a las personas, bendecir a los ancianos y niños que se encontraban allí.

“En la catequesis de hoy hemos considerado cómo la esperanza cristiana está abierta a la novedad más grande, porque está abierta a Dios que sabe crear siempre cosas nuevas y sorprendentes en nuestra vida y en la historia”, dijo el Papa en español, durante el resumen de la 31ª catequesis sobre la esperanza que se realiza en los diversos idiomas.

“La Biblia nos muestra -precisó el sucesor de Pedro- que el camino del creyente tiene una meta y un sentido. Es la Jerusalén del Cielo, donde Dios nos espera lleno de ternura para enjugar nuestras lágrimas y darnos descanso en nuestras luchas y fatigas”.

Y señalando “tanto sufrimiento en el mundo, a tantos niños que sufren por la guerra, al llanto de las madres, a los sueños rotos de tantos jóvenes, a las penurias de tantos refugiados”, el Papa aseveró que “la esperanza cristiana nos asegura que tenemos un Padre que llora y se apiada de sus hijos, que nos espera para consolarnos, porque conoce nuestros sufrimientos y ha preparado para nosotros un futuro distinto”.

En esta audiencia el Pontífice señaló que “la esperanza nos lleva a creer con firmeza que la muerte y el odio no tienen la última palabra sobre la vida humana. Que el mal al final será eliminado como la cizaña del campo. Y, sobre todo, nos da a Jesucristo que nos acompaña y consuela en nuestro camino”.

El Papa concluyó el resumen en español de esta audiencia semanal, saludando cordialmente a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América Latina, y felicitó al Coro de la Universidad de Salamanca por su actuación al terminar la catequesis en español.

“Por intercesión de santa Rosa de Lima, cuya fiesta celebramos hoy, pidamos a la Virgen María que aun en medio de las dificultades y oscuridades de la vida mantengamos encendida la luz de la esperanza, la certeza de que Dios es nuestro Padre y nunca nos abandona”.

 

 

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20 de agosto de 2017

del papa Francisco

 

“Debemos continuar gritando como esta mujer: “Señor, ayúdame!”

ZENIT-Ciudad del Vaticano, 20 de agosto de 2017). –   “Debemos continuar gritando como esta mujer: “Señor, ayúdame!”: Así, con perseverancia y valor. Este es el coraje que hay que tener en la oración”: el Papa Francisco ha exhortado a orar sin desanimarse, con fe, antes del ángelus de este domingo 20 de agosto de 2017.

 

Antes del ángelus

Queridos hermanos y hermanas, buenos días!.

El evangelio de hoy

(Mt 15, 21-28),

nos presenta un ejemplo sorprendente de fe en el encuentro de Jesús con una mujer cananea, una extranjera en relación a los judíos.

La escena se desarrolla cuando caminaba hacia las ciudades de Tiro y de Sidón, al noroeste de Galilea: cuando la mujer sale a su encuentro e implora a Jesús que cure a su hija que “está muy atormentada por un demonio” (v. 22).

En un primer momento, el Señor parece no escuchar el grito de dolor, hasta el punto de suscitar la intervención de los discípulos que interceden por ella.

La despreocupación aparente de Jesús no desanima a esta madre, sino que insiste en llamarlo. La fuerza interior de esta mujer, que le permite superar todo obstáculo, está en buscar en su

amor materno y en la confianza

de que Jesús puede escuchar su petición. Podemos decir que este es el amor que construye la fe y la fe, por su parte se convierte en la recompensa del amor.

Su amor doloroso por su hija la conduce “a gritar: Ten piedad de mí, Señor, hijo de David!” (v. 22). Es su fe perseverante en Jesús la que le permite no desanimarse incluso a su rechazo inicial. Así, la mujer “se prosterna delante de él diciendo: “Señor, ayúdame!” (v. 25).

Finalmente, delante de tanta perseverancia, Jesús se llena de admiración, casi estupefacto, por la fe de una mujer pagana. Por lo tanto en consecuencia le dice: “Mujer, grande es tu fe! Que se haga según tu deseo. Y a partir de ese momento su hija fue curada” (v. 28).

Esta mujer humilde es presentada por Jesús como un ejemplo de fe inquebrantable. Su insistencia en invocar la intervención de Cristo es para nosotros un estímulo a no desanimarnos cuando estamos oprimidos por las duras pruebas de la vida.

El Señor no nos da la espalda ante nuestras adversidades, y, si a veces parece insensible a las peticiones de ayuda, es para poner nuestra fe a prueba y fortalecerla. Debemos continuar gritando como esta mujer: ”Señor, ayúdame! Señor, ayúdame!”. Así, con perseverancia y valentía. Esta es la valentía que hay que tener en la oración.

Este episodio evangélico nos ayuda a comprender que todos tenemos necesidad de crecer en la fe y de fortalecer nuestra confianza en Jesús.

Él puede ayudarnos a encontrar el camino, cuando hemos perdido la brújula de nuestro camino, cuando la vida no aparece llana sino áspera y dura; cuando es doloroso ser fieles a nuestros compromisos.

Es importante alimentar nuestra fe cada día con la escucha atenta de la Palabra de Dios, con la celebración de los sacramentos, con la oración personal como un “grito” hacia Él, y con actitudes concretas de caridad hacia el prójimo.

Confiémonos al Espíritu Santo para que nos ayude a perseverar en la fe. El Espíritu infunde la gracia en el corazón de los creyentes, da a nuestra vida y a nuestro testimonio cristiano la fuerza de convicción y de la persuasión. Nos anima a vencer la incredulidad hacia Dios y la indiferencia hacia nuestros hermanos.

Que la Virgen María nos haga siempre más conscientes de nuestra necesidad del Señor y de su Espíritu; que ella nos obtenga una fe fuerte, llena de amor, y un amor que se hace súplica valiente hacia Dios.

Angelus Domini….

Después del ángelus

Queridos hermanos y hermanas, llevamos en nuestro corazón el dolor de los atentados terroristas que han causado numerosas víctimas en los últimos días en Burkina Faso, en España y en Finlandia. Oremos por los difuntos, por los heridos y por sus familias. Y supliquemos al Señor, Dios de misericordia y de paz, liberar al mundo de esta violencia inhumana.

Os saludo cordialmente, queridos peregrinos italianos y de diferentes países. Saludo en particular a los miembros de la asociación francesa “Rodemos por la esperanza”, venidos en bicicleta de Besanson; a los nuevos seminaristas y a los superiores del Colegio norteamericano de Roma; a los niños del coro de Rivoltella (Brescia) y a los jóvenes chicos y chicas de Zevio (Verona).

Os deseo a todos un buen domingo. Por favor, no os olvidéis de orar por mí. ¡Buen almuerzo y adiós!.

© Traducción de Zenit