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Para Meditar
La meditación hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo. Esta movilización es necesaria para profundizar en las convicciones de fe, suscitar la conversión del corazón y fortalecer la voluntad de seguir a Cristo.
Catecismo de la Iglesia Católica 2708

¿Qué se logra en la oración?

Lejos de intentar desarrollar aquí un tratado docente o pedagógico del asunto; lo que quiero contarles hoy es algo más personal, una parte de mi propia vida que ha girado en torno a la oración (no exclusivamente mía).   Si existe una lectura del evangelio con la que me puedo identificar absolutamente. Es el capítulo 2 de San Marcos, cuando nos habla de un paralítico al que llevan en camilla entre cuatro amigos con el único objetivo de ponerlo frente a Jesús. Leemos en la historia que había tanta gente en la casa que ni siquiera quedaba sitio frente a la puerta. Pero estos amigos no pensaron “bueno, volveremos en un tiempo más oportuno” o “esperemos afuera a ver si Jesús sale al encuentro”. Nada de esto, ellos estaban empeñados en lograr su cometido. Con suspicacia y gran voluntad, “al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico.”
 
  ¿Quién es el que consigue mover el corazón de Jesús?  
El paralítico no hizo mas que dejar hacer. Al Señor lo mueve ver la fe de estos hombres, el cariño que le tienen a su amigo. “Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: “Hijo, tus pecados te son perdonados”. Con esto el Señor le había liberado del mayor de sus males, del dolor que más le pesaba; de todas esas cosas bajas y poco nobles que el pobre inválido no se atrevería ni a comentar. Muchos de los ahí presentes, con pocas luces y malas intenciones pensaban para sí: “¿Quién es este? Solo Dios puede perdonar los pecados. Sus disposiciones internas no les permitían ver el gran milagro que se estaba realizando en el alma de aquel hombre… Jesús les reprende: “¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o levántate, toma tu camilla y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico. A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.”
 
  Detrás de las historias  
Esta es la oración y así se obran los milagros. Muchas veces pedimos algo muy concreto y vemos que Dios no nos responde como teníamos previsto. Este es el momento para pedir al Señor luces que nos ayuden a ver; como el telescopio con el que alcanzamos a ver las estrellas y los planetas que están a millones de kilómetros de distancia. Lo que estamos recibiendo en ese momento va mucho más allá de nuestra más loca imaginación. Es más grande, más importante. Es algo que supera nuestra propia capacidad de pedir… Lo primero que se logra en la oración es estar más cerca de Dios. Y no de cualquier dios; sino  de un Hombre de carne y hueso que es tan Dios como Hombre, que siente como yo y se duele con las mismas cosas que me afligen. Alguien que con el trato diario puede llegar a ser mi Amigo; un Dios que no se sirve de sus criaturas sino que viene a servir. ¿Puede existir algo más loco y más grande que esto?
 
  Un paso más hacia Dios  
Y el paralítico se levantó –continua el evangelio- “y al instante, tomando su camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: Jamás vimos cosa parecida.” Esta es la oración que nos aconseja el Papa Francisco cuando apunta que hemos de ser insistentes y perseverar en la oración.   “La oración –asegura el Papa- no es una ‘varita mágica’ para resolver problemas, sino un modo de acercarnos a Dios.” Y nos anima a que seamos insistentes, así como en la parábola de la viuda cuando ruega al juez que le haga justicia, o los amigos del paralitico que no se satisfacen con las circunstancias negativas y la muchedumbre que encuentran en su camino. ”Con Dios hay que hacer lo mismo; ser insistentes y perseverar en la oración, porque El nos escucha siempre.”   Este es mi evangelio: La paralítica soy yo hace casi seis años cuando me ingresaban a Stanford Hospital para esperar por un donante de corazón, pulmones y riñón. Los camilleros son mi gran familia y los miles de amigos –conocidos y por conocer– que de rodillas pidieron por mí incesantemente; sin pausa, si dar el caso por perdido, subiéndose al techo y arrancando las tejas con sus propias manos, hasta lograr descolgarme a los pies de Jesús para que Él terminase de perfeccionar el gran milagro que había comenzado a obrar desde el momento mismo que nací, cuando los médicos no me daban más de tres días de vida.  
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¿Cuál es y cómo se comete el pecado contra el Espíritu Santo?

Al cometer este pecado Dios no perdona, no porque Él no quiera, sino porque la persona no le deja.   Es Mateo (12,31-32) quien menciona un pecado “que no será perdonado”, y aclara que es “la blasfemia contra el Espíritu Santo”. Mucho se ha especulado sobre esto, es por eso que vamos a analizar de qué se trata.  

  1. ¿EN QUÉ CONSISTE ESTE PECADO?
El texto bíblico dice que es

“blasfemar contra el Espíritu Santo”, ahora bien, la blasfemia no es solamente con palabras, sino también y sobre todo con hechos. ¿Quién blasfema?

Quien no se siente necesitado de Dios, quien no se siente pecador o se cree sin pecado, quien se cierra al llamado de Dios a la conversión, quien endurece el corazón a tal punto que a la persona no le interesa Dios.
Es pecado el endurecer el corazón y decirle, p.e., a Dios:

‘No me interesas; estoy bien sin ti; no te necesito’. Es pecado considerar que Dios no puede perdonar, o negar el perdón de Dios en la confesión. En conclusión, es el pecado por el que el hombre se niega libre y conscientemente al perdón y la misericordia de Dios. ¿Por qué es tan grave este pecado? Sencillo, porque ante esta circunstancia, ¿qué puede hacer Dios? NADA; tan solo dejar que la persona muera en su pecado. Allí Dios no puede actuar, Dios no tiene nada qué hacer, no tiene nada qué perdonar, no perdona nada, no porque Él no quiera, sino porque la persona no le deja. Como dirá Proverbios: “El que oculta sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta de ellos alcanzará misericordia”(Proverbios 28, 13)”.

 
2. ¿CÓMO SE COMETE ESTE PECADO?

Existen dos maneras principales en las que se comete este pecado:  

  • Conciencia Escrupulosa: La conciencia escrupulosa es la que exagera la proporción del pecado y su efecto en su alma, la persona que posee este tipo de conciencia se considera incapaz e indigno de recibir la Misericordia de Dios. Se cierra a la gracia y no se arrepiente, pues considera que todo está perdido, que será en vano todo esfuerzo por mejorar, pues ya está condenado, mira su pecado como superior a la Misericordia de Dios.

  Es necesario distinguir entre remordimiento y arrepentimiento: el remordimiento es el sentimiento y acusación que pone el enemigo en el corazón, haciendo creer que el pecado es imperdonable y que Dios no lo olvidará nunca. Esto es una calumnia al amor de Dios y una soberbia enorme, considerar a Dios un ser despiadado y vengativo. La persona que tiene este tipo de conciencia deja de confesarse, deja de orar, y se obstina en el pecado. Vive con tristeza y desesperanza. Si reuniéramos todos los pecados del pasado, del presente y del futuro son una gota en comparación del mar de la Misericordia de Dios. Solución:

Reconoce la Misericordia de Dios en tu vida, el Señor te ama y perdona tus pecados si tú te arrepientes de corazón. No hay pecado que Dios no perdone. Isaías 43, 25: “Soy yo quien tenía que borrar tus faltas y no acordarme más de tus pecados” y Romanos 5, 20.

 

  • Conciencia Laxa: Es el otro extremo, es considerar que la Misericordia de Dios es tan grande, que no necesitamos arrepentirnos de nuestros pecados ni de la conversión, pues Dios es un alcahuete que perdonará sin arrepentimiento.

  La persona laxa tiene como lema errar es humano; vive convencida de que es demasiado débil para resistirse al pecado, y tiende a quitarle toda importancia”. Es necesario recordar que Dios es Amor, pero también es justicia y es imposible que su Misericordia nos abrace si no la buscamos.

En la persona con conciencia Laxa no existe dolor por haber ofendido a Dios, y se aprovecha del argumento de que Dios sabe y conoce la debilidad humana.

El Laxo de conciencia no busca la confesión, se obstina en su pecado y vive un Cristianismo mediocre. En este grupo de personas están los que creen que son buenos porque no se meten con nadie, que tienen pocos pecados o que se confiesan únicamente con Dios sin necesidad de un Sacerdote. El Espíritu Santo se ve rechazado y anulado por esta autosuficiencia y abuso de la Misericordia de Dios. O también está el que juega con el Sacramento, diciendo peco sin problema porque mañana me confieso. Solución:

Reconocer y arrepentirse de corazón por los pecados, hacer un buen examen de conciencia, confesarse Sacramentalmente, tener propósito de enmienda y de no volver a caer en el pecado. Y hacerlo cada vez que pequemos. Permitiendo que el Espíritu Santo entre y obre en el corazón.

 

  1. CONCLUSIÓN

Es necesario que comprendamos que el pecado contra el Espíritu Santo no puede ser perdonado porque el Pecador no se arrepiente, no porque Dios no lo quiera perdonar. Por eso ábrete a la acción de la gracia del Espíritu Santo, lucha por tu conversión y confía en su Misericordia que es infinita y eterna.  

 

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