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Para Meditar
La meditación hace intervenir al pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo. Esta movilización es necesaria para profundizar en las convicciones de fe, suscitar la conversión del corazón y fortalecer la voluntad de seguir a Cristo.
Catecismo de la Iglesia Católica 2708

 

Amor a Dios

El que ama, corre, vuela y goza

  1. Amor a Dios
    1.1. Amar a Dios con todo el corazón

¡Qué dulces y llenas de amor son las obras de Dios en nosotros! Si alguno pudiera conocerlas, se encendería tal fuego de amor en su corazón que, si pudiese extenderse y realizar su obra como lo hace el fuego material, en un instante consumiría todo lo que puede arder. Hablo así viendo la vehemencia inexplicable del divino amor (SANTA CATALINA DE GÉNOVA, Le libre arbitre, en «Études Carmelitaines», 1959).

En resumen: amar significa viajar, correr hacia el objeto amado. Dice la Imitación de Cristo: el que ama «currit, volat, laetatur», corre, vuela, goza (III, 5, 4). Así pues, amar a Dios es un viajar con el corazón hacia Dios. Viaje bellísimo. Cuando era muchacho me entusiasmaban los viajes descritos por Julio Verne […]. Pero los viajes del amor de Dios son mucho más interesantes (JUAN PABLO I, Aud. gen. 27-9-1978).

El viaje comporta a veces sacrificios. Pero éstos no nos deben detener. Jesús está en la cruz, ¿lo quieres besar? No puedes por menos de inclinarte hacia la cruz y dejar que te puncen algunas espinas de la corona que tiene la cabeza del Señor. No puedes hacer lo que el bueno de San Pedro, que supo muy bien gritar Viva Jesús en el monte Tabor, donde había gozo, pero ni siquiera se dejó́ ver junto a Jesús en el monte Calvario, donde había peligro y dolor (JUAN PABLO I, Aud. gen. 27-9-1978).

Has querido que nosotros te amáramos, porque en rigor no podíamos conseguir la salvación más que amándote. Y nosotros ni podíamos amarte, a menos que este amor viniera de ti. Como lo afirma tu apóstol predilecto, tú nos amaste primero y tú amas primero a los que te aman (cfr. 1 Jn 4, 10). Pero nosotros te amamos por la caridad y el amor que tú mismo has puesto en nosotros (GUILLERMO DE SAN-THIERRY, La contemplación de Dios, 14).

Está escrito: Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas […] (cfr. Deut 6, 5-9). Aquel «todo», repetido y llevado a la práctica con tanta insistencia, es en verdad la bandera del maximalismo cristiano. Y es justo: Dios es demasiado grande, merece demasiado Él de nosotros, para que podamos echarle, como a un pobre Lázaro, apenas unas pocas migajas de nuestro tiempo y de nuestro corazón. Él es un bien infinito y será nuestra felicidad eterna; el dinero, los placeres, las fortunas de este mundo, en comparación, son apenas fragmentos de bien y momentos fugaces de felicidad. No sería sabio dar tanto de nosotros a estas cosas y poco de nosotros a Jesús (JUAN PABLO I, Aud. gen. 27-91978).

Se te manda que ames a Dios de todo corazón, para que le consagres todos tus pensamientos; con toda tu alma, para que le consagres tu vida; con toda tu inteligencia, para que consagres todo tu entendimiento a Aquel de quien has recibido todas estas cosas. No deja parte alguna de nuestra existencia que deba estar ociosa y que dé lugar a que quiera gozar de otra cosa. Por tanto, cualquier cosa que queramos amar, diríjase también hacia el punto donde debe fijarse toda la fuerza de nuestro amor. Un hombre es muy bueno cuando toda su vida se dirige hacia el Bien inmutable (SAN AGUSTÍN, en Catena Aurea, vol. III, p. 89).

Considera lo más hermoso y grande de la tierra…, lo que place al entendimiento y a las otras potencias…, y lo que es recreo de la carne y de los sentidos… Y el mundo, y los otros mundos, que brillan en la noche: el Universo entero. –Y eso, junto con todas las locuras del corazón satisfechas…, nada vale, es nada y menos que nada, al lado de ¡este Dios mío! –¡tuyo!–, tesoro infinito, margarita preciosísima, humillado, hecho esclavo, anonadado con forma de siervo en el portal donde quiso nacer, en el taller de José, en la Pasión y en la muerte ignominiosa… y en la locura de Amor de la Sagrada Eucaristía (S. JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Camino, n. 432).

Diliges Dominum Deum ex toto corde tuo, et in tota anima tua, et in tota mente tua. ¿Qué queda de tu corazón para amarte a ti mismo? ¿Qué, de tu alma? ¿Qué, de tu mente? Ex toto, con todo,  dice. Todo te exige el que todo te ha dado (SAN AGUSTIN, Sermón 34).  

 

1.2. Amor a Dios sobre todas las cosas

Y si lo que ama no lo posee totalmente, tanto sufre cuanto le falta por poseer […]. Mientras esto no llega, está el alma como en un vaso vacío que espera estar lleno; como el que tiene hambre y desea la comida; como el enfermo que llora por su salud; y como el que está colgado en el aire y no tiene dónde apoyarse (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, 9, 6).

No sería justo decir: «O Dios o el hombre». Deben amarse «Dios y el hombre»; a este último, nunca más que a Dios o contra Dios o igual que a Dios. En otras palabras: el amor a Dios es ciertamente prevalente, pero no exclusivo. La Biblia declara a Jacob santo (Dan 3, 35) y amado por Dios (Mat 1, 27; Rom 9. 13); lo muestra empleando siete años en conquistar a Raquel como mujer, y le parecen pocos años, aquellos años -tanto era su amor por ella- (Gen 29, 20). Francisco de Sales comenta estas palabras: «Jacob – escribe- ama a Raquel con todas sus fuerzas y con todas sus fuerzas ama a Dios; pero no por ello ama a Raquel como a Dios, ni a Dios como a Raquel. Ama a Dios como su Dios sobre todas las cosas y más que a si mismo; ama a Raquel como a su mujer sobre todas las otras mujeres y como a si mismo. Ama a Dios con amor absoluto y soberanamente sumo, y a Raquel con sumo amor marital; un amor no es contrario al otro, porque el de Raquel no viola las supremas ventajas del amor de Dios» (JUAN PABLO I, Aud. gen. 27-9-1978).

 

1.3. Amar a Dios sin medida  

Señor, que yo te ame siempre más. También aquí está la obediencia a un mandamiento de Dios, que ha puesto en nuestro corazón la sed del progreso. Desde los palafitos, desde las cavernas, desde las cabañas, hemos pasado a las casas, a los palacios, a los rascacielos; desde el viajar a pie, a lomo de mulo o de camello, a las carrozas, a los trenes, a los aviones. Y se desea progresar todavía con medios más rápidos, alcanzando siempre metas más lejanas. Pues amar a Dios […] es también un viaje: Dios lo quiere siempre más intenso y perfecto. Ha dicho a todos los suyos: Vosotros sois la luz del mundo, la sal de la tierra (Mt 5, 48), sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5, 48). Esto significa: amar a Dios no poco, sino mucho; no detenerse en el punto al cual se ha llegado, sino con su ayuda progresar en el amor (JUAN PABLO I, Aud. gen. 27-9-1978).

La medida del amor a Dios es amarlo sin medida (SAN BERNARDO, Sermón 6, sobre el amor a Dios).

La medida y regla de la virtud teologal es el mismo Dios; nuestra fe se regula según la verdad divina; nuestra caridad según la bondad de Dios; y nuestra esperanza, según la intensidad de su omnipotencia y misericordia. Y ésta es una medida que excede de tal manera a toda capacidad humana que el hombre nunca puede amar a Dios tanto como debe ser amado, ni creer o esperar en Él tanto como se debe; luego mucho menos llegará al exceso en tales acciones (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 1-2, q. 54, a. 4, c).

[…] quien no quisiera amar a Dios más de lo que le ama, de ninguna manera cumplirá el precepto del amor (SANTO TOMÁS, Coment. a la Epístola a los Hebreos, 6, 1).

No está permitido querer con amor menguado […], pues debéis llevar grabado en vuestro corazón al que por vosotros murió clavado en la Cruz (SAN AGUSTÍN, Sobre la Santa virginidad, 55).

Señor: que tenga peso y medida en todo… menos en el Amor (S. JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Camino, n. 427).

El hombre nunca puede amar a Dios tanto como Él debe ser amado (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 1-2, q. 6, a. 4 e).

Cuanto más amo, más deudor me siento cada día (SAN AGUSTÍN, Epístola 192).

 

1.4. Sólo Dios basta

No quieras que te llene nada que no sea Dios. No desees gustos de Dios. No desees tampoco entender de Dios más de lo que debes entender. La fe y el amor serán los lazarillos que te llevarán a Dios por donde tú no sabes ir. La fe son los pies que llevan a Dios al alma.

El amor es el orientador que la encamina (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, 1, 11).

Dios sólo basta para colmar nuestros deseos: Más grande es Dios que nuestro corazón (1 Jn 3, 20). Por eso dice Agustín en el libro primero de las Confesiones: «Nos has hecho, Señor, para ti, y nuestro corazón está intranquilo hasta que descanse en ti» (SANTO TOMÁS, Sobre la caridad, 1. c., p. 206).

Aunque no se dijera absolutamente nada más en las páginas de las Sagradas Escrituras y solamente oyéramos de boca del Espíritu Santo que Dios es amor, nos bastaría (SAN AGUSTÍN, Coment. a la 1.a Epístola de S. Juan, 7).

Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: sólo Dios basta. (SANTA TERESA, Poesías VI, p. 1123).

 

1.5. Amar a Dios es la suprema razón  

Entendí que sólo el amor es el que impulsa a obrar a los miembros de la Iglesia, y que si faltase este amor, ni los apóstoles anunciarían ya el Evangelio, ni los mártires derramarían su sangre. Reconocí claramente y me convencí de que el amor encierra en sí todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y lugares, en una palabra que el amor es eterno. Entonces, llena de alegría desbordante, exclamé: «Oh, Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor. Sí, he hallado mi propio lugar en la Iglesia, y este lugar es el que tú me has señalado, Dios mío. En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor: de este modo lo seré todo y mi deseo se verá colmado» (SANTA TERESA DE LISIEUX, Manuscritos autobiográficos).

El amor a Dios es la razón suprema de todas las cosas (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 1, q. 19, a. 4).

Mientras realizamos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio, el alma ansía escaparse. Se va hacia Dios, como el hierro atraído por la fuerza del imán. Se comienza a amar a Jesús, de forma más eficaz, con un dulce sobresalto (S. JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Amigos de Dios, 296).

¿Qué soy yo para ti, que me mandas amarte y que, si no lo hago, te enojas conmigo y me amenazas con ingentes infortunios? ¿No es ya suficiente infortunio el hecho de no amarte? (SAN AGUSTÍN, Confesiones, 2, 5, 5).

Fuego que abrasa, luz ardiente, fuente que apaga la sed, tesoro que contiene en sí todos los bienes. Dios es tan bueno y nos ama tan ardientemente que no quiere de nosotros otra cosa, sino ser amado (SAN ALFONSO Ma DE LIGORIO, Visitas al Stmo. Sacramento).

Hacedlo todo por Amor. -Así no hay cosas pequeñas: todo es grande. -La perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor, es heroísmo (S. JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Camino, n. 813).

 

1.6. Todo se hace llevadero por amor a Dios

Pedro, ¿me amas? Apacienta mis ovejas. Y esto por tres veces consecutivas. Se le preguntaba sobre el amor, y se le imponía una labor; porque, cuanto mayor es el amor, tanto menor es el trabajo (SAN AGUSTÍN, Sermón 340).

Quien le amare mucho, verá que puede padecer mucho por El; el que amare poco, poco. Tengo yo para mi que la medida del poder llevar gran cruz o pequeña es la del amor (SANTA TERESA, Camino de perfección, 32, 7).

El amor defiende de las adversidades. A quien lo tiene, nada adverso le puede resultar perjudicial, antes al contrario se le convierte en útil: Todo contribuye al bien de los que aman a Dios (Rom 8, 28). Hasta los reveses y dificultades son llevaderos para el que ama, como observamos a diario en el terreno meramente humano (SANTO TOMÁS, Sobre la caridad, 1. c., p. 204).

Todo lo duro que puede haber en los mandamientos lo hace llevadero el amor… ¿Qué no hace el amor […]? Ved cómo trabajan los que aman; no sienten lo que padecen, redoblando sus esfuerzos a tenor de las dificultades (SAN AGUSTÍN, Sermón 96).

Todas estas cosas, sin embargo, las hallan difíciles los que no aman; los que aman, al revés, eso mismo les parece liviano. No hay padecimiento, por cruel y desaforado que sea, que no lo haga llevadero y casi nulo el amor (SAN AGUSTÍN, Sermón 70).

 

1.7. Amor y santo temor de Dios  

«Timor Domini sanctus». -Santo es el temor de Dios. -Temor que es veneración del hijo para su Padre, nunca temor servil, porque tu Padre-Dios no es un tirano (S. JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Camino, n. 435).

¡Como quien no dice nada: amor y temor de Dios! Son dos castillos fuertes, desde donde se da guerra al mundo y a los demonios (SANTA TERESA, Camino de perfección, 40, 2).

Fundada en la caridad, se eleva el alma a un grado más excelente y sublime: el temor de amor. Esto no deriva del pavor que causa el castigo ni del deseo de la recompensa. Nace de la grandeza misma del amor. En esa amalgama de respeto y afecto filial en que se barajan la reverencia y la benevolencia que un hijo tiene para con un padre, el hermano para con su hermano, el amigo para con su amigo, la esposa para con su esposo. No recela los golpes ni reproches. Lo único que teme es herir el amor con el más leve roce o herida. En toda acción, en toda palabra, se echa de ver la piedad y solicitud con que procede. Teme que el fervor de la dilección se enfríe en lo más mínimo (CASIANO, Colaciones, 11).

Cuando el amor llega a eliminar del todo el temor, el mismo temor se convierte en amor(SANGREGORIODENISA, Homilía15).

El remedio que podemos tener, hijas, y nos dio Su Majestad es amor y temor; que el amor nos hará apresurar los pasos y el temor nos hará ir mirando adónde ponemos los pies para no caer por camino adonde hay tanto que tropezar, como caminamos todos los que vivimos, y con esto a buen seguro que no seamos engañadas (SANTA TERESA, Camino de perfección, 40, 1).

 

1.8. Amor a Dios y desprendimiento

Y el alma sale para ir detrás de Dios; sale de todo pisoteando y despreciando todo lo que no es Dios. Y sale de sí misma olvidándose de sí por amor de Dios (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, 1, 20).

Tú, al que llenas de ti, lo elevas; mas, como yo aún no me he llenado de ti, soy todavía para mí mismo una carga (SAN AGUSTÍN, Confesiones, 10, 26).

Y éste es el índice para que el alma pueda conocer con claridad si ama a Dios o no, con amor puro. Si le ama, su corazón no se centrará en sí misma, ni estará atenta a conseguir sus gustos y conveniencias. Se dedicará por completo a buscar la honra y gloria de Dios y a darle gusto a El. Cuanto más tiene corazón para sí misma menos lo tiene para Dios (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, 9, 5).

Sólo ama de verdad a Dios quien no se acuerda de sí mismo (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 38 sobre los Evang.).

 

1.9. La santidad «no está en pensar mucho, sino en amar mucho»

Querría dar a entender que el alma no es el pensamiento, ni la voluntad es mandada (por él) que tendría harta mala ventura; por donde el aprovechamiento del alma no está en pensar mucho, sino en amar mucho (SANTA TERESA, Fundaciones, 5, 2).

¿No has visto en qué «pequeñeces» está el amor humano? – Pues también en «pequeñeces» está el Amor divino (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 824).

Cuanto más ames más subirás (SAN AGUSTÍN, Coment. sobre el Salmo 83).

Porque alguno he topado que les parece está todo el negocio en el pensamiento, y si éste pueden tener mucho en Dios, aunque sea haciéndose gran fuerza, luego les parece que son espirituales; y si se distraen, no pudiendo más, aunque sea para cosas buenas, luego les viene gran desconsuelo y les parece que están perdidos […]. No digo que no es merced del Señor quien siempre puede estar meditando en sus obras, y es bien que se procure. Mas se ha de entender que no todas las imaginaciones son hábiles de su natural para esto, mas todas las almas lo son para amar (SANTA TERESA, Fundaciones, 5, 2).

 

1.10. El premio del amor a Dios es amarle todavía más

El que ama a Dios se contenta con agradarle, porque el mayor premio que podemos desear es el mismo amor […]. El alma piadosa e integra busca en ello su plenitud y no desea otro deleite (SAN GREGORIO MAGNO, Sermón 92).

Alma que ama a Dios no ha de pretender ni esperar otra recompensa por sus servicios prestados que la perfección de amar a Dios (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, 9, 7).

El amor no descansa mientras no ve lo que ama; por eso los santos estimaban en poco cualquier recompensa, mientras no viesen a Dios. Por eso el amor que ansía ver a Dios se ve impulsado, por encima de todo discernimiento, por el deseo ardiente de encontrarse con él. Por eso Moisés se abrevió a decir: Si he obtenido tu favor, muéstrame tu rostro (Ex 33, 13) […]. Por eso también se dice en otro lugar: Déjame ver tu rostro (Sal 79, 4). Y hasta los mismos paganos en medio de sus errores se fabricaron ídolos para poder ver con sus propios ojos el objeto de su culto (SAN PEDRO CRISÓLOGO, Sermón 147).

 

1.11. El amor a Dios refuerza la unidad

Para poder encomendar a Pedro sus ovejas, sin que con ello pareciera que las ovejas quedaban encomendadas a otro pastor distinto de sí mismo, el Señor le pregunta: «Pedro, ¿me amas?» El respondió: «Te amo». Y le dice por segunda vez: «¿Me amas?», y respondió: «Te amo». Quería fortalecer el amor para reforzar así la unidad. De este modo el que es Único apacienta a través de muchos, y los que son muchos apacientan formando parte del que es único (SAN AGUSTÍN, Sermón 46, sobre los pastores).

El amor que unirá a Dios con los que habitan allí, y a éstos entre sí, será tan grande que todos se amarán como a sí mismos y amarán a Dios más que a sí mismos. Por eso nadie querrá más que lo que Dios quiere; lo que quiera uno lo querrán todos, y la voluntad de todos será la voluntad de Dios… Todos juntos como un solo hombre serán reyes con Dios, porque todos querrán la misma cosa y se cumplirá su voluntad (SAN ANSELMO, Carta 112, a Hugo el recluso, pp. 245-246).

 

1.12. El amor de Dios, regla y medida de todos los actos  

Todo lo que se hace por Amor adquiere hermosura y se engrandece (S. JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Camino, n. 429).

Una producción artística se considera buena y acertada cuando se ajusta a sus reglas peculiares. Del mismo modo, cualquier obra humana es recta y virtuosa cuando concuerda con la regla del amor divino, y no es buena ni recta o perfecta si se aparta de ella. Todos los actos humanos, para resultar buenos, deben atenerse a la regla del amor divino (SANTO TOMÁS, Sobre la caridad, 1. c., 201).

El secreto para dar relieve a lo más humilde, aún a lo más humillante, es amar (S. JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Camino, n. 418).

Es el amor el que «pone nombre a la obra», el que le da su verdadero sentido y cualidad (SAN BUENAVENTURA, Coment. a las Sentencias, 11, 40, 1).

No nos amemos, pues, a nosotros mismos, sino a Él. No sé por qué motivo inexplicable, quien se ama a sí mismo y no ama a Dios no se ama a sí mismo; y en cambio, quien ama a Dios y no se ama a sí mismo, se ama a sí mismo (SAN AGUSTÍN, Trat. Evang. S. Juan, 123).

Los que de veras aman a Dios, todo lo bueno aman, todo lo bueno quieren, todo lo bueno favorecen, todo lo bueno loan, con los buenos se juntan siempre y los favorecen y defienden; no aman sino  verdades y cosas que sean dignas de amar (SANTA TERESA, Camino de perfección, 40, 3).

También en lo pequeño se muestra la grandeza del alma […]. Por eso el alma que se entrega a Dios pone en las cosas pequeñas el mismo fervor que en las cosas grandes (SAN JERÓNIMO, Epístola 60).

 

1.13. «Quien no se arrepiente de verdad, no ama de veras»

Quien no se arrepiente de verdad, no ama de veras; es evidente que cuanto más queremos a una persona, tanto más nos duele haberla ofendido. Es, pues, éste uno más de los efectos del amor (SANTO TOMÁS, Sobre la caridad, 1. c., 205).

Preguntaron al Amigo cuál era la fuente del amor. Respondió que aquella en donde el Amado nos ha limpiado de nuestras culpas, y en la cual da de balde el agua viva, de la cual, quien bebe, logra vida eterna en amor sin fin (R. LLULL, Libro del Amigo y del Amado, 115).

 

1.14. Acabar el examen de conciencia con un acto de amor

Acaba siempre tu examen con un acto de Amor -dolor de Amor-: por ti, por todos los pecados de los hombres… -Y considera el cuidado paternal de Dios, que te quitó los obstáculos para que no tropezases (S. JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Camino, n. 246).

 

1.15. Por amor de Dios todo se puede

El amor de contentar a Dios y la fe hacen posible lo que por razón natural no lo es (SANTA TERESA, Fundaciones, 2, 4).

Un poquito de este puro amor…, más provecho hace a la Iglesia, aunque parece que no hace nada, que todas esas obras juntas (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico 2, anotación a canción 29).

Cualquier otra carga te oprime y abruma, mas la carga de Cristo te alivia el peso. Cualquier otra carga tiene peso, pero la de Cristo tiene alas. Si a un pájaro le quitas las alas parece que le alivias del peso, pero cuanto más le quites este peso, tanto más le atas a la tierra. Ves en el suelo al que quisiste aliviar de un peso; restitúyele el peso de sus alas y verás cómo vuela (SAN AGUSTIN, Sermón 126).

Esteban tenía por armas la caridad y con ella vencía en todas partes. Por amor a Dios no se cruzó de brazos ante los enfurecidos judíos; por amor al prójimo intercedía por quienes lo lapidaban; por amor argüía a los que estaban en el error, para que se corrigiesen… Apoyado en la fuerza de la caridad, venció la violenta crueldad de Saulo, y mereció tener por compañero en el cielo al que en la tierra tuvo como perseguidor (SAN FULGENCIO, Sermón 3).

 

1.16. «El amor es fuerte como la muerte»

También se dice que es semejante el reino de los cielos a un comerciante que anda en busca de buenas perlas, y hallando una muy preciosa, vende cuanto tiene y la compra […]. En comparación de aquélla nada tiene valor, y el alma abandona todo cuanto había adquirido, derrama todo cuanto había congregado, se enardece con el amor de las cosas celestiales, no tiene placer en las cosas terrenas y considera como deforme todo lo que le parecía bello en la tierra, porque sólo brilla en el alma el resplandor de aquella perla preciosa. Acerca de este amor dice Salomón: El amor es fuerte como la muerte (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 11 sobre los Evang.).

Es fuerte el amor como la muerte, porque el amor de Cristo da muerte a la misma muerte […]. También el amor con que nosotros amamos a Cristo es fuerte como la muerte, ya que viene a ser él mismo como una muerte, en cuanto que es el aniquilamiento de la vida anterior, la abolición de las malas costumbres y el sepelio de las obras muertas (SAN BALDUINO DE CANTORBERY, Tratado 10)

 

1.17. El amor a Dios aquí y en el cielo

Si el Amor, aun el amor humano, da tantos consuelos aquí, ¿qué será el Amor en el cielo? (S. JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Camino, n. 428).

Este amor será la medida de la gloria de que disfrutaremos en el paraíso, ya que ella será proporcionada al amor que habremos tenido a Dios durante nuestra vida; cuanto más hayamos amado a Dios en este mundo, mayor será la gloria de que gozaremos en el cielo, y más le amaremos también, puesto que la virtud de la caridad nos acompañará durante toda la eternidad, y recibirá mayor incremento en el cielo. ¡Qué dicha la de haber amado mucho a Dios en esta vida!, pues así lo amaremos también mucho en el paraíso (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre el precepto 1.o del decálogo).

 
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¿QUÉ ES LA BIBLIA?

A. ¿QUÉ ES LA BIBLIA?

  1. ¿Qué es la Biblia? Se llama Biblia al conjunto de textos inspirados por Dios para conducir a los hombres al cielo. Los libros anteriores a Jesucristo forman el llamado antiguo testamento. Los demás textos son el nuevo testamento. La inspiración divina de la Biblia está avalada por las tradiciones judeo cristianas. 2. ¿Qué dicen los judíos respecto a la Biblia? Los judíos sólo aceptan como inspirados los libros del antiguo testamento. Suelen entenderlos bastante literalmente y con rigor en aplicaciones detalladas.
  2. ¿Qué dicen los protestantes respecto a la Biblia? En la teoría protestante todavía imperan los lemas de “sola scriptura” y “libre examen”, que rechazan la Tradición y Magisterio eclesiástico, para afirmar que cada uno interprete la Biblia a su manera. Por esto han surgido numerosas divisiones en el protestantismo. Sin embargo en la práctica, los protestantes interpretan la Biblia según la tradición de su rama religiosa, y según las explicaciones de sus dirigentes. Es lógico que sea así.
  3. ¿Qué dicen los ortodoxos respecto a la Biblia? En general, los ortodoxos coinciden con los católicos en su visión de la Biblia. 5. ¿Qué dicen los católicos respecto a la Biblia? Los católicos aceptan también que la Biblia es inspirada por Dios. En cuanto a la interpretación bíblica, los católicos siguen la Tradición, y el Magisterio del Papa.

 

B. INTERPRETACIÓN DE LA BIBLIA

  1. ¿La Biblia necesita interpretación? Cualquier persona al leer un libro lo comprende de una manera que puede ser diferente al modo de entenderlo de otro lector. Esto es correcto también al leer la Biblia. Sin embargo, puede suceder que alguna lectura obtenga conclusiones opuestas a lo que Dios quiere decirnos. Por esto, conviene que además de las opiniones personales, exista una interpretación auténtica que garantice la fidelidad al deseo divino. Entre los católicos, esta tarea la realiza el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con la Tradición. 2. ¿Por qué los católicos gozan de esta interpretación auténtica? Porque Jesucristo lo prefirió así, como lo muestra la misma Biblia: Jesucristo eligió a Pedro como cabeza y pastor de su Iglesia y le dijo: “todo lo que ates sobre la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desates sobre la tierra quedará desatado en los cielos” (Mt 16, 19). (Sin referencias a la Biblia). Jesús confirma y mejora al antiguo testamento. Sin embargo, en sus indicaciones a los Apóstoles nunca habla de seguir la Biblia, sino de predicarle a Él, sus enseñanzas. Jesucristo dijo a los Apóstoles: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado” (Mt 28, 19-20). (Cuanto os he mandado oralmente pues así enseñó Jesús). Jesucristo no quiso dejar ningún texto escrito, sino que prefirió elegir a sus Apóstoles como transmisores de su doctrina con la ayuda del Espíritu Santo. Las enseñanzas de Cristo son igual o más importantes que las contenidas en el antiguo testamento. Y el Señor prefirió transmitirlas oralmente dando así una categoría decisiva a la Tradición y al Magisterio de la Iglesia. Jesús no quiso escribir, prefirió dejarnos a Pedro. 3. ¿No es raro que unos hombres interpreten la palabra de Dios? No es raro, si estos hombres han recibido el mandato divino de obrar así, enseñando a todas las gentes. Además, el Papa y los obispos mantienen -lógicamente- un exquisito respeto hacia los textos bíblicos, estudiando bien su contenido; y al dar una interpretación actúan bajo la guía del Espíritu Santo y del mismo Jesucristo que cuida de su Iglesia: “Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 19-20).
  2. ¿No es mejor que cada uno interprete la Biblia a su manera? Esto no es conveniente, pues con gran facilidad cada uno puede entender lo que le parezca tomando un texto aquí o allá, sin tener en cuenta otros textos bíblicos y otras enseñanzas de Jesucristo. Cada uno inventaría su propia religión en la que él sería quien dictara las normas. Y una religión inventada por uno mismo sin duda es falsa. 5. ¿Por qué Dios ha preferido actuar así? El Señor ha querido unir la Biblia a la Tradición y al Magisterio, buscando el bien del hombre: La soberbia y autosuficiencia hacen mucho daño al hombre. Fue el pecado del diablo que quiso independizarse de Dios. Nosotros no somos dioses sino criaturas, y la autonomía respecto a Dios nos destroza. Por esto, el Señor previene el orgullo y prefiere que no sea cada uno quien se autodiseñe la Biblia. Dios creó al hombre como ser social: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gn 2, 18). Tampoco el hombre se autosalva, sino que conviene a la naturaleza humana avanzar hacia el Señor con la colaboración de otros hombres. Otros hombres le bautizan y confiesan. Otros hombres le ayudan a entender la Biblia. 6. ¿Algún ejemplo de interpretación bíblica? En el antiguo testamento se prescriben algunas normas limitadas a una época o situación concreta. En el nuevo testamento se corrigen algunas. Otras se han modificado posteriormente. Con esto no se actúa contra la Biblia, sino a favor de su interpretación adecuada, buscando realizar lo que Dios desea, distinguiendo lo que debe hacerse siempre, de lo que sólo eran normas circunstanciales y transitorias.
  3. ¿Un ejemplo? En el antiguo testamento estaba ordenado: lapidar a las adúlteras, no comer carne de cerdo, sacrificar dos corderos cada día, realizar la circuncisión (esto era muy importante), etc. En el nuevo testamento, se lee como Dios insta a Pedro a modificar algunas cosas, sobre todo el cambio tan grande de suprimir la circuncisión. Reunidos los apóstoles con Pedro decretaron: “Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas que las necesarias: abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de los animales estrangulados y de la fornicación. Obraréis bien al guardaros de estas cosas” (Hch 15, 28-29). Este texto bíblico muestra como el Señor guía a los apóstoles. Aquí, el antiguo y nuevo testamento se oponen aparentemente, pero sigue siendo Dios quien guía a su pueblo, antes mediante Moisés, luego con Pedro, ahora mediante el Papa. Es el estilo divino de actuar. 8. ¿La Iglesia católica prohíbe reflexionar en la Biblia? No, no. La lectura y meditación de la Biblia está muy recomendada en la Iglesia católica, siempre que uno la lea con deseo de orar, aprender y acercarse a Dios. Sobre todo es muy aconsejable leer los evangelios.

 

C. INSPIRACIÓN DIVINA DE LA BIBLIA

  1. ¿Qué significa que la Biblia es inspirada por Dios? La inspiración divina de la Biblia significa que Dios mismo es el autor principal de estos libros, aunque utilizó para escribirlos un instrumento humano. El autor humano escribe con su estilo, pero bajo la inspiración divina, de modo que lo escrito realmente es palabra de Dios. 2. ¿Cómo se sabe que la Biblia está inspirada por Dios? Esta inspiración se conoce por dos motivos principales: El Señor al dirigirse a los hombres añade a sus palabras unos hechos portentosos -milagros- que testifican esas frases como divinas. La Tradición y el Magisterio transmiten esos textos como auténticos, diferenciándolos de otros libros. 3. ¿Qué milagros ha habido? En el antiguo testamento se narran bastantes milagros, sobre todo en torno a Moisés. En el nuevo testamento son muy conocidos y abundantes los de Jesucristo. También se recogen hechos prodigiosos de los Apóstoles. Actualmente, sigue habiendo milagros de vez en cuando.

D. USO DE LA BIBLIA

  1. ¿Cómo se usa la Biblia? Los teólogos emplean las sagradas escrituras para sus estudios. Los católicos usamos la Biblia para aprender y rezar, no para resolver cuestiones. Para solucionar dudas disponemos del catecismo. 2. ¿No para resolver cuestiones? Los protestantes y los judíos se preguntan ¿dónde dice la Biblia esto?, y como si todos fueran grandes teólogos se ponen a analizar las Escrituras, con resultados no siempre acertados pues no todos son expertos bíblicos. Los católicos a la hora de resolver dudas nos preguntamos más bien ¿qué dice el catecismo sobre esto? Y obtenemos grandes ventajas: el catecismo es más claro, reúne enseñanzas más desarrolladas, y es igual de seguro que la Biblia. Para resolver cuestiones, la Biblia reclama estudios e interpretación que no están al alcance de cualquier aficionado. Para rezar es maravillosa. 3. ¿Errores? En torno a la Biblia, hay unos modos de razonar que conducen a equivocaciones. Suelen coincidir en la pretensión de usar la Biblia como sistema para resolver dudas; olvidando la Tradición y el Magisterio. Veamos unos argumentos erróneos: “Jesucristo nunca dijo esto”.- Esta frase conduce a varios errores, porque en la Biblia no aparece todo lo que el Señor dijo, y hay cosas que debemos cumplir aunque Jesús no las mencionara. Por ejemplo, probablemente Jesucristo nunca habló del aborto, de las drogas, del terrorismo, de las armas de destrucción masiva, del uso de anticonceptivos, etc. En cambio, el Señor habló varias veces del primado de Pedro y de la misión de los apóstoles. Jesús no quiso decirlo todo, sino que nos dejó al Papa como maestro y guía, que nos enseña y conduce hacia Él. “Esto no está en la Biblia”.- Otra frase que conduce a errores parecidos, porque no todo está en la Biblia. Los cristianos no seguimos a la Biblia sino a Cristo, guiados por el Papa. “Mira lo que dice la Biblia”.- Otro modo de pensar equivocado donde vuelve a usarse la Biblia para resolver cuestiones sin ser expertos. Si uno se atiene sólo a la Biblia, puede decidir que se debe lapidar a las adúlteras, que la poligamia está permitida, y que se debe circuncidar a los familiares, animales incluidos… Dejemos a los expertos que analicen las Escrituras y nosotros disfrutemos de su piadosa lectura. Para resolver cuestiones, usemos el catecismo -y lo veremos lleno de citas bíblicas bien escogidas-.  

 

 

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¿Cuál es y cómo se comete el pecado contra el Espíritu Santo?

Al cometer este pecado Dios no perdona, no porque Él no quiera, sino porque la persona no le deja.

 

Es Mateo (12,31-32) quien menciona un pecado “que no será perdonado”, y aclara que es “la blasfemia contra el Espíritu Santo”. Mucho se ha especulado sobre esto, es por eso que vamos a analizar de qué se trata.

 

  1. ¿EN QUÉ CONSISTE ESTE PECADO?
El texto bíblico dice que es

“blasfemar contra el Espíritu Santo”, ahora bien, la blasfemia no es solamente con palabras, sino también y sobre todo con hechos. ¿Quién blasfema?

Quien no se siente necesitado de Dios, quien no se siente pecador o se cree sin pecado, quien se cierra al llamado de Dios a la conversión, quien endurece el corazón a tal punto que a la persona no le interesa Dios.
Es pecado el endurecer el corazón y decirle, p.e., a Dios:

‘No me interesas; estoy bien sin ti; no te necesito’. Es pecado considerar que Dios no puede perdonar, o negar el perdón de Dios en la confesión. En conclusión, es el pecado por el que el hombre se niega libre y conscientemente al perdón y la misericordia de Dios.

¿Por qué es tan grave este pecado? Sencillo, porque ante esta circunstancia, ¿qué puede hacer Dios? NADA; tan solo dejar que la persona muera en su pecado. Allí Dios no puede actuar, Dios no tiene nada qué hacer, no tiene nada qué perdonar, no perdona nada, no porque Él no quiera, sino porque la persona no le deja. Como dirá Proverbios: “El que oculta sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y se aparta de ellos alcanzará misericordia”(Proverbios 28, 13)”.

 
2. ¿CÓMO SE COMETE ESTE PECADO?

Existen dos maneras principales en las que se comete este pecado:

 

  • Conciencia Escrupulosa: La conciencia escrupulosa es la que exagera la proporción del pecado y su efecto en su alma, la persona que posee este tipo de conciencia se considera incapaz e indigno de recibir la Misericordia de Dios. Se cierra a la gracia y no se arrepiente, pues considera que todo está perdido, que será en vano todo esfuerzo por mejorar, pues ya está condenado, mira su pecado como superior a la Misericordia de Dios.

 

Es necesario distinguir entre remordimiento y arrepentimiento: el remordimiento es el sentimiento y acusación que pone el enemigo en el corazón, haciendo creer que el pecado es imperdonable y que Dios no lo olvidará nunca. Esto es una calumnia al amor de Dios y una soberbia enorme, considerar a Dios un ser despiadado y vengativo.

La persona que tiene este tipo de conciencia deja de confesarse, deja de orar, y se obstina en el pecado. Vive con tristeza y desesperanza. Si reuniéramos todos los pecados del pasado, del presente y del futuro son una gota en comparación del mar de la Misericordia de Dios.

Solución:

Reconoce la Misericordia de Dios en tu vida, el Señor te ama y perdona tus pecados si tú te arrepientes de corazón. No hay pecado que Dios no perdone. Isaías 43, 25: “Soy yo quien tenía que borrar tus faltas y no acordarme más de tus pecados” y Romanos 5, 20.

 

  • Conciencia Laxa: Es el otro extremo, es considerar que la Misericordia de Dios es tan grande, que no necesitamos arrepentirnos de nuestros pecados ni de la conversión, pues Dios es un alcahuete que perdonará sin arrepentimiento.

 

La persona laxa tiene como lema errar es humano; vive convencida de que es demasiado débil para resistirse al pecado, y tiende a quitarle toda importancia”. Es necesario recordar que Dios es Amor, pero también es justicia y es imposible que su Misericordia nos abrace si no la buscamos.

En la persona con conciencia Laxa no existe dolor por haber ofendido a Dios, y se aprovecha del argumento de que Dios sabe y conoce la debilidad humana.

El Laxo de conciencia no busca la confesión, se obstina en su pecado y vive un Cristianismo mediocre. En este grupo de personas están los que creen que son buenos porque no se meten con nadie, que tienen pocos pecados o que se confiesan únicamente con Dios sin necesidad de un Sacerdote. El Espíritu Santo se ve rechazado y anulado por esta autosuficiencia y abuso de la Misericordia de Dios. O también está el que juega con el Sacramento, diciendo peco sin problema porque mañana me confieso.

Solución:

Reconocer y arrepentirse de corazón por los pecados, hacer un buen examen de conciencia, confesarse Sacramentalmente, tener propósito de enmienda y de no volver a caer en el pecado. Y hacerlo cada vez que pequemos. Permitiendo que el Espíritu Santo entre y obre en el corazón.

 

  1. CONCLUSIÓN

Es necesario que comprendamos que el pecado contra el Espíritu Santo no puede ser perdonado porque el Pecador no se arrepiente, no porque Dios no lo quiera perdonar. Por eso ábrete a la acción de la gracia del Espíritu Santo, lucha por tu conversión y confía en su Misericordia que es infinita y eterna.

 

 

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¿Por qué septiembre es el mes dedicado a la Santa Biblia?

Durante todo el mes de septiembre, la Iglesia celebra el mes de la Santa Biblia y presta especial atención a la Palabra de Dios contenida en las Sagradas Escrituras.

La primera exhortación apostólica del Papa Francisco: “La alegría del Evangelio” contiene material valioso para celebrar encuentro de oración alrededor de la Palabra de Dios.

 

¿Por qué celebramos la Biblia en septiembre?

Para nosotros, los Cristianos Católicos, septiembre es el mes de la Biblia porque el día 30 de septiembre es el día de San Jerónimo, el hombre que dedicó su vida al estudio y a la traducción de la Biblia al latín.

San Jerónico nació en Dalmacia, cerca del año 340 y murió en Belén el 30 de septiembre de 420. San Jerónimo tradujo la Biblia del griego y el hebreo al latín.

La traducción al latín de la Biblia hecha por San Jerónimo, llamada la Vulgata
(de vulgata editio, “edición para el pueblo”), ha sido hasta la promulgación de la Neovulgata en 1979, el texto bíblico oficial de la Iglesia católica romana.

En este mes, la Iglesia Católica llama a la población a reavivar su compromiso con la Palabra de Dios.

La Nueva Evangelización nos exige este conocimiento de la Palabra para afrontar los nuevos desafíos. En una realidad que cambia constantemente y es necesario sembrar en ella la semilla del Evangelio, para que el mensaje de Jesús llegue a ser una interpretación válida, comprensible, esperanzadora y relevante para la vida del hombre y de la mujer de hoy

La intención, es que, durante este mes, en todas las comunidades cristianas o grupos familiares, se desarrollen algunas actividades que nos permitan acercarnos mejor y con más provecho a la Palabra de Dios

La palabra de Dios se configura como alimento espiritual para la vida de todo Cristiano. Los mensajes, parábolas y vivencias contenidas en la Biblia nos permiten entender y comprender la gran obra de salvación de Jesucristo.

 

¿Qué dijo el Papa Francisco sobre la Biblia?

“Nosotros los cristianos tenemos que tener un único objetivo en nuestra vida de fe y es poner la Biblia en el centro de nuestra vida cristiana para que ella sea una brújula, pero también para que ella sea como la primavera de nuestra vida espiritual, para que ella sea la que nos indique el camino a seguir, pero sobre todo porque como decía San Jerónimo: quien desconoce la escritura desconoce la persona de Jesús”.

 

¿Qué dice el Catecismo?

La Biblia es alimento de la vida espiritual, y todos los cristianos deben tener un fácil acceso a la Sagrada Escritura (Cat. 131). Es el alma de la teología, la predicación y la catequesis (Cat. 132)

La Iglesia recomienda la lectura “asidua” (frecuente, cotidiana) de la Sagrada Escritura. Desconocerla, es desconocer a Jesús. En cambio, quienes la disfrutan, adquieren la mente de Cristo (Cat. 133. Comp. 24)

Esperemos que el Espíritu Santo haga que algunos de estos elementos nos toquen la mente y el corazón, y nos ayuden a acercarnos al libro más leído en la historia de la humanidad, en el cual el Padre Celestial sale a dialogar con sus hijos (Cat. 103), y del que se conservan los manuscritos más cercanos al original. Y a través de él conocer, amar y seguir a Jesús, que es lo propio del cristiano.

 

San Juan Pablo II

, nos dejó además unas palabras hermosas sobre esta celebración de la Biblia en Septiembre:

“Los católicos durante el mes de septiembre debemos dedicarlo a impulsar el conocimiento y divulgación de los textos bíblicos con mayor énfasis, ya que quien se llame cristiano tendría que conocer la historia de la salvación y la Palabra de Dios, interpretadas auténtica y fielmente por el Magisterio de la Iglesia.”

 

Métodos para leer la Biblia y sacarle el mejor provecho

Lectio Divina

Es una celebración de la Palabra que se remonta a tiempos antiquísimos y su método se atribuye al monje Orígenes. Se puede celebrar en comunidad, en familia o de modo individual.

La Lectio Divina o lectura orante de la Biblia consiste en el estudio de la Palabra en un dialogo íntimo con Dios.

Lectura del texto Bíblico

Relectura, búsqueda de términos complicados y reconstrucción imaginaria de los hechos tal y como son descritos letra a letra.

Meditación

Consiste en el análisis del mensaje de Salvación que el texto ofrece y la enseñanza para la vida que contiene.

Oración

Es la respuesta que das a Dios después de haber escuchado su Palabra, el ofrecimiento de tu vida y la solicitud de su misericordia siempre en sintonía con el mensaje leído

Contemplación

Es la cuestión de interiorizar el mensaje, es preguntarse que quiere Dios de mi con este mensaje de Salvación, ¿a qué voy a comprometerme?.

Si la Lectio Divina se hace en casa, se recomienda estar libre de distracciones y crear un clima de santidad; realizarlo frente a un crucifijo, con una vela encendida y comenzando con un acto penitencial y la invocación al Espíritu Santo.

 

Recomendaciones para leer la Biblia

  • Orar al Espíritu Santo para recibir su luz y entendimiento.
  • Leer con humildad, no pretendiendo tenerlo ya todo entendido.
  • Interpretar según la Iglesia. La humildad exige que se pregunte y estudie.
  • Leer la Biblia con frecuencia para beber más de la fuente.
  • Leer con el fin de amar y obedecer más a Dios y amar más al prójimo
  • No buscar en la Biblia ciencia natural sino un mensaje espiritual.

 

Pregunta en tu parroquia

que actividades se desarrollarán durante este mes e intégrate a las celebraciones, retiros espirituales, sesiones de estudio, etc. que te ofrezcan, no desperdicies nada de la riqueza que puedes llegar a poseer en el estudio de la Biblia en el seno de la Iglesia que la escribió.

Es tan grande el poder y la fuerza de la palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual.

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12 razones por las que

La Biblia es un lugar de encuentro con Jesús

 

Familiarizarnos con la Biblia es tremendamente importante

para los que hacemos apostolado, pero no solo porque tengamos que usarla como un recurso para preparar nuestras actividades o encontrar lindos versículos que darán nombre a nuestros encuentros o serán el lema inspirador de alguna de las actividades que realizamos, sino porque es Dios mismo hablándonos de su amor quien está entre esas líneas.
Cómo acercarse a ella, cómo usarla en la oración y cómo profundizar en su estudio, no siempre es cosa fácil, por eso hemos querido compartir contigo esta galería en donde buscamos motivarte a su lectura pero sobre todo a que puedas abrir tu corazón para recibir a Dios que habita en su Palabra.

 

  1. No es solo información… Dios nos habla a través de ella

Si te has dado el tiempo de mirar programas en esos canales que dan documentales, seguro has visto cosas tituladas algo así como: “los misterios de la Biblia” o los “secretos de la Biblia”. Aunque puede que los tenga, es mejor idea mirar a la Biblia como un texto escrito por amor, para acompañar a la humanidad de parte de Dios, no para contarnos hechos históricos y con la intención de tener un lenguaje oculto e indescifrable.

Si quieres información, para eso están los libros de historia, y de hecho hay muchos y muy buenos.

 

  1. No la veas solo como un instrumento apologético

Seguro te ha pasado que intentas defender la fe desde la Palabra de Dios y para eso te preparas, marcas los textos controversiales, buscas argumentos dentro de la misma Biblia para contra argumentar los que te dan.

Claro que la Biblia contiene todo lo necesario para defenderse por sí misma, está llena de verdad y si la estudiamos seriamente, vamos a encontrar elementos para defender nuestra fe, pero es mejor que te acerques a ella no solo para buscar buenas e ingeniosas respuestas para un debate, sino para encontrar la voz de Dios, tan necesaria para nuestras vidas.

 

  1. Está escrita en clave de amor

No te quedes solo con los acontecimientos históricamente bélicos en donde una nación se ponía en guerra contra la otra. Tampoco te quedes con los castigos de parte de Dios para aquellos que no hicieron su voluntad.

Jesús nos ha venido a explicar las escrituras con su propia vida. La Palabra de Dios fue escrita para decirnos que Él nos ama y nos quiere a su lado. Quizás el lenguaje no siempre nos ayuda tanto a comprender esa idea, pero con el corazón abierto y acercándote a ella con ternura, encontráis pasajes como: “Con cuerdas de ternura, con lazos de amor los agraria; fui para ellos como quien alza a un niño hasta sus mejillas o se inclina hasta él para darle de comer” (Oseas 11, 4).

 

  1. Se lee como una carta de amor, no como un libro de historia

Si te ha tocado recibir una carta escrita a mano por quien amas, esas que se escribe uno cuando el amor de la juventud te hace explotar de pasión; seguro que la leías con una actitud diferente a como leías el periódico.

Muchos de los acontecimientos que se relatan en la Biblia no son históricos, sino que están escritos en un lenguaje metafórico para darnos a entender una idea.

Muchas de las historias que aparecen ahí tienen como objetivo tocar nuestros corazones para que nos acerquemos a Dios y el Papa Benedicto XVI lo tiene muy claro cuando nos dice que:”en primer lugar, es preciso leer la Biblia no como un libro histórico o literario cualquiera, por importantes, hermosos o relevantes que sean sus contenidos y su autor. La Biblia hay que leerla como Palabra de Dios, es decir, entablando una conversación con Dios, que me habla y me llama a través de su Palabra. Hay que llamar a esta puerta, como afirmaba San Agustín, “he llamado a la puerta de la Palabra para encontrar finalmente lo que el Señor me quiere decir”, con alma orante, con espíritu humilde, con disposición del corazón, con apertura de la mente”.

 

  1. Es el relato más apasionante de la historia… por eso lo contamos a todo el mundo

Imagina nada más que Dios se pone a crear todo por amor. Luego desarrolla un plan magistral, en donde el único objetivo es que a aquellos a los que creó para que fueran libres, libremente regresen a él y descubran porqué han sido creados. Todo eso, explicado a través de un pueblo escogido, matizado con incontables prodigios y asombrosos sucesos. Y de final para el infarto, el mismo Dios baja a la tierra para decirnos que nos ama y nos quiere de regreso. Y además la historia no se queda corta de signos milagrosos, prodigios y cosas solo dignas de Dios. ¿Acaso no te apasiona una historia así?.

Por eso, porque es una buena noticia, los cristianos amamos la Palabra de Dios.

 

  1. Su estudio sí o sí debe ser espiritual, no solo teórico

Es importante estudiarla y conocerla, pues nuestra fe tiene sus cimientos en ella, pero el que sea estudiada teóricamente no le quita lo espiritual. La Lectio Divina es una metodología que a muchos ayuda a poder acercarse a la Biblia de forma orante y sencilla.

Son 4 pasos: Lectura, Meditación, Oración y Contemplación y te compartimos el sitio web “Lectionautas” en donde hay mucha información sobre cómo realizarla, hay muchas ayudas y Lectio Divina hechas para ayudarnos a entrar en el método.

Así como este método, hay muchos más, pero la CELAM (Conferencia Latinoamericana de Obispos) nos propone esta.

 

  1. No es un conjunto de buenas frases

Gracias a las populares tarjetas del tipo “pan de la Palabra” o “pan de vida”, algunos han tomado el hábito de acercarse a la Biblia solo como una buena frase para poner bajo una foto en nuestras redes sociales, aunque algunos más “espirituales” lo toman una especie de predicción sobre el futuro o como una instrucción de parte de Dios para aplicarla en la vida.

De hecho hay quienes abren la Biblia azarosamente esperando encontrar alguna respuesta arbitrariamente poniendo el dedo sobre el primer versículo que ven.

Dios nos quiere hablar a través de su Palabra, pero no quiere que la usemos al azar. Imagina como sería que hoy Dios te muestre el siguiente versículo:

“Entonces Judas, arrojando en el templo las monedas, se retiró, luego fue y se ahorcó” (Mateo 27, 5).

¿Qué haces después de ese versículo? Mejor nos acercamos a ella sin el azar ni con versículos aislados. Si deseas saber qué quiere decirte Dios hoy, revisa el Evangelio del Día, que son las lecturas que se utilizan en misa hoy en todo el mundo.

 

  1. Familiarízate con ella… es para ti

Cuenta un relato que dos Obispos iban sentados en un avión de viaje a una reunión. Uno de ellos tenía una Biblia espectacular, bordes dorados, las tapas de cuero con motivos en relieve, una edición de verdad de lujo y muy bien cuidada, se notaba que para él era un tesoro. El otro tenía una Biblia Latinoamericana, muy a mal traer, con las hojas todas dobladas en las esquinas, las tapas con un poco de cinta adhesiva para mantenerlas en su lugar; estaba llena de marcadores, subrayada, con papeles saliendo de ella por todas partes… Realmente era lo que podemos llamar: “una Biblia de combate”. El de la Biblia de lujo, mirando con desprecio y sorpresa le dice: “Monseñor, ¿Cómo puede tratar así a la Sagrada Biblia, acaso no le da vergüenza?” A lo que el otro responde: “Vergüenza me daría usar la Biblia como un adorno, seguro cuando el Señor inspiró a los autores, lo hizo para que la leyéramos, eso es lo que hago a diario y muchas veces.”

¿Cómo está tu Biblia? ¿Es sólo un adorno en el velador o su lectura forma parte de tu vida?

 

  1. El vicio de los que hacemos apostolado: usarla como una herramienta

Aquellos que hacemos apostolado, como tú y como yo, sin darnos cuenta, en ocasiones caemos en un hábito que, aunque no está mal, tampoco está para nada bien: tomamos la Biblia solo cuando tenemos que preparar algo, la usamos como una herramienta para nuestro apostolado y nada más.

Nos pasa sin querer, pero al estar sumergidos en muchas actividades pastorales, estamos siempre con la Biblia en la mochila, toda marcada y subrayada, pero todo lo que tenemos destacado son los textos que vamos a usar en nuestra próxima charla o reflexión en nuestra comunidad y de lo que menos hay, son aquellos textos en los que Dios nos ha hablado al corazón en nuestra oración íntima.

La Palabra de Dios también es para nosotros, no solo para que se la expliquemos a aquellos a quienes servimos. Léela también para ti.

 

  1. Debemos interpretarla con ayuda

Es buena idea acercarse a ella con todas las ganas posibles, pero al mismo tiempo con prudencia, pues su interpretación no siempre es cosa fácil. De hecho el que sea interpretada de forma arbitraria, es lo que condice a errores en la fe.

El Papa Benedicto XVI, un experto en asuntos relacionados a la Biblia nos dice que:

“La Sagrada Escritura nos introduce en la comunión con la familia de Dios. Por ello, no se puede leer a ráfagas y a ventoleras. No basta con una lectura individual, menos aún con una búsqueda y sensibilidad fundamentalista. Hay que dejarse ayudar por los grandes maestros de la Palabra de Dios que tienen experiencia de la fe, que han penetrado en el sentido de la Sagrada Escritura, y por los miembros de nuestras propias comunidades. Por supuesto, que es precisa una lectura personal de la Biblia. Pero lectura personal no significa hacerlo fuera de la comunión de la Iglesia”.

 

  1. Es una buena idea recordar que fue escrita por hombres en un contexto

Lo primero es que no debes olvidar que lo que nosotros leemos son “traducciones de la Biblia”, habiendo unas más fieles que otras, por lo tanto, aunque el mensaje es el mismo, el lenguaje puede cambiar. Por eso es bueno tener más de una traducción e ir comparando. Considerando que es una traducción, es importante saber de qué lengua se tradujo y así comprender un poco del contexto en que fue escrita. Muchos libros fueron escritos en hebrero, otros tantos en griego, algunos en arameo.

Comprendiendo eso, es más fácil acercarse a aquellos pasajes que hablan del rol de la mujer o del culto y celebraciones religiosas. Todo lo que está escrito, aunque inspirado por Dios, también está bajo las costumbres y cultura de la época, por lo tanto averiguar sobre ese contexto, es importante para no equivocarse en la interpretación.

 

  1. Recuerda siempre el mensaje principal que contiene: Dios te ama

Sobre la Biblia, hay una cosa que no debes olvidar nunca: el tema principal de toda la Sagrada Escritura es que Dios te ama, te quiere a su lado, hace todo lo posible porque experimentes ese amor y luego, tu misma salgas a contarle a todo el mundo sobre cómo tu corazón es renovado por su misericordia.

Te invitamos a que guardes en tu corazón esta declaración de amor de parte de Dios para ti: “Y es que tú vales mucho para mí, eres valioso y yo te amo” (Isaías 43, 4a).
 
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10 consejos para recibir la

Santa Comunión

bien preparado

 

Para recibir la Santa Comunión debemos prepararnos de la mejor manera posible.

El éxito de un partido, depende de la preparación anterior; el éxito deportivo depende de la preparación, calentamiento, actitud mental y disciplina; un noviazgo amoroso y bueno, termina con un buen matrimonio, duradero y lleno de amor.

Lo mismo aplica a una recepción ferviente y digna de nuestro Señor y Salvador

, Jesucristo en la Sagrada Comunión.

Otra analogía es la de recibir a un invitado. Hay muchas maneras de recibir a alguien en nuestro hogar, aquí algunos ejemplos.

Podrías recibir a un invitado en contra de tu voluntad, a veces debido a las circunstancias, porque no queda de otras. Puedes recibir al invitado con resistencia y de mala gana, o puedes hacerlo de buen agrado y con las puertas de tu casa abiertas.

Más aún, puedes recibirlo preparándote desde la noche anterior, con gran alegría, para recibirlo como alguien que quieres que se quede por largo tiempo y compartiendo una comida con él.

Por último, si sabes que viene un invitado especial, limpias la casa el día anterior, preparas una comida y si es posible la que sabes que es la favorita de tu invitado; pones la música de fondo que a tu huésped le gusta escuchar, decoras tu hogar con globos y pancartas alegres.

Son distintas formas de recibir a un invitado, desde el peor escenario hasta el mejor de todos.

Esta analogía de recibir a un invitado, puede ser

fácilmente aplicada a recibir a Jesús

en nuestras almas. Examina tu consciencia: ¿Qué tipo de recepción le das al Señor Jesús cuando lo recibes en la casa de tu alma en la Sagrada Comunión?, ¿Cómo es recibido?
Acepta el reto de examinar cómo recibes la Eucaristía
¿Por qué? Porque es la acción más importante que puedes hacer en tu vida.
Por ello, TODOS debemos hacer un esfuerzo consciente por

mejorar y actualizar la eficacia de la recepción de Cristo en la Eucaristía. Entonces ¿cómo podemos prepararnos de la mejor manera para recibir al Señor del Universo en lo más recóndito de nuestras almas?

Aquí te damos diez consejos prácticas que pueden ser de gran ayuda para recibir la comunión de una mejor manera
  1. Mucha Fe

Que fácil es declinar nuestra fe, que se haga débil o incluso que desaparezca. Es triste decir que el mayor grupo de religiosos de EE.UU. son católicos “no practicantes”. Oremos con fervor:

“Señor, creo, pero aumenta mi fe”.

La fe es como una semilla plantada en el suelo. Permitamos que nuestra fe crezca, florezca y prospere hasta llegar a los cielos.

  1. Agradecimiento

En las relaciones, especialmente en los matrimonios, uno de los mayores peligros permanentes es dar al cónyuge por sentado, eso puede ser letal para el matrimonio.

Lo mismo puede suceder en nuestra relación con el Señor en la Eucaristía: podemos acostumbrarnos a la Misa y a la Santa Comunión diaria, y empezar a dar al Señor por sentado.

En el Diario de la Misericordia de Santa Faustina, Jesús se queja de que hay almas que lo reciben sin amor como si fuera un mero objeto. Jesús declara que Él prefiere no ser recibido, a ser recibido como un mero objeto y por mera rutina, mecánicamente.

Hay letreros con estas palabras en muchas sacristías, que sirven como un recordatorio a los sacerdotes para celebrar cada misa con fe y fervor:

“Sacerdote, hombre de Dios, celebra esta Misa como si fuera tu primera Misa, tu última Misa y tu única Misa”.

Deberíamos recibir cada Comunión como si fuera nuestra primera, nuestra última, y nuestra única Comunión en toda nuestra vida

  1. Limpiar la casa

Hacer una buena confesión sacramental. Los Santos y la Iglesia nos enseñan que mientras más limpia y pura esté el alma, más abundantes son las gracias que se reciben con la Santa Comunión.

Un cristal sucio impide que el sol entre totalmente en la habitación, del mismo modo, un alma sucia o manchada bloquea la completa presencia del Señor Eucarístico inundando el alma.

  1. Llega temprano

Dudo que vayamos tarde al último juego de la Serie Mundial, o nuestra ceremonia de graduación, o a una cara y exquisita cena en un costoso restaurante.

¿No deberíamos entonces llegar temprano para recibir al Rey de Reyes y Señor de Señores en nuestros corazones?, ¿Qué piensas?

Llegar tarde a Misa perturba a los demás, perturba al sacerdote y disminuye nuestra propia participación en la Misa.

  1. Reverencia

A Moisés le fue ordenado quitarse sus sandalias ante el arbusto ardiente, y ese era un mero símbolo de la presencia de Eucarística.

Isaías se quejaba de que él era impuro entre los impuros y que sus labios debían ser purificados con brasa ardiente. ¿Cuánta mayor reverencia debemos mostrar en frente de la Presencia Real de Nuestro Señor Jesucristo en la Eucaristía?

¡No es un símbolo, ES UNA PERSONA REAL! Si un rey terrenal amerita la mayor reverencia y respeto, ¿Cómo debe ser con el Rey del Universo presente en la Eucaristía?

  1. Intenciones

El Párroco por lo general tiene sus intensiones específicas en cada misa. Esto no quiere decir que no puedas tener tus propias intenciones privadas.

Tres sugerencias para ayudarte a vivir una misa más intensamente:

  1. a) Ofrece la Misa por una persona fallecida

Quizás, esta persona esté en el Purgatorio. Pide para su rápida liberación o al menos el alivio de su sufrimiento.

  1. b) Conversión de los pecadores

Todos tenemos en mente miembros de nuestras familias, parientes, amigos, compañeros de trabajo que parecen haberse olvidado de Dios, o que están molestos con Dios, y que por diferentes razones se han apartado de la Iglesia.

Ofrece tu Santa Misa y tu Sagrada Comunión para que regresen. Estas ovejas perdidas pueden retornar a Jesús, el Buen Pastor, si haces el esfuerzo de rezar por ellos y colocarlos en el altar de la Santa Misa.

  1. c) La conversión personal

Todos luchamos con nuestra carne; todos luchamos con nuestros propios demonios; todos peleamos con la seducción del mundo y sus engañosas y atractivas tentaciones.

En la Santa Comunión, pidamos al Señor Jesús que nos otorgue la gracia de un verdadero trasplante de corazón. De hecho, recibes el Cuerpo y la Sangre de Jesús.

Eso significa que lo recibes completamente, y eso incluye su corazón. Pídele a Jesús que te otorgue su Sagrado Corazón, y que las desbordantes llamas de amor que lo envuelven, consuman todo lo que esté en tu corazón que desagrade a Dios.

La Comunión ferviente y frecuente es el atajo a la santidad.

  1. Participa

En la misa no estamos llamados a ser observadores pasivos, como si fuera una obra de teatro, un espectáculo o una ópera.

Por el contrario, somos llamados a participar plenamente, de forma activa y consciente. (Vaticano II, Sacrosantum Concilium, Constitución dogmática sobre la Liturgia) estamos llamados a escuchar atentamente la Palabra de Dios, responder a la Palabra y cantar con todo nuestro corazón en alabanza y adoración al Señor.

Y en los momentos que se nos invita al silencio, recordemos que es en el silencio profundo en donde nos encontramos con Dios. Como el profeta, recuerda:

“Haz silencio y reconoce que yo soy el Señor”.

  1. El corazón de María y el tuyo

Al acercarse la Sagrada Comunión debemos humildemente pedir a la Santísima Virgen María, como nos recuerda la Beata Madre Teresa de Calcuta, que nos preste su Inmaculado Corazón, para que así podamos recibir a Jesús con la máxima pureza, humildad y amor ardiente.

Esa es la verdadera clave para actualizar y mejorar nuestras comuniones, recibir la Sagrada Comunión a través del corazón de María.

San Juan Pablo II, hace un hermoso paralelo, al comparar el “Sí” o “fiat” de la Virgen María en la Anunciación, con nuestro “Amén” cuando recibimos a Jesús en la Sagrada Comunión.

El resultado es el mismo: recibir a Jesús en nuestros corazones. El “Sí” de Nuestra Señora, resultó en la concepción de Jesús en su seno.

Nuestro “Amén” en la Eucaristía, resulta en la presencia de Jesús echando raíces en nuestro corazón, mente y alma.

  1. Acción de gracias

Después de la Santa Comunión debemos pasar un tiempo dando las gracias a Jesús por ese gran don: su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Sagrada Comunión. ¡No hay mayor regalo!

En una visita a un hogar y a una comida agradable, el huésped que tiene algo de modales, da las gracias a sus anfitriones por invitarlo. ¿No deberíamos abundar en agradecimiento hacia Jesús por humillarse y descender a nuestra mísera casa interior que es nuestra alma?

Unamos nuestros corazones, mentes y voces con el salmista, aclamando:

“Dad gracias al Señor porque es bueno, porque para siempre es su misericordia”.

De hecho, Dios se regocija en un corazón agradecido. ¡Cultivemos esa gratitud!

  1. Conviértete en un Apóstol Eucarístico

Teniendo en cuenta que te has encontrado el más grande tesoro de tu vida, la perla de infinito valor ¡Debes sentirte completamente motivado a llevar a Jesús a los demás y traer a otros a Jesús!

Toma a Nuestra Señora como un ejemplo. Después de concebir a Jesús en su seno, en la Anunciación, fue de prisa a llevar a Jesús a su prima Isabel, quien estaba embarazada en su vejez. María se apresuró a llevar a Jesús a los demás.

Después de que has recibido a Jesús en la Sagrada Comunión

y le has dado una digna acción de gracias, es momento de convertirte en un ferviente apóstol, y llevar al Señor Jesús a otros.
Predica con tu ejemplo y también con tus palabras.

Invita a otros a la Iglesia, a la confesión, a la Misa y a la Sagrada Comunión. ¡Conviértete en un misionero! La mies es mucha y los obreros pocos.

Ahora eres llamado a trabajar en la viña junto al Señor; eres llamado a pescar con Él para salvar almas.

Una de las herramientas más eficaces para salvar almas es ayudar a la oveja descarriada, a los católicos apartados de la Iglesia, a regresar a ella, a hacer una buena Confesión Sacramental y luego recibir al Señor Jesús en la Sagrada Comunión.

El Venerable Arzobispo Fulton Sheen lo expresó de esta manera: “¡Primero vengan y después vayan!“, primero debemos ir a recibir a Jesús con gran fervor, fe y amor; y luego debemos ir por todo el mundo, llevando esta buena noticia de salvación a todos los seres vivos.
 

Conclusión

Debemos estar desbordantes de alegría y gratitud por el regalo más sublime, la Santa Eucaristía, que es substancialmente el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad del Señor Jesús.

No hay una acción más grande que podamos hacer en nuestra vida terrena, que recibir dignamente la Eucaristía.

La promesa que Jesús nos hace al recibirlo frecuente y dignamente debe llenarnos de alegría y esperanza. Jesús nos consuela con estas palabras:

“Yo soy el pan de la vida… El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tendrá vida eterna y yo lo resucitaré el último día” (Discurso del Pan de la Vida: Juan 6,22-71)

 

Artículo publicado originalmente enCatholic Exchange

Adaptado y traducido par Pildoras de Fe

 

Vivir correctamente la Santa Misa Explicación

En la Misa nos reunimos para celebrar recordando y viviendo la Última Cena y el sacrificio de Jesús en la cruz.

 

Cuando se asiste a Misa, lo primero que se hace es, la Reunión, que significa IGLESIA – ECLESIA – del griego = Asamblea Reunida. Todos se reúnen. Antiguamente, la preparación para la reunión de todos los que se congregaban para una celebración, se hacía con una procesión solemne.

La Santa Misa es la celebración dentro de la cual se lleva a cabo el sacramento de la Eucaristía.

Su origen se remonta a los primeros tiempos de la Iglesia, en donde los apóstoles y los primeros discípulos se reunían el primer día de la semana, recordando la Resurrección de Cristo, para estudiar las Escrituras y compartir el pan de la Eucaristía.

En la Misa nos reunimos para celebrar recordando y viviendo la Última Cena y el sacrificio de Jesús en la cruz. Nosotros debemos escuchar con atención lo que Dios nos quiere decir cada domingo en la Misa.

En ésta podemos participar en Jesucristo de la siguiente manera: podemos ofrecer a Dios nuestra vida, nuestras obras, pedir perdón por nuestros pecados y unimos a Jesús por medio de la Comunión.

En la Misa va a suceder un milagro: Dios se va a hacer presente y se va a quedar con nosotros.

El nombre de “Misa” se debe a que al terminar la celebración, el sacerdote nos dice que vayamos a cumplir con la “misión” de ser testigos de Cristo ante los hombres.

¿Cómo debemos vivir la Misa?
En la Misa debemos poner atención durante las lecturas y la homilía; devoción y adoración durante la consagración; y disposición a cumplir la voluntad de Dios durante el Ofertorio y la Comunión.

¿Qué posturas debemos tener en la Misa?
En la Misa tenemos tres posturas diferentes: sentados, de pie y de rodillas. Cuando estamos sentados estamos en actitud de escuchar con atención, como lo hacían los amigos de Jesús. Cuando estamos de pie estamos en actitud de estar listos y disponibles para la llamada de Dios. Cuando estamos de rodillas estamos en actitud de adoración a nuestro Dios y Salvador.

Cuando vivimos la Misa correctamente obtenemos varios frutos:
  • Entendemos la palabra de Dios,
  • Crecemos en nuestra fe para reconocer a Jesús,
  • Nos llenamos de alegría y paz interior;
  • Tenemos a Jesús presente en nuestra alma y las fuerzas necesarias para cumplir con nuestra misión.

Explicación detallada de la Misa

Entrada del sacerdote: Entra el sacerdote quién hace unos gestos que pasan desapercibidos; tales como, una genuflexión y un beso ante el altar. Estos gestos tienen un sentido muy importante y relevante. La Misa se celebra en un altar = alto, presidido por un crucifijo que es imprescindible, ya que ahí se va a llevar a cabo el sacrificio incruento de la Cruz, por lo tanto, es un recordatorio para el sacerdote y los fieles, de lo que ahí va a suceder. La inclinación del sacerdote es el primer acto de adoración y reverencia. El beso al altar significa el beso a la Iglesia.

Rito introductorio: La misa comienza con la señal de la cruz, símbolo del cristiano que indica nuestra fe en la Trinidad, la cual debe de ir acompañada internamente de la deliberada y consciente confesión de nuestra fe. Después, el sacerdote abre los brazos en señal de saludo, con uno saluda a Dios y con otro al pueblo. Las frases que pronuncia significan la unión entre el sacerdote y el pueblo: “El Señor …. Y con tu espíritu”.

Actos penitenciales: El sacerdote junta las manos en señal de humildad, se hace el primer silencio de la Misa, silencio de reflexión ante la invitación del sacerdote a arrepentirnos. Estos actos concluyen después de haber manifestado una actitud de humildad, un reconocimiento de nuestra condición de pecadores y de haber pedido misericordia con la absolución del sacerdote, pero, no para pecados graves. Sigue el Gloria, canto de alabanza todos los domingos excepto los de la Cuaresma y Adviento. Además de los días señalados como fiestas.

Oración colecta: Petición a Dios. Antes de rezarla se hace el segundo silencio, silencio de petición comunitaria. Oración principal de la Misa y dirigida al Padre, donde se pide un bien espiritual, se acomoda a los tiempos litúrgicos y finaliza con una invocación a la Santísima Trinidad. Con esto, termina el rito introductorio.

La primera parte esencial de la Misa:

La Liturgia de la Palabra: Se lleva a cabo en el ambón. Es una de las partes más importantes de la Misa. En la Misa diaria, hay una sola lectura. Los domingos y días de fiestas hay dos lecturas, siendo la primera, generalmente, del Antiguo Testamento, la segunda, es tomada generalmente, de Hechos, Cartas, Nuevo Testamento.

Entre la primera y la segunda, se recita el Salmo Responsorial, parte de canto y parte de meditación. La respuesta al Salmo es para favorecer la meditación. En esta parte, los fieles permanecen sentados con una actitud de atención, para que la Palabra los alimente y fortalezca. Dios habla, hay que escuchar con veneración.

Sigue el Aleluya, canto de alegría, preparación para el Evangelio; hay movimiento en el altar, el sacerdote va al ambón.

La Misa continúa con el Evangelio. Antes de su lectura, el sacerdote junta las manos y con gran recogimiento, dice: “Purifica Señor mi corazón y mis labios para que pueda anunciar dignamente tu Evangelio”. Éste debe ser leído por el ministro, en caso de que sea un diácono quien lo lea, debe pedirle su bendición al sacerdote. Un sacerdote no le pide la bendición a otro, sólo al Obispo. Si se escucha con atención y con las debidas disposiciones: humildad, atención y piedad, se depositará en el interior de cada fiel, una nueva semilla, sin importar cuántas veces se ha escuchado el mismo Evangelio, siempre habrá algo nuevo. Al finalizar el sacerdote dice: “Esta es Palabra de Dios” y besa el Evangelio diciendo: “Por lo leído se purifiquen nuestros pecados”.

La Homilía, momento muy importante para la vida práctica de los fieles; no se puede omitir en domingos y días festivos. En la lectura de la Sagrada Escritura, habla Dios; en la Homilía, habla la Iglesia, depositaria de la Revelación, con la asistencia del Espíritu Santo para que se interprete rectamente la Escritura. Hay que escuchar con una actitud activa lo que la Iglesia quiere decir por medio del sacerdote, no hay que juzgarlo. La Homilía es una catequesis, no debe hablarse de otros temas que no sean referentes a la fe y a la salvación. Si no hay homilía, debe haber un silencio meditativo después del Evangelio. El Obispo predica sentado con báculo y mitra.

El Credo, nuestra profesión de fe. Se profesan doce artículos, manifestando la fe en Dios, Sólo se reza en domingos y días festivos. En Navidad y en el día de la Encarnación, se arrodilla cuando se dice: “… Se encarnó de María, la Virgen”.

La Oración de los fieles: Todas estas oraciones son de petición. Los fieles ofrecen sus peticiones al Señor. Pueden ser hechas por los fieles. Su finalidad es pedir a Dios por las necesidades de la Iglesia:

  • Una debe ser por toda la Iglesia Universal.
  • Otra por la jerarquía, el Papa y los Obispos.
  • Por los gobernantes.
  • Por los pobres y necesitados.
  • Por la Iglesia particular o local.
  • Pueden haber más, pero no demasiadas. La introducción y la conclusión debe hacerla el sacerdote.

La preparación de las Ofrendas: Se llevan las ofrendas al altar, lo más conveniente es que los fieles las lleven. Estas son el vino y el pan. Se recoge la limosna, la cual es también una ofrenda. El sacerdote prepara el altar, extiende el corporal, si tiene copón lo destapa. El sacerdote recibe las ofrendas del pueblo. Con las ofrendas, la asamblea no sólo ofrece lo material, sino que simboliza la entrega del cristiano, su total disponibilidad a lo que Dios le tiene señalado. Se entregan los dones que Dios ha dado a cada quien, todo se pone a su disposición.

Ofrecimiento del pan y del vino: El pan y el vino se ofrecen por separado. El vino es preparado por el sacerdote que le añade unas gotas de agua diciendo: “Que así como el agua se mezcla con el vino, participemos de la divinidad de Aquél, que quizó compartir nuestra humanidad”. Existe un simbolismo entre el pan y el trabajo, además de que, en el pan hay muchos granos de trigo. Y como dice San Pablo: “Porque el pan es uno, somos muchos un sólo cuerpo, pues todos participamos de ese único pan” (1 Cor 10, 17). El vino se obtiene de la vid, machacando y pisando, símbolo de dolor, de sufrimiento y se ofrece para convertirlo en la Sangre de Cristo por un deseo de expiación. Con el pan y el vino se ofrece el trabajo, el descanso, las alegrías, las contrariedades; pero sobre todo, el deseo de que Dios acepte a cada quien con sus miserias, y los transforme con su Gracia hasta asemejarlos a su Hijo.

El lavatorio de manos: Con este gesto el sacerdote, una vez más, expresa su deseo de purificación y limpieza interior. Esta acción indica que se debe estar puro de todo pecado, lava las manos para purificarlas. El sacerdote dice: “Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado”.

Oración sobre las ofrendas:

El sacerdote abre los brazos y dice: ”Orad hermanos…”, recordando a los fieles que también ellos ofrecen junto con él, el sacrificio, que no deben ni pueden quedar al margen. Se lee la oración de las ofrendas que expresan a Dios, de modo oficial, los sentimientos y deseos de los fieles, de la Iglesia en relación a las ofrendas, suplicando que las reciba y después de santificarlas, conceda los bienes espirituales que emanan del sacrificio.
 

La segunda parte esencial de la Misa: Liturgia Eucarística:

Suele llamarse canon = regla. Comienza con el Prefacio, que es un canto. Hay diferentes prefacios, unos provienen de la Iglesia oriental, otros de la romana, esto es con el fin de unificar a la Iglesia. Es una exhortación a elevar los corazones dejando todo lo mundano porque en unos momentos Dios se va a hacer presente. Se agradece a Dios su preocupación por los fieles, dando gracias según la fiesta. No se da gracias por cosas materiales en este momento, sino porque fortaleció la debilidad humana y porque con la muerte no se pierde la vida. Luego, el sacerdote nos invita a alabar (Hosanna), junto con los ángeles y arcángeles, y a dar la bienvenida a Cristo que está por venir.

Sigue con la Anámnesis, para recordar la conmemoración del misterio pascual. Ofrecimiento de la Víctima Divina. Después viene la invocación del Espíritu Santo o Epíclesis, al poner el sacerdote las manos sobre el cáliz, es el momento para que los fieles se arrodillen. Narración de la institución de la Eucaristía: El canon puede variar, pero, las palabras no varían en la narración. Al terminar la narración, y antes de formular las palabras de la Consagración, el sacerdote se inclina sobre el altar con el fin de separar lo que era una narración y lo que ahí va a suceder.

El sacerdote eleva primero el pan diciendo las palabras de la Consagración, hace una genuflexión, eleva el vino diciendo las palabras correspondientes y vuelve a hacer una genuflexión. La Consagración es el punto central de la Misa, la parte más importante, porque se vuelve a celebrar el sacrificio incruento de la Cruz. Al terminar el sacerdote dice: “Este es el misterio de nuestra fe”, como invitación a los fieles a que se adhieran conscientemente al misterio de la Iglesia. En esta parte se pide por los vivos, por los santos, se conmemoran a los difuntos y el sacerdote hace su petición personal. El rito de la consagración termina con las palabras: “Por Él, con Él y en Él, al Padre en unidad con el Espíritu Santo, todo honor y toda Gloria por los siglos de los siglos”, es la glorificación de la Trinidad (doxología). Si se analiza éste es el objeto de la creación: la Gloria de Dios.

Rito de la Comunión o Plegaria Eucarística: La consumación del sacrificio, el banquete. Comienza con el Padre Nuestro. La oración por excelencia que nos enseñó Jesús. Sus siete peticiones toman un sentido especial cuando se recita, poder sentirse hijos de Dios, contiene todo lo que se da en el sacrificio de la Misa.

Oraciones por la paz: Se pide la paz en la oración que enlaza con el Padre Nuestro y la que enseguida se dirige a Cristo. No se pide una paz externa, sino interna. Una paz que exige valor, que es una lucha contra el pecado. Se puede resumir en el encuentro de la Salvación. Cuando se da la paz, se debe de tener una verdadera disposición a ello, ninguna palabra mencionada en la Misa es formulario.

La Fracción del pan: el sacerdote parte la hostia consagrada en tres. La más pequeña la junta con las demás. Se invoca al Cordero de Dios, que es el que quita el pecado, lo destruye y que por su sacrificio es el que da la posibilidad del desprendimiento de los pecados. El sacerdote dice una oración con sentimiento de humildad, pidiendo que lo libre de cualquier falta y que cumpla sus mandamientos.

La recepción del sacramento, la Comunión: Si no hubiera comunión, la Misa sería incompleta, no hay que olvidar que Cristo, en la Última Cena, nos exhorta a ello. El sacerdote comulga primero, luego la distribuye a los fieles, quienes deben de estar conscientes de lo que van a hacer.

Rito de purificación: Luego de haber distribuido la Comunión, se limpian o purifican los objetos sagrados, con el fin de que el cuerpo y la sangre de Cristo no sean mal utilizados o sin la reverencia que se merecen.

La acción de gracias: Es elemental detenerse un momento para dar gracias a Dios, que está dentro de los que lo han recibido, y agradecerle todo los beneficios recibidos. Debe de haber una postura de recogimiento.

La oración post comunión:

Se recita y relaciona la liturgia con la Comunión. Luego, el sacerdote despide a los fieles y les da su bendición, indicándoles, que han de seguir viviendo la Misa.

 

 
 
 

 

5 Consejos para Alcanzar la Santidad

Todos en algún momento hemos escuchado historias de la vida de algún Santo como Madre Teresa de Calcuta, Juan Pablo ll, Padre Pío, etc. hay tantos Santos con grandes testimonios de vida que marcan la vida de otras personas.

Sin embargo, existen Santos sin nombre, me refiero a que las personas con “vida ordinaria” que han podido llegar a santificarse. Los Santos que conocemos, se santificaron haciendo la voluntad de Dios, y tú ¿haces la voluntad de Dios?, si nos hacemos esa pregunta y la respuesta es “si” ¡Felicidades, vas por buen camino!; pero si dudaste en responder, no te preocupes, Dios siempre te espera.
 

Por ello, te comparto 5 hábitos sencillos que puedes realizar a diario,  pero recuerda, debes ser constante:

  • Ofrece tu día a Dios

Reta a tu alarma de los “5 deliciosos minutos más” y levántate a la primera, vence tu pereza, si con la ayuda de Dios vences lo primero del día, tendrás mucho adelantado para tu jornada.

  • Oración

Dedica al menos 15 minutos de oración en silencio, conversa, escucha y medita; 15 minutos en lectura de biblia o algún libro de crecimiento espiritual, participa en la santa misa y recibe la comunión en estado de gracia.

  • Santo Rosario

Reza el Santo Rosario cada día y medita cada misterio, pues habla sobre la vida de nuestro Señor. Sólo con la perseverancia sabrás cuánto poder tiene el santo Rosario.

  • “Haz de las cosas ordinarias, algo extraordinario”
En tu vida ordinaria hay actividades que realizas constantemente, puedes ponerle un

plus

a ello, ofrece cada actividad a Dios, tratando que se haga realmente bien (si vas a limpiar dejarlo limpio, no renegar, hacerlo con amor).
  • Haz un examen de conciencia

Al finalizar tu jornada diaria, medita tus alegrías y tristezas, pregúntate ¿qué me alegró hoy? ¿Qué me entristeció hoy? ¿En qué puedo mejorar?

Te aseguro que si sigues estos hábitos constantemente en tu vida, podrás llegar a la santidad.

¡Qué! ¿Te animas?
Vamos, qué se puede.

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¿Cómo aprender a escuchar las inspiraciones del Espíritu Santo?

 

Es un aprendizaje progresivo: se trata de convertirse en aquellas ovejas que reconocen la voz de su pastor en medio de las otras voces que las rodean (Jn 10, 3-5). Para lograr esto, es necesario crear poco a poco un cierto “clima de vida” que comprende los siguientes elementos:

– Estemos firmemente decididos a hacer en todo la voluntad de Dios. Dios habla a aquellos que desean obedecerle.

– Llevemos una vida de oración regular, en la que intentemos principalmente tener una actitud de confianza, de disponibilidad interior a la acción de Dios. La fidelidad a la oración favorece y hace más profunda la disposición de apertura y de escucha.

Meditemos regularmente las Santas Escrituras: su manera de tocar y hablar a nuestro corazón despierta en nosotros una sensibilidad espiritual y nos acostumbra poco a poco a reconocer la voz de Dios.

– Evitemos lo más posible las actitudes que pueden cerrarnos a la acción del Espíritu: la agitación, las inquietudes, los miedos, los apegos excesivos a nuestra propia manera de hacer o de pensar. La escucha al Espíritu Santo requiere flexibilidad y desprendimiento interiores.

Aceptemos con confianza los acontecimientos de nuestra vida, aun cuando a veces nos contraríen o no correspondan a lo que nosotros esperábamos. Si somos dóciles a la manera en la que Dios conduce los acontecimientos de nuestra vida, si nos abandonamos entre sus manos de Padre, Él sabrá hablar a nuestro corazón. Mantengámonos – dentro de lo posible – en paz y en confianza, pase lo que pase. Cuanto más nos esforcemos por mantener la paz, más escucharemos la voz del Espíritu.

– Sepamos acoger los consejos de las personas que nos rodean. Seamos humildes de cara a nuestros hermanos y hermanas, no busquemos siempre tener la razón o la última palabra en las conversaciones. Reconozcamos nuestros errores y dejémonos corregir. Quien sabe escuchar a su hermano sabrá escuchar a Dios.

– Purifiquemos constantemente nuestro corazón en el sacramento de la penitencia. El corazón purificado por el perdón de Jesús percibirá su voz con más claridad.

– Estemos atentos a lo que pasa en el fondo de nuestro corazón. El Espíritu Santo no se deja escuchar en el ruido ni en la agitación exterior, sino en la intimidad de nuestro corazón, por medio de mociones suaves y constantes.

– Aprendamos poco a poco a reconocer lo que viene de Dios a través de los frutos que produce en nuestra vida. Lo que viene del Espíritu trae consigo paz, nos hace humildes, confiados, generosos en el don de nosotros mismos. Lo que viene de nuestra sicología herida o del demonio produce dureza, inquietud, orgullo, ensimismamiento…

Vivamos en un clima de gratitud:

si agradecemos a Dios por un beneficio, él nos dará nuevas gracias, en especial las inspiraciones interiores que necesitamos para servirle y amarle.

 

Recomendamos la lectura de:

Los 12 Frutos del Espíritu Santo:

Nos cuesta mucho ejercer las virtudes pero si perseveramos serán entonces inspiradas por el Paráclito y se llaman frutos del Espíritu Santo

 

Los 7 dones del Espíritu Santo

El temor de Dios

El Don de la Piedad

El Don de la Ciencia

El Don del Entendimiento

El Don del Consejo

El Don de la Fortaleza

El Don de la Sabiduría

 

La frustración bendita:

Muchas veces tendremos que renunciar a nuestros más apreciados dones para llevar a cabo la voluntad de Dios; las diferentes formas de cumplirla vendrán dadas por la diversidad de planes y designios que el Señor ha previsto para cada uno de nosotros

 

Cómo orar cuando queremos aceptar la voluntad de Dios

 

Oración para pedir que se haga la voluntad de Dios:

Una forma que a mí me ayuda de superar la rutina es decirle lo mismo a Dios pero con palabras espontáneas

 
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