Adviento es un período para abrir los ojos

 

El Adviento no cambia a Dios. El Adviento profundiza en nuestro deseo y en nuestra espera de que Dios realice lo que los profetas anunciaron. Rezamos para que Dios ceda a nuestra necesidad de ver y sentir la promesa de salvación aquí y ahora.

Durante este tiempo de deseo y de espera del Señor, se nos invita a rezar y a profundizar en la Palabra de Dios, pero estamos llamados ante todo a convertirnos en reflejo de la luz de Cristo, que en realidad es el mismo Cristo. De todas formas, todos sabemos lo difícil que es reflejar la luz de Cristo, especialmente cuando hemos perdido nuestras ilusiones, cuando nos hemos acostumbrado a una vida sin luz y ya no esperamos más que la mediocridad y el vacío. Adviento nos recuerda que tenemos que estar listos para encontrar al Señor en todo momento de nuestra vida. Como un despertador despierta a su propietario, Adviento despierta a los cristianos que corren el riesgo de dormirse en la vida diaria.

¿Qué esperamos de la vida o a quién esperamos? ¿Por qué regalos o virtudes rezamos en este año? ¿Deseamos reconciliarnos en nuestras relaciones rotas? En medio de nuestras oscuridades, de nuestras tristezas y secretos, ¿qué sentido deseamos encontrar? ¿Cómo queremos vivir las promesas de nuestro Bautismo? ¿Qué cualidades de Jesús buscaremos para nuestras propias vidas en este Adviento? Con frecuencia, las cosas, las cualidades, los regalos o las personas que buscamos y deseamos dicen mucho sobre quiénes somos realmente. ¡Dime qué esperas y te diré quién eres!

Adviento es un período para abrir los ojos, volver a centrarse, prestar atención, tomar conciencia de la presencia de Dios en el mundo y en nuestras vidas.

Adviento ofrece la maravillosa oportunidad de realizar las promesas y el compromiso de nuestro Bautismo.

El cardenal Joseph Ratzinger escribió que “el objetivo del año litúrgico consiste en recordar sin cesar la memoria de su gran historia, despertar la memoria del corazón para poder discernir la estrella de la esperanza. Esta es la hermosa tarea del Adviento: despertar en nosotros los recuerdos de la bondad, abriendo de este modo las puertas de la esperanza”.

En este tiempo de Adviento, permítanme presentarles algunas sugerencias:

Acaben con una riña. Hagan la paz. Busquen a un amigo olvidado. Despejen la sospecha y sustitúyanla por la confianza. Escriban una carta de amor.

Compartan un tesoro. Respondan con dulzura, aunque les gustara una respuesta brutal. Alienten a un joven a tener confianza en él mismo. Mantengan una promesa. Encuentren tiempo, tómense tiempo. No guarden rencor. Perdonen al enemigo. Celebren el sacramento de la reconciliación. Escuchen más a los otros. Pidan perdón si se han equivocado. ¡Sean gentiles aunque no se hayan equivocado! Traten de comprender. No sean envidiosos. Piensen antes en el otro.

Rían un poco. Ríanse un poco más. Gánense la confianza. Opónganse a la maldad. Sean agradecidos. Vayan a la iglesia. Quédense en la iglesia más de tiempo de lo acostumbrado. Alegren el corazón de un niño. Contemplen la belleza y la maravilla de la tierra. Expresen su amor. Vuélvanlo a expresar. Exprésenlo más fuerte. Exprésenlo serenamente.

¡Alégrense porque el Señor está cerca!

 

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Oración para el Cuarto Domingo de Adviento

 

ORACIÓN PARA EL CUARTO DOMINGO

CUARTO DOMINGO

Todos hacen la señal de la cruz.
Guía: “Nuestro auxilio es en el nombre del Señor”
Todos: “Que hizo el cielo y la tierra”

Liturgia de la Palabra:
Primera lectura: Rm 13,13-14 “Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestios del Señor Jesucristo”. “Palabra de Dios”
Todos: “Te alabamos Señor”.

Segunda lectura: 2 Tes. 1,6-7 “Es justo a los ojos de Dios pagar con alivio a vosotros, los afligidos, y a nosotros, cuando el Señor Jesús se revele, viniendo del cielo acompañado de sus poderosos ángeles, entre las aclamaciones de sus pueblo santo y la admiración de todos los creyentes.” -“Palabra de Dios”
Todos: “Te alabamos Señor”.
Guía: “Ven, Señor, y no tardes.
Todos: “Perdona los pecados de tu pueblo”.

SE ENCIENDEN LAS CUATRO VELAS
Guía: 
“Bendigamos al Señor”
Todos hacen la señal de la cruz mientras dicen: “Demos gracias a Dios”.

Humildad y gloria
El Nacimiento de Jesús

Guía: Lectura del Evangelio según San Lucas (2:6-7)
“Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron
los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito,
le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.”
“Palabra de Dios”

Todos: “Te alabamos Señor”.

MEDITACION

La Virgen y San José, con su fe, esperanza y caridad salen victoriosos en la prueba. No hay rechazo, ni frío, ni oscuridad ni incomodidad que les pueda separar del amor de Cristo que nace. Ellos son los benditos de Dios que le reciben. Dios no encuentra lugar mejor que aquel pesebre, porque allí estaba el amor inmaculado que lo recibe.

Nos unimos a La Virgen y San José con un sincero deseo de renunciar a todo lo que impide que Jesús nazca en nuestro corazón.

Tiempo de silencio / Tiempo de intercesión
Padre Nuestro / Ave María.

ORACIÓN FINAL

Derrama Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.

Todos: “Amén”

 

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Dos actitudes que los fieles debemos tomar en Adviento

 

En la meditación del Ángelus del primer domingo de Adviento, 2 de diciembre de 2018, el Papa Francisco señaló dos actitudes que en este tiempo litúrgico debe tener el fiel: salir de sí, para abrirse a los demás y a Jesús que llega, y una actitud de vigilancia y oración.

El Papa recordó qué es el Adviento y cuál es la aplicación en la vida del cristiano de este tiempo litúrgico eclesial: “En Adviento no vivimos sólo la expectativa de la Navidad, sino que estamos invitados a despertar la espera del glorioso regreso de Cristo, preparándonos para el encuentro final con Él con elecciones coherentes y valientes. En estas cuatro semanas estamos llamados a dejar atrás un estilo de vida resignado y rutinario, alimentando esperanzas y sueños para un futuro nuevo”.

Estamos llamados también en Adviento, a

dejar de vivir encerrados en nosotros mismos:

“El sueño interior nace de girar siempre en torno a nosotros mismos y de quedar bloqueados en el encierro de la propia vida, con sus problemas, sus alegrías y sus dolores. Aquí yace la raíz del letargo y la pereza de que habla el Evangelio. El Adviento nos invita a un compromiso de vigilancia, mirando fuera de nosotros mismos, ampliando nuestras mentes y corazones para abrirnos a las necesidades de nuestros hermanos y al deseo de un mundo nuevo”.

Si tenemos que vernos a nosotros mismos, en sobre todo en aquello que debemos cambiar, lo cual también puede ser meditación en este Adviento: Hablando del Evangelio del día, señaló el Pontífice que “las palabras de Jesús resuenan particularmente incisivas: Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día [ndr. el día de nuestra comparecencia ante Cristo] no caiga de improviso sobre ustedes. Estén despiertos todo el tiempo y oren incesantemente”.

 

La segunda actitud en este Adviento:

Vigilancia y Oración

Es claro, no hay preparación adecuada para la venida del Salvador del mundo sin oración.

Dice el Evangelio de San Lucas: “Levántense y alcen la cabeza, porque su liberación está cerca”. “Se trata de levantarse y orar volviendo nuestros pensamientos y corazones a Jesús que está a punto de venir. Nos levantamos cuando se espera algo o alguien. Nosotros esperamos a Jesús y queremos esperarlo en la oración, que está estrechamente ligada a la vigilancia”, dijo el Papa Francisco.

Segundo domingo de Adviento:

Conversión del corazón

 

Este segundo domingo de Adviento abre una semana en la que se nos invita a estar en vela, a través de un anhelo de permanente conversión del corazón. Durante el camino de nuestra vida podremos ir convirtiéndonos, rectificando.

 

En la liturgia de la palabra de la Misa de este domingo se nos sugiere preparar lo mejor posible el camino que conduce a Jesús, desprendiéndonos de todo lo que obstaculice esa venida de Dios que esperamos. Se alude al cielo nuevo y la nueva tierra que significa contar con Jesucristo, a su llegada hace XXI siglos y cada día, también a fecha de hoy, presente en nuestras almas en gracia y eminentemente en la Eucaristía.

Las referencias escriturísticas al desierto quieren recordarnos el distanciamiento que conviene lograr de todo aquello que nos aleje del amor de Dios. Y sabemos que alejarnos del amor de Dios es alejarnos del amor al prójimo.

 

La alegría del perdón de Dios

Pero la Iglesia nos recuerda que siempre hay remedio, y que si nos hemos separado de Dios podemos volver a Él a través del sacramento de la confesión sacramental, o sacramento de la alegría o del perdón.

Dios ama siempre, queramos a no pedirle perdón, reconozcamos o no que le hemos ofendido.

Y Dios ha dispuesto perdonar al hombre de sus pecados a través de uno de los siete sacramentos, que instituyó y confió a los apóstoles al inicio de la Iglesia y luego a sus sucesores –los obispos y colaboradores, los sacerdotes– para ser instrumentos de su misericordia, quienes actúan en la persona de Cristo. Así, obtenemos el perdón de Dios a través de hombres que en ese momento son el mismo Jesús, pues solo Dios puede perdonar los pecados, y en su sabiduría infinita ha dispuesto que así sea.

En el gesto de acudir al sacerdote para confesarme hay una objetividad que verifica que me llegue la gracia del perdón divino y así pueda limpiarse el alma del pecado.

Para una buena confesión tradicionalmente se nos ha animado a examinar la conciencia en la presencia de Dios, dolernos de haberle ofendido, proponernos firmemente mejorar, decir los pecados al confesor íntegra y sinceramente, y cumplir la penitencia que nos imponga. Y junto a ello la grata actitud de dejarse sorprender, asombrar, por un Dios que ama y sólo ama.

No se trata, lo sabemos, de ser impecables, pues eso es un sueño ilusorio. Desde que somos concebidos heredamos el pecado original cometido por nuestros primeros padres, y aunque al ser bautizados se nos borra, de por vida tendremos la inclinación al pecado, que muchas veces vencerá sobre el bien, sobre el amor. Así, de lo que se trata es de levantarse una y mil veces, abrazar el perdón amoroso de Dios, que, como buen padre, siempre nos lo dispensa gratuita y misericordiosamente.

 

En plena Novena de la Inmaculada

Este domingo de Adviento transcurre en plena Novena de la Inmaculada, costumbre que consiste en preparar la solemnidad del 8 de diciembre. El dogma de la Inmaculada Concepción de María fue declarado por el Papa Pío IX en 1854: la Virgen preservada inmune de toda mancha de la culpa original del pecado desde su concepción.

¿Cómo se vive esta costumbre? Personalmente, poniendo más empeño, cariño, en el trato con la Virgen, esmerándose en la oración, el espíritu de sacrificio, entrega, el trabajo profesional u ocupación que sea, y procurando de algún modo –sobre todo a través del ejemplo y la alegría– acercar a Dios a quienes nos rodean.

Además, existe la tradición de celebrar esta Novena comunitariamente, con algún evento diario, en honor a María, desembocando en la solemnidad del día 8.

Un día el de hoy, y durante esta Novena, para considerar ese punto de Forja –1028– de san Josemaría Escrivá de Balaguer: “Me conmovió la súplica encendida que salió de tus labios: ‘Dios mío: sólo deseo ser agradable a tus ojos: todo lo demás no me importa. Madre Inmaculada, haz que me mueva exclusivamente el Amor’”.

El 6 de diciembre, además, celebramos a san Nicolás de Bari, obispo del siglo IV que, entre otras cosas, destacó por su participación en el concilio de Nicea condenando las doctrinas de Arrio, quien se negaba a admitir el dogma de la divinidad de Cristo.

El Adviento, preparación para la Navidad

 

Significado del Adviento

La palabra latina “adventus” significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.

 

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia.

El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.

Esta es su triple finalidad:

– Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esta fue su primera venida.

– Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la “presencia de Jesucristo” en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.

– Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la “majestad de su gloria”. Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creído en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.

En el Evangelio, varias veces nos habla Jesucristo de la Parusía y nos dice que nadie sabe el día ni la hora en la que sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita en el Adviento a prepararnos para este momento a través de la revisión y la proyección:

Aprovechando este tiempo para pensar en qué tan buenos hemos sido hasta ahora y lo que vamos a hacer para ser mejores que antes. Es importante saber hacer un alto en la vida para reflexionar acerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con el prójimo. Todos los días podemos y debemos ser mejores.

En Adviento debemos hacer un plan para que no sólo seamos buenos en Adviento sino siempre. Analizar qué es lo que más trabajo nos cuesta y hacer propósitos para evitar caer de nuevo en lo mismo.

Algo que no debes olvidar

El adviento comprende las cuatro semanas antes de la Navidad.
El adviento es tiempo de preparación, esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor.
En el adviento nos preparamos para la navidad y la segunda venida de Cristo al mundo, cuando volverá como Rey de todo el Universo.
Es un tiempo en el que podemos revisar cómo ha sido nuestra vida espiritual, nuestra vida en relación con Dios y convertirnos de nuevo.
Es un tiempo en el que podemos hacer un plan de vida para mejorar como personas.

 

Cuida tu fe

Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del Adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano.

 

De esta forma viviremos la Navidad del Señor ocupados del Señor de la Navidad.

 
 
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Tiempo de Adviento, preparación para la llegada de Jesús

 

Mañana domingo comienza el tiempo de Adviento, el Año Litúrgico, en curso desde el domingo 29 de noviembre hasta el 24 de diciembre.

Rafael de Mosteyrín, sacerdote del Opus Dei, nos ofrece el siguiente artículo sobre el sentido de este tiempo litúrgico.

 

La palabra Adviento quiere decir venida. Es el tiempo en que los cristianos nos preparamos para celebrar la llegada de Jesucristo. Abarca las cuatro semanas antes de Navidad. Una costumbre muy bonita, y de gran ayuda para vivir este tiempo, es la Corona de Adviento, que es como el primer anuncio de la Navidad.

Esta Corona se hace con ramitas entrelazadas con hojas de pino, verdes, sobre las que se colocan cuatro velas. El primer domingo de Adviento se enciende la primera vela, y cada domingo siguiente de Adviento, se enciende una vela más, hasta llegar a la Navidad.

Mientras se encienden las velas se dice una oración, utilizando algún pasaje de la Biblia, y se recita algún canto apropiado. Es muy recomendable vivir esta costumbre en cada casa, por ejemplo, antes o después de la cena.

Lo más importante es el significado: la Luz, que va aumentando con la proximidad del nacimiento de Jesús, pues Él es la “Luz del Mundo”.

Lo fundamental del Adviento es que recordemos quién es Jesucristo. Se trata del Hijo de Dios hecho hombre, que nació de la Virgen María, por obra y gracia del Espíritu Santo. Es verdadero Dios y verdadero hombre. Igualmente celebramos también a la Virgen María. Ella es la Madre de Jesús y Madre nuestra, concebida sin pecado original, que está en el Cielo en cuerpo y alma.

Son el motivo de nuestra esperanza. Pero, ¿por qué debemos tener esperanza? ¿A quién debemos esperar? Porque todos tenemos, al menos a veces, momentos de desánimo y desesperanza. Lo que de nosotros se espera es que aportemos lo poquito que podamos para transmitir el bien a nuestro alrededor, como manifestación de que es lo que quiere Jesús para nosotros, y para todos los hombres de buena voluntad.

El día que nos muramos, tal vez el mundo siga siendo tan malo, pero lo será, gracias a nosotros, un poco menos. Contra la desesperanza no hay más que un tratamiento: hacerse menos preguntas y trabajar más.

Un claro ejemplo de esperanza ocurrió después del incendio que dejó en cenizas  el laboratorio de Thomas Alva Edison. El inventor tenía ya 67 años y al día siguiente, observando las ruinas, dijo estas palabras: “El desastre tiene un gran valor porque quema todos nuestros errores. Gracias a Dios siempre podemos empezar de nuevo”.

Edison era un luchador optimista y volvió a empezar, sin quejas, a hacer lo que tenía que hacer.

El Adviento son cuatro semanas al año que nos ayudan a preparar nuestra vida, por dentro, para recibir bien a Jesús. La mayor alegría que le podemos dar es arrepentirnos de nuestros pecados, con la Confesión, y recibirle en nuestra alma en gracia, con la Comunión. Al prepararnos para celebrar que Jesús nace necesitamos una buena puesta a punto.

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El Adviento, preparación para la Navidad

 

Significado del Adviento

La palabra latina “adventus” significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.

 

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia.

El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.

Esta es su triple finalidad:

– Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esta fue su primera venida.

– Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la “presencia de Jesucristo” en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.

– Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la “majestad de su gloria”. Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creido en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.

En el Evangelio, varias veces nos habla Jesucristo de la Parusía y nos dice que nadie sabe el día ni la hora en la que sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita en el Adviento a prepararnos para este momento a través de la revisión y la proyección:

Aprovechando este tiempo para pensar en qué tan buenos hemos sido hasta ahora y lo que vamos a hacer para ser mejores que antes. Es importante saber hacer un alto en la vida para reflexionar acerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con el prójimo. Todos los días podemos y debemos ser mejores.

En Adviento debemos hacer un plan para que no sólo seamos buenos en Adviento sino siempre. Analizar qué es lo que más trabajo nos cuesta y hacer propósitos para evitar caer de nuevo en lo mismo.

Algo que no debes olvidar

El adviento comprende las cuatro semanas antes de la Navidad.
El adviento es tiempo de preparación, esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor.
En el adviento nos preparamos para la navidad y la segunda venida de Cristo al mundo, cuando volverá como Rey de todo el Universo.
Es un tiempo en el que podemos revisar cómo ha sido nuestra vida espiritual, nuestra vida en relación con Dios y convertirnos de nuevo.
Es un tiempo en el que podemos hacer un plan de vida para mejorar como personas.

 

Cuida tu fe

Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del Adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano.

De esta forma viviremos la Navidad del Señor ocupados del Señor de la Navidad.

 

 

El origen histórico del Adviento

Para nosotros el Adviento debe prepararnos para la celebración de venida del Señor.

Tanto en lo referente a su nacimiento cuanto a su venida gloriosa al final de los tiempos.
 

El Adviento es un tiempo litúrgico preparatorio a la Navidad, que busca disponernos a vivir intensamente la espera por la venida del Señor. ¿Pero cuándo se empezó a dar? Vamos a tratar de explicar un poco su origen y los inicios.

No se tiene una fecha exacta de cuándo empezó a celebrarse el Adviento, pues en su inicio no fue concebido como una celebración preparatoria consciente, ni fue algo universal, sino que se fue acentuando poco a poco en el discernimiento de preparar la celebración de venida del Señor. ¿Pero cuál venida? Aquí se plantean dos posiciones: una espera a su nacimiento, lo que sería una especie de adviento para la Navidad, y otro respecto a su venida gloriosa, que sería de carácter escatológico[1].

Para nosotros como cristianos, el Adviento debe representar ambas posiciones, pues por un lado recordamos el hecho histórico de su venida, pero eso mismo debe disponer nuestro corazón para acoger el mensaje que anuncia su venida gloriosa. Nosotros en Adviento nos preparamos para una venida de Cristo, que debe ser permanente, acogiendo al Señor cada día, para que su gracia nos transforme con su venida. Bien diría Benedicto XVI en una homilía de Adviento:

Los cristianos adoptaron la palabra “Adviento” para expresar su relación con Jesucristo: Jesús es el Rey, que ha entrado en esta pobre “provincia” denominada tierra para visitar a todos; invita a participar en la fiesta de su Adviento a todos los que creen en él, a todos los que creen en su presencia en la asamblea litúrgica. Con la palabra adventus se quería decir substancialmente: Dios está aquí, no se ha retirado del mundo, no nos ha dejado solos. Aunque no podamos verlo o tocarlo, como sucede con las realidades sensibles, él está aquí y viene a visitarnos de múltiples maneras[2].

Precisamente por ser la Navidad, una celebración de su nacimiento, el Adviento como preparación es algo que surge posterior a la celebración de la Navidad misma[3]. Incluso, en los Padres de la Iglesia que se toman como referencia para encontrarle raíces al Adviento, no se puede afirmar que lo hagan de forma explícita sino sólo indicios de un llamado a tomar conciencia de lo que pronto se va a vivir. Ese es el caso de San Máximo de Turín, padre del cual nos quedan dos sermones alusivos a los días previos a la Navidad. En el Sermón 61 por ejemplo nos expresa:

Hermanos, aunque yo callara, el tiempo nos advierte que la Navidad de Cristo, el Señor, está cerca, pues la misma brevedad de los días se adelanta a mi predicación. El mundo con sus mismas angustias nos está indicando la inminencia de algo que lo mejorará, y desea, con impaciente espera, que el resplandor de un sol más espléndido ilumine sus tinieblas…

Hagamos también nosotros lo que acostumbra a hacer el mundo: como en ese día el mundo empieza a incrementar la duración de su luz, también nosotros ensanchemos las lindes de nuestra justicia; y al igual que la claridad de ese día es común a ricos y pobres, sea también una nuestra liberalidad para con los indigentes y peregrinos; y del mismo modo que el mundo comienza en esa fecha a disminuir la oscuridad de sus noches, amputemos nosotros las tinieblas de nuestra avaricia.

Estando, hermanos, a punto de celebrar la Navidad del Señor, vistámonos con puras y nítidas vestiduras. Hablo de las vestiduras del alma, no del cuerpo. Adornémonos no con vestidos de seda, sino con obras preciosas. Los vestidos suntuosos pueden cubrir los miembros, pero son incapaces de adornar la conciencia, si bien es cierto que ir impecablemente vestido mientras se procede con sentimientos corrompidos es vergüenza mucho más odiosa. Por tanto, adornemos antes el afecto del hombre interior, para que el vestido del hombre exterior esté igualmente adornado; limpiemos las manchas espirituales, para que nuestros vestidos sean resplandecientes[4].

De este sermón podemos resaltar que si bien no se trata de una alusión directa al Adviento, sí nos lleva air preparando nuestra vida interior a la celebración del Nacimiento de Cristo.

Otro texto que es importante resaltar, y podríamos decir que la mención más antigua de un tipo de preparación es uno de los cánones del Concilio de Zaragoza, en el año 380 d.C, que expresa el precepto de asistir a la Iglesia sin falta en los días previos a la Epifanía:

  1. Que ninguno falte a la iglesia en las tres semanas que preceden a la Epifanía.
    Además ley: En los veintiún días que hay entre el 17 de diciembre hasta la Epifanía que es el 6 de enero, no se ausente nadie de la iglesia durante todo el día, ni se oculte en su casa, ni se marche a su hacienda, ni se dirija a los montes ni ande descalzo, sino que asista a la iglesia. Y los admitidos que no hicieren así, sean anatematizados para siempre. Todos los obispos dijeron: Sea anatema[5]

Tanto la cita del concilio de Zaragoza en el siglo IV, como la de San Máximo en el siglo V no logran probar una celebración como tal del Adviento, pero sí van mostrando la conciencia que toman los cristianos, de prepararse como debe ser para vivir el Nacimiento de Cristo.

Posteriormente en el siglo VI, el Concilio de Tours sigue mostrando la observancia de un ayuno para los monjes desde el primero de diciembre hasta Navidad, todos los días[6]. Esto indica que tenían la concepción de ver los días previos a la Navidad de forma penitencial, y es por ello que el tiempo de Adviento utiliza el color morado en tres de las cuatro semanas.

Ya hemos mencionado a San Martín, y ese nombre será clave para el paulatino desarrollo del tiempo de adviento con carácter penitencial, pues se cuenta que San Perpetuo de Tours en el siglo V, ordenó en su diócesis, tres días de ayuno por semana desde la fiesta de San Martín (11 de noviembre) hasta la Navidad, algo que nos menciona San Gregorio de Tours en su obra titulada Historia de los Francos, quien fuera posterior en la sede a San Martín de Tours[7]. Este tiempo era como una segunda cuaresma y por eso recibió el nombre de la Cuaresma de San Martín, y así fue pasando a otros países[8].

Este tiempo de carácter cuaresmal, preparatorio, tuvo diversa duración en distintas partes. Mientras en Milán y en las iglesias de España duraba seis semanas, en Roma se dejó en cuatro semanas, tal como lo tenemos hoy día, que fue la norma seguida por el resto de Iglesias con el tiempo. Esas cuatro semanas comprendían las anteriores a la misma celebración de Navidad.

La Liturgia mostró en su práctica, la fuerte herencia que Cuaresma le dejó al Adviento, por ejemplo se generalizó el uso del color negro en los ornamentos sacerdotales (más tarde, se pasó al morado), los diáconos no vestían dalmáticas, sino planetas y se eliminaron los cantos del Gloria, el Te Deum y el

Ite missa est, así como el sonido de los instrumentos musicales. También se prohibió la celebración de las bodas solemnes. Después del rezo del Oficio Divino, estaban prescritas algunas oraciones de rodillas. En algunos lugares, para asemejarlo todavía más con la Cuaresma, en los últimos días de Adviento se cubrían con velos las imágenes y altares, igual que en el tiempo de Pasión. Durante siglos, el himno más usado en las Misas y en el Oficio fue el Rorate coeli desuper, et nubes pluant iustum (Is 45,8), con las estrofas penitenciales que piden perdón por los pecados[9].

Los sacramentarios, textos litúrgicos que contenían los textos que debía recitar el sacerdote u obispo en la celebración de la Misa o los sacramentos, nos dejan alguna evidencia de la evolución que tuvo el tiempo de Adviento. Por ejemplo, el sacramentario gelasiano, que data del siglo V, supone que más que una preparación previa a la Navidad, la palabra Adventus designaba un recuerdo de la Parusía (segunda venida), el que sería su contenido original. En el sacramentario gelasiano, el tiempo de Adviento estaba conformado por cinco semanas previas a Navidad.

 

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El Adviento, preparación para la Navidad

 

La palabra latina “adventus” significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.
El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia.
El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.

Esta es su triple finalidad:

– Recordar el pasado:

Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esta fue su primera venida.

– Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la “presencia de Jesucristo” en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.

– Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la “majestad de su gloria”. Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creído en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.
En el Evangelio, varias veces nos habla Jesucristo de la Parusía y nos dice que nadie sabe el día ni la hora en la que sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita en el Adviento a prepararnos para este momento a través de la revisión y la proyección:
Aprovechando este tiempo para pensar en qué tan buenos hemos sido hasta ahora y lo que vamos a hacer para ser mejores que antes. Es importante saber hacer un alto en la vida para reflexionar acerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con el prójimo. Todos los días podemos y debemos ser mejores.
En Adviento debemos hacer un plan para que no sólo seamos buenos en Adviento sino siempre. Analizar qué es lo que más trabajo nos cuesta y hacer propósitos para evitar caer de nuevo en lo mismo.
Algunas ideas para vivir el Adviento
La Corona de Adviento

Algo que no debes olvidar
El adviento comprende las cuatro semanas antes de la Navidad.
El adviento es tiempo de preparación, esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor.
En el adviento nos preparamos para la navidad y la segunda venida de Cristo al mundo, cuando volverá como Rey de todo el Universo.
Es un tiempo en el que podemos revisar cómo ha sido nuestra vida espiritual, nuestra vida en relación con Dios y convertirnos de nuevo.
Es un tiempo en el que podemos hacer un plan de vida para mejorar como personas.

Cuida tu fe
Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del Adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano.
De esta forma viviremos la Navidad del Señor ocupados del Señor de la Navidad.

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