Papa Francisco

desde Roma
 
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Salir de nuestro propio yo y acoger a los pobres es cristiano

El Papa advierte de dos tentaciones a las que se enfrenta el cristiano en nuestro tiempo: el “ahora mismo” y el “yo”

 
 
Las prisas no son buenas. Jesús nos pide ser perseverantes
 
La primera tentación de la que advierte es la de “la prisa” y el “ahora mismo”. El Papa invita a no prestar atención a quien “difunde alarmismos y alimenta el miedo del otro y del futuro” – porque, dice – “el miedo paraliza el corazón y la mente”. “Nos dejamos seducir por la prisa de querer saberlo todo y ahora mismo, por el cosquilleo de la curiosidad, por la última noticia llamativa o escandalosa, por las historias turbias, por los chillidos del que grita más fuerte y más enfadado” señala el Papa y asegura que “esta prisa, este todo y ahora mismo, no viene de Dios”.
 
Francisco también explica que si nos sentimos atraídos por “el último grito”, no encontramos más tiempo para Dios y para el hermano que vive a nuestro lado. Es por eso que nos recuerda el antídoto que propone Jesús y que no es otro que “la perseverancia”: “Perseverancia es seguir adelante cada día con los ojos fijos en aquello que no pasa: el Señor y el prójimo”.
 
Yo, cristiano, ¿tengo al menos un pobre como amigo?
 
Durante su homilía, el Papa ha señalado el segundo engaño del que Jesús nos quiere alejar: la tentación del yo. Para Francisco, quien dice “yo”, “no habla la lengua de Jesús”, esa lengua en la que reina el “tu”. Además, el Papa dice que no basta la etiqueta “cristiano” o “católico” para ser de Jesús y condena esa actitud equivocada de muchos, basada en: hago lo correcto, pero para ser considerado bueno; doy, pero para recibir a cambio; ayudo, pero para atraer la amistad de esa persona importante. “La Palabra de Dios impulsa a dar al que no tiene para devolvernos y a servir sin buscar recompensas y contracambios” y nos pobres – puntualiza – “son preciosos a los ojos de Dios porque no hablan la lengua del yo”.
 
Los pobres son el tesoro de la Iglesia
 

“Estando con los pobres aprendemos los gustos de Jesús” ha dicho el Pontífice al final de su homilía. También ha pedido que hagamos una reflexión para cuando un pobre golpee a nuestra puerta “ no sintamos fastidio” sino que “acojamos su grito de auxilio como una llamada a salir de nuestro proprio yo”. “Dios es amor y el pobre que pide mi amor me lleva directamente a Él” dice y concluye: “Los pobres nos facilitan el acceso al cielo, desde ahora son nuestro tesoro, el tesoro de la Iglesia, porque nos revelan la riqueza que nunca envejece, la que une tierra y cielo, y por la cual verdaderamente vale la pena vivir: el amor”.

 

 
 

 

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La vocación matrimonial, “escultura viviente” de Dios

 
 
Catequesis del Santo Padre
 
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
 
Esta audiencia se hace con dos grupos: los enfermos están en el Aula Pablo VI –yo he estado con ellos, les he saludado y bendecido; serán alrededor de doscientos cincuenta. Allí estarán más cómodos a causa de la lluvia – y nosotros aquí. Pero ellos nos miran gracias a la pantalla gigante. Vamos a saludarnos, los dos grupos, con un aplauso.
 
Los Hechos de los Apóstoles narran que Pablo, como evangelizador incansable que es, después de su estancia en Atenas, caracterizada por la hostilidad continúa la carrera del Evangelio en el mundo. La nueva etapa de su viaje misionero es Corinto, capital de la provincia romana de Acaya,  una ciudad comercial y cosmopolita, gracias a la presencia de dos importantes puertos.
 
Como leemos en el capítulo 18 de los Hechos, Pablo encuentra hospitalidad con un matrimonio, Áquila y Priscila (o Prisca), obligados a mudarse de Roma a Corinto después de que el emperador Claudio decretase la expulsión de los judíos (cf. Hechos 18:2).  Me gustaría hacer un paréntesis. El pueblo judío ha sufrido tanto en la historia. Ha sido expulsado, perseguido… Y, el siglo pasado, hemos visto tantas cosas, tantas brutalidades cometidas contra el pueblo judío y todos estaban convencidos de que se hubiera acabado. Pero hoy, empieza a renacer aquí y allí la costumbre de perseguir a los judíos. Hermanos y hermanas, esto no es ni humano ni cristiano. ¡Los judíos son hermanos nuestros! Y no hay que perseguirlos ¿entendido? Estos esposos demuestran que tienen un corazón lleno de fe en Dios y generoso con los demás, capaz de dar cabida a quienes, como ellos, experimentan la condición de forasteros. Su sensibilidad los llevó a olvidarse de sí mismos para practicar el arte cristiano de la hospitalidad (cf. Rm 12,13; Hb 13,2) y a abrir las puertas de su casa para acoger al apóstol Pablo. Así hospedan no sólo al evangelizador, sino también al anuncio que lleva consigo: el Evangelio de Cristo, que es “una fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree” (Rm 1,16). Y desde ese momento en adelante su casa se impregna del perfume de la Palabra “viva” (Heb 4,12) que vivifica los corazones.
 
Áquila y Priscila también comparten con Pablo su actividad profesional, es decir, la fabricación de lonas. Pablo, en efecto, tenía en gran estima el trabajo manual y lo consideraba un espacio privilegiado para el testimonio cristiano (cf. 1 Cor 4, 12), así como una manera justa de mantenerse sin ser una carga para los demás o para la comunidad.
 
La casa de Áquila y Priscila en Corinto abre sus puertas no sólo al Apóstol sino también a los hermanos y hermanas en Cristo. En efecto, Pablo puede hablar de la “comunidad que se reúne en su casa” (1 Co 16,19), que se convierte en una “casa de la Iglesia”, una  “domus ecclesiae”, lugar de escucha de la Palabra de Dios y de celebración de la Eucaristía. También hoy en algunos países donde no hay libertad religiosa y no hay libertad para los cristianos, los cristianos se reúnen en una casa, algo escondidos, para rezar y celebrar la Eucaristía. También hoy existen estas casas, estas familias que se convierten en un templo para la Eucaristía,
 
Después de un año y medio en Corinto, Pablo dejó la ciudad junto con Áquila y Priscila, que se quedan en Éfeso. También allí su casa se convierte en un lugar de catequesis (cf. Hch 18,26). Finalmente, el matrimonio regresará a Roma y recibirá un espléndido elogio que el Apóstol inserta en su Carta a los Romanos. Tenía el corazón agradecido, y así escribía Pablo de estos dos esposos en la Carta a los Romanos, escuchad: “Saludad a Prisca y Áquila, colaboradores míos en Cristo Jesús. Ellos expusieron sus cabezas para salvarme. Y no soy yo solo en agradecérselo, sino también todas las Iglesias de la gentilidad” (16:4) ¡Cuántas familias en tiempos de persecución se juegan la cabeza para esconder a los perseguidos! Este es el primer ejemplo: la hospitalidad familiar, también en los momentos difíciles.
 
Entre los numerosos colaboradores de Pablo, Áquila y Priscila, emergen como “modelos de una vida conyugal responsablemente comprometida al servicio de toda la comunidad cristiana.” y nos recuerdan que, gracias a la fe y al compromiso de evangelización de tantos laicos como ellos, el cristianismo ha llegado hasta nosotros. En efecto, “para arraigar en la tierra del pueblo, para desarrollarse ampliamente, era necesario el compromiso de estas familias. Pensad que el cristianismo desde el principio lo predicaron los laicos. También vosotros, laicos, sois responsables por vuestro bautismo, de llevar adelante vuestra fe. Era el compromiso de tantas familias, de estos esposos, de estas comunidades cristianas, de fieles laicos que ofrecieron el “humus” al crecimiento de la fe. Y sólo así crece siempre la Iglesia. “(Benedicto XVI, Catequesis 7 de febrero de 2007). Es hermosa esta frase del Papa Benedicto XVI: los laicos ofrecen el humus al crecimiento de la fe.
 
Pidamos al Padre, que ha elegido hacer de los esposos su “verdadera escultura viviente” (Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, 11). Creo que aquí hay recién casados: escuchad cual es vuestra vocación, debéis ser la verdadera escultura viviente, que derrame su Espíritu sobre todos los matrimonios cristianos para que, a ejemplo de Aquila y Priscila, abran las puertas de sus corazones a Cristo y a sus hermanos y hermanas y transformen sus hogares en iglesias domésticas. Hermosa palabra: una casa es una iglesia doméstica, donde vivir la comunión y ofrecer el culto de la vida vivida con fe, esperanza y caridad. Tenemos que rezar a estos dos santos: Áquila y Prisca, para que enseñen a nuestras familias a ser como ellos: una iglesia doméstica donde hay humus para que la fe crezca.
 
 

 

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“La vida pertenece a Dios, que nos ama y se preocupa tanto por nosotros”

Palabras del Papa antes del Ángelus

 
 
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
 
La página del Evangelio de hoy (cf. Lc 20,27-38) nos ofrece una enseñanza maravillosa de Jesús sobre la resurrección de los muertos. Jesús es cuestionado por algunos saduceos, que no creían en la resurrección y por lo tanto lo provocan con una pregunta insidiosa. Se refiere a un caso paradójico, basado en la ley de Moisés: de quién será esposa, en la resurrección, una mujer que tuvo siete maridos sucesivos, todos hermanos entre sí, que murieron uno tras otro?. Jesús no cae en la trampa y responde que los que han resucitado en el más allá “no toman ni mujer ni marido, porque de hecho, no pueden morir más…” porque son iguales a los ángeles y, porque son hijos de la resurrección, son hijos de Dios” (v.35-36). Así responde Jesús.
 
Con esta respuesta Jesús invita en primer lugar a sus interlocutores – y a nosotros también – a pensar que esta dimensión terrenal en la que vivimos ahora no es la única, sino que hay otra, que ya no está sujeta a la muerte, en la que se  manifestará plenamente que somos hijos de Dios. Da gran consuelo y esperanza escuchar esta palabra sencilla y clara de Jesús sobre la vida más allá de la muerte; la necesitamos tanto especialmente en nuestro tiempo, tan rico en conocimiento sobre el universo pero tan pobre en sabiduría sobre la vida eterna.
 
Esta clara certeza de Jesús sobre la Resurrección se basa enteramente en la fidelidad de Dios, que es el Dios de la vida. De hecho, detrás de la cuestión de los saduceos se esconde una más profunda: No sólo de quién será esposa la mujer viuda de siete maridos, sino de quién será su vida. Esta es una duda que toca al hombre de todos los tiempos y también a nosotros: después de esta peregrinación terrenal, ¿qué será de nuestras vidas? ¿ pertenecerá a la nada, a la muerte?.
 
Jesús responde que la vida pertenece a Dios, que nos ama y se preocupa tanto por nosotros, hasta el punto de vincular su nombre al nuestro: es “el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. Dios no es un dios de muertos, sino de vivos; porque todos viven por él”. (vv. 37-38).  La vida subsiste donde hay vinculo, comunión, fraternidad y es una vida más fuerte que la muerte cuando se construye sobre relaciones verdaderas y vínculos de fidelidad.  Por el contrario, no hay vida si se tiene la presunción de pertenecer solo a uno mismo  y vivir como islas: en estas actitudes prevalece la muerte. El egoísmo, yo vivo para mí mismo y estoy sembrando muerte en mi corazón.
 
Que la Virgen María nos ayude a vivir cada día en la perspectiva de lo que afirmamos en la parte final del Credo: “Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo venidero”. Esperar el más allá.
 

 

 
 
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Tres caminos que

el Papa Francisco anima a recorre

 
 
El Papa Francisco pidió mirar al mundo “con simpatía, sin miedo, sin prejuicios, con valentía, como lo mira Dios, sintiendo nuestros los dolores, los gozos, las esperanzas de nuestros hermanos; desde ahí anunciar con la vida y la palabra, y hacer conocer y amar a Jesús y a María, con la creatividad de diaconías y obras de apostolado”.
 
Así lo indicó el Santo Padre en la audiencia concedida este sábado 5 de octubre a las participantes del Capítulo General de la Familia Jesús-María que se llevó a cabo en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico del Vaticano.
 
Se requiere discernimiento para saber ir más allá y plantearnos si nuestros apostolados y nuestras obras, nuestras presencias, ministerios responden o no a lo que el Espíritu Santo pidió”, señaló el Pontífice al referirse a ls miembros de esta familia religiosa que siguen los pasos de Santa Claudina y a la Congregación a lo largo de estos 200 años de historia.
 
Por ello, el Papa Francisco animó a “discernir, evaluar y elegir para poder responder cada vez mejor a lo que Dios quiere de ustedes hoy” y añadió que “nuestro tiempo también nos pide descubrir nuevos medios de evangelización y misión”.
 

Sin embargo, el Santo Padre advirtió que esta búsqueda y este discernimiento se debe hacer siempre “como cuerpo apostólico; porque los compromisos y cansancios solitarios no tienen futuro” y afirmó: “puede ser que alguna de ustedes tenga una vocación especial para abrir una brecha en cierto camino. Y ella sola lo tiene. Que vaya por ahí, físicamente sola, pero con toda la comunidad detrás. No dejen sola a ninguna”, pidió.

 
 
En esta línea, el Papa propuso recorrer estos tres senderos:
 
  1. Ser testigos de la bondad misericordiosa de Dios
  2. Caminar en la vida de fraternidad y solidaridad
  3. Discernir y tener la valentía de ir más allá
 
 
Al referirse a la bondad misericordiosa de Dios, el Santo Padre recordó que “el nombre de Dios es misericordia” y explicó que “esta ha sido la experiencia fundante de santa Claudina, el conocimiento de la bondad de Dios, misericordioso que perdona. Desde aquel día en la que ella misma presenció el fusilamiento de sus propios hermanos y el mensaje que ellos le confiaron: ‘Claudina, perdona como nosotros perdonamos’, su Fundadora, supo mirar la realidad desde Dios que es bueno y ama a las personas con un amor sin condiciones”.
 
“Una vez cuando hablé de esto, después vino una persona que había escuchado este mensaje de misericordia y me dijo: ‘Dios siempre es perdedor, siempre pierde’. Y sí, parece que sí, no le interesa ganar, le interesa que nosotros ganemos. Esa es su misericordia. Dios nos mira y experimentamos su misericordia; con su bondad cambia la realidad amándola”, explicó el Papa.
 
A continuación, les presentamos el texto completo de la audiencia del Papa Francisco con las improvisaciones que pronunció:
 
Queridas hermanas:
Las saludo con alegría en la celebración de vuestro 37 Capítulo General, y junto a ustedes quiero extender este saludo a las hermanas que trabajan por el mundo y a todos los miembros de la Familia Jesús-María. Quiero recordar también a los más pequeños, a los niños de vuestras escuelas y colegios. El tema que habéis elegido para este Capítulo es: “En camino, con esperanza, como una familia apostólica”, teniendo como icono bíblico la Visitación de María (cf. Lc 1,39-56).
 
Santa Claudina Thévenet inició esta obra apostólica sobre lo pequeño, sobre la pobreza. En estos 200 años se ha extendido fecundamente por todo el mundo, hasta estar presente hoy en 28 países, 4 continentes. Esta historia nos habla de un caminar sin descanso. Siempre en camino, como María en la Visitación, atenta a las necesidades. Caminando de prisa, pero no ansiosa. Siempre en camino, con alegría y esperanza, para poder comunicar a todos la bondad y el amor de Dios. En este sentido me gustaría sugerirles tres senderos para seguir caminando; y los tomo de la oración que les sirvió a ustedes para la Congregación del Capítulo general.
 
El primer sendero es ser testigos de la bondad misericordiosa de Dios. El nombre de Dios es misericordia. Esta ha sido la experiencia fundante de santa Claudina, el conocimiento de la bondad de Dios, misericordioso que perdona. Desde aquel día en la que ella misma presenció el fusilamiento de sus propios hermanos y el mensaje que ellos le confiaron: “Claudina, perdona como nosotros perdonamos”, vuestra Fundadora, supo mirar la realidad desde Dios que es bueno y ama a las personas con un amor sin condiciones.
 
Una vez cuando hablé de esto, después vino una persona que había escuchado este mensaje de misericordia y me dijo: ‘Dios siempre es perdedor, siempre pierde’. Y sí, parece que sí, no le interesa ganar, le interesa que nosotros ganemos. Esa es su misericordia. Dios nos mira y experimentamos su misericordia; con su bondad cambia la realidad amándola.
 
Sería bueno en estos momentos del Capítulo que revisaran y recordaran su vida, su vocación, misión a luz de esta mirada, para seguir siendo tocadas por Dios, presente en las miserias de nuestro tiempo. Solo con esta mirada se hacen nuevas todas las cosas; solo dejándonos mirar por el Señor, como la Virgen María (cf. Lc 1,48), podremos nosotros mirar la realidad con los ojos de Dios y ser sus testigos, pues la mirada de Dios cambia, nos cambia, educa, educa nuestra mirada.
 
Necesitamos mirar nuestro mundo con simpatía, sin miedo, sin prejuicios, con valentía, como lo mira Dios, sintiendo nuestros los dolores, los gozos, las esperanzas de nuestros hermanos; desde ahí anunciar con la vida y la palabra, y hacer «conocer y amar a Jesús y a María», con la creatividad de diaconías y obras de apostolado. «¡Cuán bueno es Dios!» fueron las últimas palabras de Claudina. Sean estas palabras también las de ustedes en vuestros senderos, todos los días.
 
El segundo sendero para caminar es la vida de fraternidad y solidaridad. Ustedes son un cuerpo apostólico que vive en comunidad fraterna. De este modo se animan unas a otras al seguimiento de Jesús y suscitan nuevas vocaciones. Es necesario ahondar en la comunidad con relaciones cada vez más evangélicas, de modo que pasen a ser fraternidades cada vez más apostólicas, hermanas en misión, capaces de “contagiar” a otras jóvenes para que puedan seguir esta forma de consagración.
 
Para esto hace falta abrirse al encuentro con los jóvenes, no les tengan miedo, no les tengan miedo: a través de su testimonio de vida podrán ver en ustedes algo diferente que el mundo no les puede ofrecer: la alegría de seguir a Cristo. Pero la alegría como una de las notas de la propia vida, ¿no? A mí me da pena, lo confieso, cuando veo religiosos o religiosas tristes, tristes, con cara de velorio, cara de funeral. Y a mí, me vienen ganas de decirle: Decime, ¿qué desayunaste hoy, café con leche o aceite? ¿O vinagre? La alegría, por favor, ese mirar con paz, con sonrisa, sale de adentro, y escápense de la espiritualidad: “sí, pero”. El “sí, pero”. El “pero”, ese es un camino hacia la tristeza siempre.
 
La vida fraterna en comunidad es profecía para el mundo. Su Fundadora les decía «que la caridad sea como la niña de vuestros ojos» (Positio, p. 231) para que este gran deseo abra en ustedes relaciones fraternas, de comunión que puedan ser signo del Evangelio.
 
Este mismo camino se abre a la solidaridad con el resto de nuestros hermanos, compartiendo cuanto son y cuanto tienen. En colaboración con la Familia de Jesús-María y sus colaboradores en la misión, sigan construyendo redes de comunión y de solidaridad. Se trata como decían en la oración por el capítulo de “amar y servir sin condiciones”.
 
El último sendero que me gustaría señalar es discernir y tener la valentía de ir más allá.  Siempre más allá. Hay un canto muy lindo que suelen cantar los jóvenes que es: “Más allá de las fronteras”. ¿Lo conocen? Y los jóvenes cantan eso, ¿no? Siempre más allá. La Iglesia es misionera, porque Dios es el primer misionero. Dios se abre en salida, entra en el mundo y asume lo humano.
 
Ustedes participan de esta misión con su vida y su apostolado, pues el testimonio es primordial en la evangelización (cf. Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 69). Pero como el amor se demuestra en las obras, no se cansen de hacer conocer la bondad de Dios a través de las obras apostólicas que realizan.
 
Se debe recordar que empezó cuando santa Claudina acogió a dos huérfanas abandonadas en el pórtico de la parroquia de Saint Nizier, pero los nuevos escenarios les están pidiendo también, de forma creativa, nuevas formas de evangelizar y de misionar, y de hacer conocer a Jesús y María. No tengan miedo, si van en comunidad, si tienen el apoyo de la fraternidad, y saben discernir, no hay que temer. Porque una cosa linda en nosotros es que cuando nos equivocamos, tenemos la posibilidad de volver atrás. Cuando vamos con la comunidad, con el Señor y con buen discernimiento.
 
Se necesita salir «fuera de la puerta» (Hch 16,13), como lo hiciera también su Fundadora, pero no para hacer una memoria conmovedora, sino para volver a encontrar el carisma in statu nascenti. O sea, el carisma apenas nacido. Se requiere discernimiento para saber ir más allá y plantearnos si nuestros apostolados y nuestras obras, nuestras presencias, ministerios responden o no a lo que el Espíritu Santo pidió a santa Claudina y a la Congregación a lo largo de estos 200 años de historia.
 
Las animo a discernir, evaluar y elegir para poder responder cada vez mejor a lo que Dios quiere de ustedes hoy. Nuestro tiempo también nos pide descubrir nuevos medios de evangelización y misión, pero siempre como cuerpo apostólico; porque los compromisos y cansancios solitarios no tienen futuro. Puede ser que alguna de ustedes tenga una vocación especial para abrir una brecha en cierto camino. Y ella sola lo tiene. Que vaya por ahí, físicamente sola, pero con toda la comunidad detrás. No dejen sola a ninguna.
 

Estimadas hermanas: Les agradezco todo el bien que hacen en la Iglesia y en el mundo, y también este fraterno encuentro. Que la Virgen Madre las acompañe en este camino para que puedan seguir encontrando a nuestros hermanos y hermanas, como lo hacía santa Claudina. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. Muchas gracias.