Papa Francisco

desde Roma
 

A ejemplo de José, pasar de las lógicas del enamoramiento al amor maduro

Catequesis del Papa Francisco

 

“Los novios cristianos están llamados a testimoniar un amor que tenga la valentía de pasar de las lógicas del enamoramiento a las del amor maduro”, puesto que “amar” no es pretender que el otro o la vida “corresponda con nuestra imaginación”, sino que significa más bien “elegir en plena libertad tomar la responsabilidad de la vida, así como se nos ofrece”. Así el Papa Francisco, en su catequesis del primer miércoles de diciembre y continuando con su reflexión sobre la figura de san José, quiso dar un mensaje a todos los novios. Lo hizo profundizando en características del padre adoptivo de Jesús: su ser “justo” y “desposado de María”.

José, hombre justo

En los inicios de su reflexión, señaló la utilidad de recordar las costumbres matrimoniales del antiguo Israel para “comprender el comportamiento de José en relación con María”. En aquel entonces, el matrimonio comprendía dos fases, la primera era como un noviazgo oficial, en particular la mujer, incluso viviendo aún en la casa paterna todavía durante un año, era considerada de hecho “mujer” del prometido esposo. El segundo hecho era el traslado de la esposa de la casa paterna a la casa del esposo, con una festiva procesión que completaba el matrimonio. De ahí que “en base a estas costumbres”, el hecho de que «antes de estar juntos ellos, se encontró encinta», exponía a la Virgen a la acusación de adulterio que, según la praxis, imponía el acto de repudio, con consecuencias civiles y penales para la mujer.

El Evangelio dice que José era “justo” precisamente por estar sujeto a la ley como todo pío israelita. Pero dentro de él el amor por María y la confianza que tiene en ella le sugieren una forma que salva la observancia de la ley y el honor de la esposa: decide repudiarla en secreto, sin clamor, sin someterla a la humillación pública. Elige el camino de la discreción, sin juicio ni venganza.

La importancia de sentirse necesitados de la ayuda de Dios

 

 

Francisco marcó la diferencia entre actitudes nuestras que, “en cuanto tenemos una noticia folclórica, una noticia mala de otra persona, vamos a la cháchara inmediatamente”, en comparación a las de José, que permaneció “callado”. Sucede que el papá putativo de Jesús, que había escuchado la voz de Dios a través de un sueño “así lo tenía planeado”:

¡Qué importante es para cada uno de nosotros – observó Francisco -cultivar una vida justa y al mismo tiempo sentirnos siempre necesitados de la ayuda de Dios, para poder ampliar nuestros horizontes y considerar las circunstancias de la vida desde un punto de vista diferente, más amplio!

Aunque muchas veces, dijo el Papa, “nos sentimos prisioneros de lo que nos ha sucedido”, precisamente “delante de algunas circunstancias de la vida, que nos parecen inicialmente dramáticas, se esconde una Providencia que con el tiempo toma forma e ilumina de significado también el dolor que nos ha golpeado”.  

La tentación es encerrarnos en ese dolor, en ese pensamiento de las cosas no agradables que nos han pasado. Y eso no es bueno. Eso lleva a la tristeza y a la amargura. El corazón amargado es muy feo.

Hay que pasar del enamoramiento al amor maduro

 

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Deteniéndose ante los imprevistos con los que Dios entró en los sueños y expectativas de María y José, que, aunque no sin esfuerzo inicial “abrieron de par en par el corazón” a la realidad ante ellos, el Santo Padre reconoció que “muy a menudo” nuestra vida no es como la habíamos imaginado. Sobre todo, – dijo – en las relaciones de amor, de afecto, nos cuesta pasar de la lógica del enamoramiento a la del amor maduro. Y “hay que pasar del enamoramiento al amor maduro”, afirmó. Dirigiéndose a los recién casados presentes en el Aula, los invitó a pensar que la primera fase del amor, es decir, el enamoramiento, “siempre está marcada por un cierto encanto, que nos hace vivir inmersos en un imaginario que a menudo no corresponde con la realidad de los hechos”. Sin embargo, “es precisamente cuando el enamoramiento con sus expectativas parece terminar” cuando “puede comenzar” o “cuando llega” el amor verdadero:

Amar de hecho no es pretender que el otro o la vida corresponda con nuestra imaginación; significa más bien elegir en plena libertad tomar la responsabilidad de la vida, así como se nos ofrece. Es por esto por lo que José nos da una lección importante, elige a María “con los ojos abiertos”.

El pasaje más demoníaco del Evangelio

Y podemos decir “con todos los riesgos” – añadió el Papa, recordando, inmediatamente, “el reproche” que los doctores de la ley le hacen a Jesús en el Evangelio de Juan: “No somos hijos de ahí”, refiriéndose a la prostitución. 

Como sabían que María se había quedado embarazada, querían ensuciar a la madre de Jesús. Para mí este es el pasaje más sucio y demoníaco del Evangelio. Y el riesgo asumido por José nos da esta lección: tomar la vida como viene. “¿Dios intervino allí? La tomaré”. Y José hace lo que el ángel del Señor le ordenó: «Despertándose José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer». Y no la conocía, sin convivencia esperaba un hijo, dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús (cfr. Mt 1,24-25).

No terminar el día sin hacer las paces: la guerra fría del día después es peligrosa

Es por ese motivo que el Santo Padre indicó que “los novios cristianos están llamados a testimoniar un amor así”, como el de los padres de Jesús, “que tenga la valentía de pasar de las lógicas del enamoramiento a las del amor maduro”. Se trata de “una elección exigente que, en lugar de aprisionar la vida, puede fortalecer el amor para que perdure ante las pruebas del tiempo”.

El amor de una pareja va por la vida y madura cada día. El amor del noviazgo es un poco -si se me permite decirlo- romántico. Lo han vivido todos, pero luego llega el amor maduro, el de todos los días, el del trabajo, la llegada de los hijos… Y a veces ese romanticismo desaparece un poco, ¿no? Pero, ¿no hay amor? Sí, pero un amor maduro. “Pero sabe, padre, que a veces nos peleamos…” Esto ha sucedido desde los tiempos de Adán y Eva hasta hoy, ¡que los esposos se peleen es el pan nuestro de cada día! “Pero no deberíamos discutir…” Sí, hay que hacerlo. Se hace. No digo que se deba, pero se puede. “Y Padre, pero a veces levantamos la voz…” – “Eso pasa”. “Y a veces los platos también vuelan” – “Eso pasa”. Pero, ¿cómo lo hacemos para que no dañe la vida del matrimonio? Escuchen con atención: nunca terminen el día sin hacer las paces. Nos hemos peleado, te he dicho cosas malas, Dios mío, te he dicho cosas malas. Pero ahora el día termina: tengo que hacer las paces. ¿Saben por qué? Porque la guerra fría del día siguiente es muy peligrosa. No permitan que el día después comience una guerra. Por eso, hagan las paces antes de irse a la cama. “Pero padre, usted sabe que no sé cómo expresarme para hacer las paces después de la situación tan mala que hemos vivido”. Es muy fácil: haz esto (un gesto) y la paz ya está hecha. Pero recuerden siempre. Recuerda siempre: nunca terminar el día sin hacer las paces. Y esto les ayudará en la vida matrimonial.

“Este paso del enamoramiento al amor maduro, es una elección exigente”, concluyó Francisco. Pero “es necesario recorrer ese camino”.

También este miércoles el Santo Padre concluyó la catequesis con una oración a San José:

“San José, tú que has amado a María con libertad, y has elegido renunciar a tu imaginario para hacer espacio a la realidad, ayuda a cada uno de nosotros a dejarnos sorprender por Dios y a acoger la vida no como un imprevisto del que defendernos, sino como un misterio que esconde el secreto de la verdadera alegría. Obtén para todos los novios cristianos la alegría y la radicalidad, pero conservando siempre la conciencia de que solo la misericordia y el perdón hacen posible el amor. Amén”.

 

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En nombre de Jesús no se puede hacer a nadie esclavo

Catequesis del Papa Francisco, 6 de octubre de 2021

 

El Papa Francisco ha continuado las catequesis sobre la Carta de san Pablo a los Gálatas y el día de hoy ha desarrollado el tema de la “libertad cristiana”; de ella ha dicho: “La libertad es un tesoro que se aprecia realmente solo cuando se pierde”.

 

Pasar de la libertad a la esclavitud

Francisco recuerda que el apóstol Pablo “invita a los cristianos a permanecer firmes en la libertad que han recibido con el bautismo, sin dejarse poner de nuevo bajo «el yugo de la esclavitud” (Gal 5,1).

Pablo, afirma el papa, es consciente de que “algunos «falsos hermanos», así los llama, se han infiltrado en la comunidad para «espirar – así escribe – la libertad que tenemos en Cristo Jesús, con el fin de reducirnos a esclavitud»” (Gal 2,4),

“La libertad es un don que se nos ha sido dada en el bautismo”, insiste Francisco, por eso, “no se puede hacer a nadie esclavo en nombre de Jesús que nos hace libres”.

 

Pablo habla de la libertad en positivo

“La enseñanza de san Pablo sobre la libertad es sobre todo positiva”, afirma el Obispo de Roma. “La llamada, por tanto, es sobre todo a permanecer en Jesús, fuente de la verdad que nos hace libres y prosigue señalando los dos pilares sobre los que se funda la libertad cristiana: “primero, la gracia del Señor Jesús; segundo, la verdad que Cristo nos desvela y que es Él mismo”.

 

La libertad, un don del Señor

El Papa subraya que la libertad es un don que los Gálatas han recibido, y nosotros como ellos; por eso no podemos dejar perder este don.

Para Pablo, de Cristo “brotan los frutos de la vida nueva según el Espíritu”, afirma el papa y seguidamente afirma: “Somos libres de la esclavitud del pecado por la cruz de Cristo. Precisamente ahí donde Jesús se ha dejado clavar, se ha hecho esclavo, Dios ha puesto la fuente de la liberación radical del hombre”.

“Jesús lleva a cabo su plena libertad al entregarse a la muerte; Él sabe que solo de esta manera puede obtener la vida para todos”, insiste Francisco.

 

La verdad hace libres

Francisco plantea que el segundo pilar de la libertad cristiana es la verdad. “Para ser realmente libres necesitamos no solo conocernos a nosotros mismos, a nivel psicológico, sino sobre todo hacer verdad en nosotros mismos”. En este contexto, insiste el Papa: “La libertad hace libres en la medida en la que transforma la vida de una persona y la orienta hacia el bien”.

 

La verdad debe inquietarnos

“La verdad debe perturbarnos, dice el Papa, volvamos a esta palabra tan cristiana: inquietud. Sabemos que hay cristianos que nunca se inquietan: viven siempre igual, no hay movimiento en sus corazones, no hay inquietud. ¿Por qué? Porque la inquietud es la señal de que el Espíritu Santo actúa en nosotros, y la libertad es una libertad activa, suscitada por la gracia del Espíritu Santo. Por eso digo que la libertad debe inquietarnos, debe hacernos preguntas continuamente, para que podamos profundizar más y más en lo que realmente somos”.

 

La libertad nos hace libres, alegres y felices

Francisco finaliza la catequesis insistiendo en que “el camino hacia la verdad y la libertad es un camino agotador que dura toda la vida. Es difícil permanecer libre, es difícil; pero no es imposible”.

Seguidamente, anima a todos los fieles a continuar “adelante con esto, nos hará bien. Es un camino en el que nos guía y sostiene el Amor que viene de la Cruz: el Amor que revela la verdad y nos da la libertad. Y este es el camino de la felicidad. La libertad nos hace libres, nos hace alegres, nos hace felices”.

 

 

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El futuro será de esperanza si será junto

Catequesis del Papa Francisco

 

 Una peregrinación de oración, una peregrinación a las raíces, una peregrinación de esperanza: así definió el Papa Francisco su reciente viaje apostólico a Budapest y Eslovaquia, terminado hace exactamente una semana, al que dedicó su catequesis de la audiencia general de este cuarto miércoles de septiembre.

Dirigiéndose a los fieles presentes en el Aula Pablo VI, el Santo Padre explicó los diversos aspectos de su peregrinación, que comenzó con la primera etapa en Budapest para la celebración de la Santa Misa conclusiva del Congreso Eucarístico Internacional, aplazada exactamente un año debido a la pandemia.

“La oración comenzó en Budapest, en la Misa de clausura del Congreso Eucarístico Internacional, con la adoración a Jesús Sacramentado, y se concluyó con la Fiesta de la Virgen Dolorosa en Šaštin”, dijo el Papa en nuestro idioma.

Explayándose en su catequesis en italiano, recordó la gran participación del pueblo santo de Dios, en el día del Señor, reunido ante el misterio de la Eucaristía en la Misa de Clausura del Congreso Eucarístico Internacional:

Era abrazado por la Cruz que sobresalía sobre el altar, mostrando la misma dirección indicada por la Eucaristía, es decir la vía del amor humilde y desinteresado, del amor generoso y respetuoso hacia todos, de la vía de la fe que purifica de la mundanidad y conduce a la esencialidad. Esta fe siempre nos purifica y nos aleja de la mundanidad que nos arruina, a todos: es una carcoma que nos arruina por dentro.

 

Una peregrinación de oración en el corazón de Europa

Fue una “peregrinación de oración en el corazón de Europa, iniciado con la adoración y concluido con la piedad popular”, afirmó el pontífice y añadiendo que su peregrinación de “escucha” concluyó en Eslovaquia en la Fiesta de María Dolorosa” en Šaštín, indicó:

Rezar porque a esto es a lo que sobre todo está llamado el Pueblo de Dios: adorar, rezar, caminar, peregrinar, hacer penitencia, y en todo esto sentir la paz y la alegría que nos da el Señor. Nuestra vida debe ser así: adorar, rezar, caminar, peregrinar y hacer penitencia. Y esto tiene una particular importancia en el continente europeo, donde la presencia de Dios se diluye en el consumismo y en los “vapores” de un pensamiento único – algo extraño pero real- fruto de la mezcla de viejas y nuevas ideologías. Y esto nos aleja de la familiaridad con el Señor, de la familiaridad con Dios. También en tal contexto, la respuesta que sana viene de la oración, del testimonio y del amor humilde. Del amor humilde que sirve. Retomemos esta idea: es cristiano está para servir.

 

La importancia de la memoria

“No hay oración sin memoria”, afirmó a continuación el Santo Padre, recordando el encuentro con “un pueblo fiel, que sufrió la persecución ateísta. Lo vi también en los rostros de nuestros hermanos y hermanas judíos con los cuales recordamos la Shoah”.

 

No hay oración sin memoria. ¿Qué significa esto? Significa que cuando rezamos, debemos recordar nuestra propia vida, la vida de nuestro pueblo, la vida de tantas personas que nos acompañan en la ciudad, en el pueblo, cual ha sido la historia…

 

Una peregrinación a las raíces

El segundo aspecto subrayado por Francisco fue el “recuerdo agradecido de estas raíces de fe y de vida cristiana, vívido en el ejemplo luminoso de testigos de la fe, como los cardenales Mindszenty y Korec, como el beato obispo Pavel Peter Gojdi?. Raíces que descienden en profundidad hasta el siglo IX, hasta la obra evangelizadora de los santos hermanos Cirilo y Metodio, que han acompañado este viaje como una presencia constante”.

En más de una ocasión insistí en el hecho de que estas raíces están siempre vivas, llenas de la savia vital que es el Espíritu Santo, y que como tales deben ser custodiadas: no como exposiciones de museo, no ideologizadas e instrumentalizadas por intereses de prestigio y de poder, para consolidar una identidad cerrada. No. ¡Esto significaría traicionarlas y esterilizarlas! Cirilo y Metodio no son para nosotros personajes para conmemorar, sino modelos a imitar, maestros de los que aprender siempre el espíritu y el método de la evangelización, como también el compromiso civil – durante este viaje en el corazón de Europa pensé a menudo en los padres de la Unión Europea, como la soñaron: no como una agencia para distribuir las colonizaciones ideológicas de la moda, no. Como la soñaron ellos. Así entendidas y vividas, las raíces son garantía de futuro: de ellas brotan gruesas ramas de esperanza.

 

La esperanza de los jóvenes y de quienes se ocupan del prójimo

La esperanza es el tercer aspecto de este viaje, afirmó el Papa. Esperanza que Francisco encontró “en los ojos de los jóvenes, en el inolvidable encuentro en el estadio de Košice”. “Un signo fuerte y alentador, también gracias a la presencia de numerosas parejas jóvenes, con sus hijos”, en este tiempo de pandemia.

Como fuerte y profético es el testimonio de la beata Anna Kolesárová, joven eslovaca que a costa de su vida defendió la propia virginidad contra la violencia: un testimonio más actual que nunca, lamentablemente, porque la violencia sobre las mujeres es una llaga abierta.

Esperanza que el Santo Padre tuvo ocasión de ver también en tantas personas que “silenciosamente, se ocupan y se preocupan del prójimo”:

Pienso en las Hermanas Misioneras de la Caridad del Centro Belén en Bratislava, que acoge a personas sin hogar. Pienso en la comunidad gitana y en los que se comprometen con ellos por un camino de fraternidad y de inclusión. Fue conmovedor compartir la fiesta de la comunidad gitana: una fiesta sencilla, que sabía a Evangelio.

Una “esperanza” que se hace concreta “solo si se declina con otra palabra: juntos”, precisó el Obispo de Roma:

En Budapest y en Eslovaquia nos hemos encontrado juntos con los diferentes ritos de la Iglesia católica, juntos con los hermanos de otras confesiones cristianas, juntos con los hermanos judíos, juntos con los creyentes de otras religiones, juntos con los más débiles. Este es el camino, porque el futuro será de esperanza si será juntos.

 

El corazón colmo de agradecimiento del Papa

Después de este viaje, en mi corazón hay un gran “gracias”, concluyó el Papa. Un gracias que Francisco extiende a los obispos y a las autoridades civiles; al Presidente de Hungría y a la Presidenta de Eslovaquia, a todos los colaboradores en la organización; a los muchos voluntarios; a cada uno de los que han rezado. Con una petición final:

Por favor, añadan aún una oración, para que las semillas esparcidas durante el viaje den buenos frutos.

 

¿Por qué es importante la Asunción de María?

El Papa Francisco presidió el rezo del Ángelus en la solemnidad de la Asunción de María

 

El Papa Francisco presidió el rezo del Ángelus en la solemnidad de la Asunción de María, y explicó la importancia de este día.

La asunción en cielo, en alma y en cuerpo es un privilegio divino dado a la Santa Madre de Dios por su particular unión con Jesús. Se trata de una unión corporal y espiritual, iniciada desde la Anunciación y madurada en toda la vida de María a través de su participación singular al misterio del Hijo”.

Francisco explicó que “la existencia de la Virgen se ha desarrollado como la de una mujer común de su tiempo: oraba, gestionaba la familia y la casa, frecuentaba la sinagoga… pero cada acción diaria la hacía siempre en unión total con Jesús”.

El Papa añadió que en el Calvario “esta unión ha alcanzado el pináculo del amor, en la compasión y en el sufrimiento del corazón”. “Por eso Dios le ha donado una participación llena en la resurrección de Jesús”.

“El cuerpo de la Madre ha sido preservado de la corrupción, como el del Hijo”, añadió.

 

 

El Obispo de Roma dijo que este día la Iglesia “invita a contemplar este misterio que nos muestra que Dios quiere salvar al hombre por completo, alma y cuerpo”.

“La asunción de María, criatura humana, nos da la confirmación de nuestro destino glorioso”. “La resurrección de la carne es un elemento propio de la revelación cristiana, una piedra angular de nuestra fe”, añadió.

“La realidad estupenda de la Asunción de María manifiesta y confirma la unidad de la persona humana y nos recuerda que estamos llamados a servir y glorificar a Dios con todo nuestro ser, alma y cuerpo”.

El Papa comentó que “servir a Dios solo con el cuerpo sería una acción de esclavos; servirlo solo con el alma estaría en contraste con nuestra naturaleza humana”.

Francisco indicó que “nuestro destino, en el día de la resurrección, será similar al de nuestra Madre celeste”.

 

Fuente: ACI Prensa

El verdadero milagro es el compartir

Ángelus del Papa Francisco

 

“El verdadero milagro, no es la multiplicación que produce orgullo y poder, sino la división, el compartir, que aumenta el amor y permite que Dios haga prodigios”: lo afirmó el Papa Francisco en su reflexión a la hora del Ángelus de este 17º Domingo del Tiempo Ordinario dedicado a los Abuelos y las Personas Mayores del mundo.

Reflexionando sobre el Evangelio de la Liturgia que narra el célebre episodio de la multiplicación de los panes y los peces, con los que Jesús sacia el hambre de cerca de cinco mil personas que se habían congregado para escucharlo (cf. Jn 6,1-15), Francisco evidenció el modo el que se produce este prodigio: “Jesús no crea los panes y los peces de la nada, sino que obra a partir de lo que le traen los discípulos. Dice uno de ellos: ‘Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es esto para tantos?’ (v. 9). Es poco, no es nada, pero le basta a Jesús”.

El Pontífice invita a continuación a ponernos “en el lugar de ese muchacho”. “Los discípulos le piden que comparta todo lo que tiene para comer. Parece una propuesta sin sentido. ¿Por qué privar a una persona, sobre todo a un muchacho, de lo que ha traído de casa y tiene derecho a quedárselo para sí? ¿Por qué quitarle a uno lo que en cualquier caso no es suficiente para saciar a todos?” Y explica:

“Humanamente es ilógico. Pero no para Dios. De hecho, gracias a ese pequeño don gratuito y, por tanto, heroico, Jesús puede saciar a todos. Es una gran lección para nosotros. Nos dice que el Señor puede hacer mucho con lo poco que ponemos a su disposición. Sería bueno preguntarnos todos los días: ¿Qué le llevo hoy a Jesús?”.

 Jesús puede hacer mucho con nuestras oraciones, añade el Papa, con nuestro gesto de caridad hacia los demás.  “A Dios le encanta actuar así – dice – hace grandes cosas a partir de las pequeñas y gratuitas”.

 

La pequeñez y el don

El Santo Padre evidencia cómo todos los grandes protagonistas de la Biblia, desde Abrahán hasta María y el muchacho de hoy, muestran esta lógica de la pequeñez y el don, que es muy diferente de la nuestra:

“Nosotros tratamos de acumular y aumentar lo que tenemos; Jesús, en cambio, pide dar, disminuir. Nos encanta añadir, nos gustan las adiciones; a Jesús le gustan las sustracciones, quitar algo para dárselo a los demás. Queremos multiplicar para nosotros; Jesús aprecia cuando dividimos con los otros, cuando compartimos. Es curioso que en los relatos de la multiplicación de los panes presentes en los Evangelios no aparezca nunca el verbo “multiplicar”. Es más, los verbos utilizados son de signo opuesto: “partir”, “dar”, “distribuir””.

La invitación de Jesús a “dar”

Seguidamente, haciendo una comparación con el mundo de hoy, asegura que tampoco hoy la multiplicación de los bienes resuelve los problemas sin una justa distribución y subraya la tragedia del hambre y la desnutrición:

 

“Me viene a la mente la tragedia del hambre, que afecta especialmente a los niños. Se ha calculado que alrededor de siete mil niños menores de cinco años mueren a diario en el mundo por motivos de desnutrición, porque no tienen lo necesario para vivir”.

Ante escándalos como estos, – prosigue el Obispo de Roma – Jesús nos dirige también a nosotros una invitación, una invitación similar a la que probablemente recibió el muchacho del Evangelio, que no tiene nombre y en el que todos podemos vernos:

“Ánimo, da lo poco que tienes, tus talentos y tus bienes, ponlos a disposición de Jesús y de los hermanos. No temas, nada se perderá, porque, si compartes, Dios multiplica. Echa fuera la falsa modestia de sentirte inadecuado, ten confianza. Cree en el amor, en el poder del servicio, en el poder de la gratuidad”.

En la conclusión, Francisco dirige su invocación a la Madre de Dios, para que Ella que “dijo ‘sí’ a la inaudita propuesta de Dios, nos ayude a abrir nuestros corazones a las invitaciones de Dios y a las necesidades de los demás”.

 

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El Papa: “No anestesiemos la parte más profunda de nuestro ser”

 

No pasar “de las prisas del trabajo a las de las vacaciones”. Aprendamos a detenernos y apagar el teléfono móvil para cultivar el silencio, contemplar la naturaleza y regenerarnos en el diálogo con Dios. Necesitamos una “ecología del corazón” compuesta de descanso, contemplación y compasión, como lo hizo la Virgen. A la hora del Ángelus Francisco invitó a aprovechar el tiempo de verano para ello.

 

Antes de rezar el Ángelus dominical, el Papa Francisco comentó el Evangelio de este 18 de julio, en el que a san Marcos relata el episodio del descanso al que Jesús invita a los Apóstoles tras las fatigas de la misión. El Papa dijo que esa  actitud del Señor “nos ayuda a comprender dos aspectos importantes de la vida”: el  descanso y la compasión.

 

Descanso y la compasión

Al recordar que el Señor invitó a los Apóstoles que regresaban de su misión a descansar un poco en un lugar tranquilo, Francisco se refirió a una valiosa enseñanza de Jesús que se preocupa no sólo de su cansancio físico, sino también del cansancio interior, puesto que – como dijo el Santo Padre – el Señor “quiere ponerlos en guardia contra un peligro que está siempre al acecho, también para nosotros:

 

Descanso físico y del corazón

Tras exclamar cuántas veces también esto sucede en la Iglesia en que estando atareados, yendo deprisa, y pensando que todo depende de nosotros, francisco afirmó que “al final, corremos el riesgo de descuidar a Jesús”. A lo que añadió:

“No se trata sólo de descanso físico, sino también de descanso del corazón. Porque no basta “desconectar”, es necesario descansar de verdad. Y para hacerlo, es preciso regresar al corazón de las cosas: detenerse, estar en silencio, rezar, para no pasar de las prisas del trabajo a las de las vacaciones”
 
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“No anestesiemos la parte más profunda de nuestro ser”

Ángelus del Papa Francisco

 

El Papa dijo que esa  actitud del Señor “nos ayuda a comprender dos aspectos importantes de la vida”: el  descanso y la compasión.

 

Descanso y la compasión

Al recordar que el Señor invitó a los Apóstoles que regresaban de su misión a descansar un poco en un lugar tranquilo, Francisco se refirió a una valiosa enseñanza de Jesús que se preocupa no sólo de su cansancio físico, sino también del cansancio interior, puesto que – como dijo el Santo Padre – el Señor “quiere ponerlos en guardia contra un peligro que está siempre al acecho, también para nosotros:

 

No caer en la trampa del activismo

“Dejarse llevar por el frenesí del hacer, caer en la trampa del activismo, en el que lo más importante son los resultados que obtenemos y el sentirnos protagonistas absolutos”.

 

Descanso físico y del corazón

Tras exclamar cuántas veces también esto sucede en la Iglesia en que estando atareados, yendo deprisa, y pensando que todo depende de nosotros, francisco afirmó que “al final, corremos el riesgo de descuidar a Jesús”. A lo que añadió:

“No se trata sólo de descanso físico, sino también de descanso del corazón. Porque no basta “desconectar”, es necesario descansar de verdad. Y para hacerlo, es preciso regresar al corazón de las cosas: detenerse, estar en silencio, rezar, para no pasar de las prisas del trabajo a las de las vacaciones”.

 

Parar la carrera frenética de nuestras agendas

Después de recordar que Jesús “no se sustraía a las necesidades de la multitud, pero cada día, antes que nada, se retiraba en oración, en silencio, en la intimidad con el Padre”, explicó que de su invitación a descansar se deduce que deberíamos guardarnos “del eficientismo” y parar “la carrera frenética que dictan nuestras agendas”.

 

“Aprendamos a detenernos, a apagar el teléfono móvil para cultivar el silencio, a contemplar la naturaleza, a regenerarnos en el diálogo con Dios”.

 

La compasión

Por otra parte, teniendo en cuenta que el Evangelio de este domingo narra que Jesús y los discípulos no pudieron descansar como querían a causa de la gente, a la que el Señor les enseña, el Papa dijo que en este punto se observa el segundo aspecto que nos presenta y que “la compasión”. Y afirmó:

“De hecho, sólo el corazón que no se deja secuestrar por la prisa es capaz de conmoverse, es decir, de no dejarse llevar por sí mismo y por las cosas que tiene que hacer, y de darse cuenta de los demás, de sus heridas, de sus necesidades”.

 

La compasión nace de la contemplación

El Santo Padre también afirmó que “si aprendemos a descansar de verdad, nos hacemos capaces de compasión verdadera; si cultivamos una mirada contemplativa, llevaremos adelante nuestras actividades sin la actitud rapaz de quien quiere poseer y consumir todo; si nos mantenemos en contacto con el Señor y no anestesiamos la parte más profunda de nuestro ser, las cosas que hemos de hacer no tendrán el poder de dejarnos sin aliento y devorarnos”.

 

Ecología del corazón: descanso, contemplación y compasión

“Necesitamos una ‘ecología del corazón’ compuesta de descanso, contemplación y compasión. ¡Aprovechemos el tiempo estivo para ello! Y ahora, recemos a la Virgen, que cultivó el silencio, la oración y la contemplación, y que se conmueve siempre con ternura por nosotros, sus hijos”.