Papa Francisco

desde Roma
 
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El Papa agradece el “apostolado de la prevención” para cuidar a los menores

 
 
El Papa Francisco ha enviado un mensaje de apoyo y agradecimiento a todas las personas del Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor (CEPROME), en México.
 
Actualmente, del 1 de julio al 2 de agosto se celebra el curso de protección de menores “La prevención en la Iglesia Latinoamericana”, en la Universidad Pontificia de México, impartido por el Centro de Protección de Menores (CEPROME).
 
“Este curso es importante para que nadie abuse de ellos, nadie les impida llegar a Jesús”, expresa el Papa en un video de poco de más de tres minutos de duración. “Escuchemos otra vez la voz de Jesús: Dejen que vengan a mí, no impidan que los chicos vengan a mí. Cualquiera persona religioso, religiosa, laico, laica, obispo… cualquier persona que impida llegar a Jesús a un chico, tiene que ser detenido en sus actitudes, corregido, si estamos a tiempo, o castigado, si hay delito de por medio”.
 
El video mensaje fue publicado el pasado 17 de julio de 2019, en las redes sociales de la universidad, sede del curso organizado por el Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor (CEPROME), e impartido por el sacerdote Daniel Portillo, director del centro, y un grupo de especialistas.
 
Apostolado de la prevención
 
Francisco les ha animado a “prevenir para cuidar a los menores”, y ha hablado de un “apostolado de la prevención”. El Pontífice argentino relata que don Bosco “intuyó esto e instituyó un modo de actuar en la educación que se llamó sistema preventivo muy criticado por las épocas más iluministas de la educación pero que después nos dimos cuenta de que hubo un gran valor ahí”: “Sistema preventivo, prevenir”, ha pronunciado el Papa.
 
“Les agradezco que hayan venido a este curso, pongan lo mejor de ustedes. Les deseo éxito y les pido que recen por mí. Que Jesús los bendiga y la Virgen los cuide”.
 
El Centro de Protección de Menores, se propone ser un espacio de investigación y formación interdisciplinar que ayude a promover la protección de los menores, para lo cual ofrecerá, a las diócesis y congregaciones religiosas, la posibilidad de realizar un estudio especializado.
 
 
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Papa Francisco explica el mensaje actual de la parábola del buen samaritano

 
 
Papa Francisco reflexionó sobre el Evangelio de este domingo 14 de julio que nos presenta la “célebre parábola del buen samaritano” narrada en la Biblia por San Lucas. “Una de las más bellas”, expresó el Papa quien animó a cada uno a leerla con atención porque presenta “el modelo” de la vida cristiana.
 
De este modo, el Santo Padre recordó la actualidad de esta enseñanza de Jesús y animó a los fieles católicos a vivir también la compasión y la misericordia como lo hizo el protagonista de esta narración evangélica.
 
“El protagonista de la breve narración es un samaritano que encuentra a lo largo del camino un hombre robado y golpeado por ladrones y lo cuida”, explicó el Papa al recordar la parábola descrita en el Evangelio de San Lucas del capítulo 10.
 
En esta línea, el Pontífice señaló que en esta narración bíblica “un doctor de la ley le pregunta a Jesús ¿Qué se necesita para heredar la vida eterna?” por lo que Jesús “lo invita a encontrar la respuesta en las Escrituras: Amarás el Señor tu Dios con todo el corazón, con toda tu alma, con toda la fuerza y con toda tu mente, así como al prójimo como a ti mismo”.
 
Sin embargo, el Santo Padre destacó que existen “diferentes interpretaciones sobre quién era el ‘prójimo’. De hecho, aquel hombre pregunta de nuevo ¿Y quién es mi prójimo? A este punto, Jesús responde con la parábola que, gracias al evangelista Lucas, dejó una huella imborrable en la historia de la Iglesia y de la humanidad”.
 
En este sentido, el Papa explicó que “el protagonista de la breve narración es un samaritano que encuentra a lo largo del camino un hombre robado y golpeado por ladrones y lo cuida” por lo que añadió que “sabíamos que los judíos trataban con desprecio a los samaritanos, considerándolos extranjeros al pueblo elegido”.
 
“No es casualidad que Jesús elija precisamente a un samaritano como personaje positivo de la parábola. De este modo, quiere superar el prejuicio, mostrando que también un extranjero, incluso uno que no conoce al Dios verdadero y que no va a su templo, es capaz de comportarse según su voluntad, sintiendo compasión por el hermano necesitado y ayudándolo con todos sus medios a disposición”, afirmó el Papa.
 
Además, Francisco relató que la parábola indica que “por ese mismo camino, antes del samaritano, ya habían pasado un sacerdote y un levita, es decir, personas dedicadas al culto de Dios. Pero, viendo el pobre en el suelo, habían seguido adelante sin detenerse, probablemente para no contaminarse con su sangre”.
 
“Habían puesto antes la regla humana del culto al grande mandamiento de Dios, que quiere sobre todo la misericordia”, exclamó el Papa. Por eso, -añadió- Jesús “propone como modelo al samaritano, que amando al hermano como a sí mismo, demuestra amar a Dios con todo el corazón y con todas las fuerzas, y expresa al mismo tiempo una verdadera religiosidad y una plena humanidad”.
 
Después de haber narrado la parábola, el Santo Padre señaló que al finalizar de este pasaje bíblico “Jesús se dirige de nuevo al doctor de la ley quien le había preguntado: ¿Quién es mi prójimo? Y le dice: ¿Quién de estos tres te parece que ha sido el prójimo de aquel que cayó en las manos del ladrón?”.
 
Y de este modo, el Papa Francisco explicó que se invierte la pregunta respecto a la cuestión de su interlocutor “y también a la lógica de todos nosotros” porque “nos da a entender que no somos nosotros que, en base a nuestros criterios, definimos quién es el prójimo y quién no lo es, sino que es la persona en la situación de necesidad que debe poder reconocer quién es su prójimo, es decir, quien ha tenido compasión de él”.
 
“Esta conclusión indica que la misericordia ante una vida humana en estado de necesidad es el verdadero rostro del amor. Es así, que se convierte en verdaderos discípulos de Jesús y se manifiesta el rostro del Padre: ‘Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso.’ Es así que el mandamiento del amor de Dios y del prójimo se transforma en una única y coherente regla de vida”, aseguró el Pontífice.
 
Al finalizar su reflexión previa al rezo del Ángelus, el Santo Padre rezó para “que la Virgen María nos ayude a comprender y sobre todo a vivir siempre más el vínculo inseparable que existe entre el amor hacia Dios, nuestro Padre, y el amor concreto y generoso hacia nuestros hermanos”, concluyó.
 

 

La Eucaristía, Sacramento de su

Cuerpo y de su Sangre,

donados para la salvación del mundo

 
 
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
 
Hoy, en Italia y en otros países, celebramos la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, el Corpus Christi. El Evangelio nos presenta el episodio del milagro de los panes (cf. Lc 9,11-17) que tiene lugar a orillas del lago de Galilea. Jesús tiene la intención de hablar a miles de personas, llevando a cabo sanaciones. Al anochecer los discípulos se acercan al Señor y le dicen: “Despide a la gente para que vayan a descansar y buscar comida por las aldeas y los campos cercanos porque en este lugar no hay comida” (ver 12). También los discípulos estaban cansados. De hecho, estaban en un lugar aislado y la gente para comprar comida tenían que caminar ir a las aldeas.
 
Pero Jesús responde: “Ustedes mismos denles de comer” (v. 13). Estas palabras causan asombro a los discípulos, quizás se enojaron y le responden: “Sólo tenemos cinco panes y dos peces a menos que vayamos a comprar comida para toda esta gente” (ibíd.). En cambio Jesús invita a sus discípulos a hacer una verdadera conversión desde la lógica de “cada uno para sí mismo” a la del compartir, comenzando por lo poco que la Providencia nos pone a nuestra disposición. Y de inmediato muestra que tiene muy claro lo que quiere hacer.
 
Les dice: “Háganlos sentarse en grupos como de cincuenta, luego toma en sus manos los cinco panes y los dos peces, se dirige al Padre Celestial y pronuncia la oración de bendición. Entonces, comienza a partir los panes, a dividir los peces, y a dárselos a los discípulos, quienes los distribuyeron a la multitud. Y esa comida no termina, hasta que todos están satisfechos.
 
Este milagro –muy importante, hasta el punto de que lo cuentan todos los evangelistas– manifiesta el poder del Mesías y, al mismo tiempo, su compasión por la gente. Ese gesto prodigioso no sólo permanece como uno de los grandes signos de la vida pública de Jesús, sino que anticipa lo que será después, al final, el memorial de su sacrificio, es decir, la Eucaristía, sacramento de su Cuerpo, y de su Sangre donados para la salvación del mundo.
 
La Eucaristía es la síntesis de toda la existencia de Jesús, que fue un solo acto de amor al Padre y a sus hermanos. Allí también, como en el milagro de la multiplicación de los panes, Jesús tomó el pan en sus manos, elevó al Padre la oración de bendición, partió el pan y se lo dio a sus discípulos; y lo mismo hizo con el cáliz de vino. Pero en ese momento, en la víspera de su Pasión, quiso dejar en ese gesto del Testamento de la nueva y eterna Alianza, memorial perpetuo de su Pascua de la muerte, yresurrección.
 
La fiesta del Corpus Christi nos invita cada año a renovar nuestro asombro y la alegría ante este maravilloso don del Señor, que es la Eucaristía. Recibámoslo con gratitud, no de la manera. pasiva, habitual, no tenemos que acostumbrarnos a la Eucaristía y comunicarnos con costumbres, tenemos que renovar verdaderamente nuestro “amén” al Cuerpo de Cristo, cuando el sacerdote nos dice, el Cuerpo de Cristo, nosotros decimos “amén”, nos tiene que venir del corazón, es Jesús que nos ha salvado, es Jesús que viene a darme la fuerza, es Jesús vivo, pero no nos acostumbremos, cada vez como si fuera la Primera Comunión.
 
Una expresión de la fe eucarística del pueblo santo de Dios, son las procesiones con el Santísimo Sacramento, que en esta solemnidad tiene lugar en todas partes en la Iglesia Católica.
 
Esta noche, en el barrio romano de Casal Bertone, yo también celebraré la Misa, a la que seguirá la procesión. Invito a todos a participar, incluso espiritualmente, por radio y televisión.
 
Que la Virgen nos ayude a seguir con fe y amor a Jesús, a quien adoramos en la Eucaristía.